Vuelven masacres a Medellín
EN CUATRO MESES largos, en la ciudad hubo cinco masacres. "No nos rendiremos ante violentos", dice Felipe Palau, secretario de Gobierno.
A las 2 y 30 de la madrugada, los gritos resonaron por los pasillos del edificio. "¡Salgan o tumbamos la puerta!".
A tientas y en pijama, una mujer se levantó, llegó hasta la puerta y abrió.
"Entraron derecho hasta la habitación, de ahí sacaron a mi marido y se lo llevaron para el apartamento de la vecina. Después volvieron por mí y allá nos reunieron a todos (ocho personas)".
Eran dos hombres. Uno de piel blanca; el otro, muy moreno. El primero llevaba camisa negra, jean, y un chaleco antibalas de color verde, con las insignias de la Sijín, de la Policía, se lee en el expediente.
El segundo preguntó por "El Zarco". Como nadie respondía, pidieron documentos y, cédula por cédula, fueron confirmando a través de un celular las identidades.
Entonces decían: "positivo, sí les figura". "Se quedó callado y colgó. Después comenzó a dispararnos con una pistola, primero hacia una señora (se omiten nombres) y luego siguió con el marido de ella. Después conmigo. Yo cuando vi que él me iba a disparar me agaché y de ahí ya vi todo blanco, después desperté".
Es el escalofriante relato que reconstruye la Fiscalía de uno de los eventos más violentos que ha sacudido a Medellín este año.
Ocurrió el 30 de abril pasado, en el quinto piso del barrio Las Flores, del corregimiento de San Cristóbal.
En la sala del apartamento 505 quedó tendido Juan David Cortés Fernández, de 30 años, ya sin signos vitales. Cuatro personas más que quedaron heridas, fallecieron luego en el Hospital Pablo Tobón Uribe: Edwar Ríos Zapata, Gladys Elena Avendaño Rodríguez, Harnefer Pareja Zapata y Élber Jiménez Montoya.
A juicio de la Fiscal 216 de la Unidad de Vida, a éste último le decían "El Zarco". Era un joven de 30 años de edad, sindicado de ser el jefe del combo de "Las Flores". Esa por lo menos era la información con la que contaba la Sijín, de la Policía.
Por la masacre ya hay un hombre en la cárcel. Eduardo Alberto Murillo Mena, un moreno que se identificó ante el Juez como jardinero y trabajador de la construcción, fue acusado de haber disparado, a quemarropa, aquella noche.
El caso se irá a juicio, pues mientras que Murillo Mena (o "El Diablo", según la Fiscalía) no aceptó los cargos, el ente acusador dice tener pruebas suficientes para demostrar su responsabilidad.
La guerra que no acaba
Pero, ¿de dónde provienen este tipo de ataques? Una fiscal cuya labor es investigar homicidios asegura que las masacres que se han cometido en Medellín (este año van cinco) son acciones de terror que se dan en el marco de las venganzas entre bandas. "Parece obvio lo que acabo de decir, pero es que, ¡se están disputando la ciudad a nivel delincuencial!".
Los homicidios múltiples -argumenta la funcionaria- denotan "una mayor falta de escrúpulos por parte de los armados".
El 19 de abril pasado, una calle conocida como "El Desierto", en el barrio Santa Inés, de Manrique, fue escenario de una matanza propia de las guerras de narcotraficantes que se libran en México. Cuatro hombres fueron asesinados y uno más fue sacado del lugar.
"Con las masacres casi siempre llegan los desplazamientos y el desarraigo. Son actos para disuadir a un barrio completo. La banda de 'El Desierto', por ejemplo, es la única que queda al servicio de alias 'Valenciano' (Maximiliano Bonilla). Está en la mitad de todos lo grupos que se filaron a 'Sebastián' (Erickson Vargas)", dice la Fiscal.
Según datos del Instituto Nacional de Medicina Legal, al 30 de abril, en Medellín se cometieron 649 homicidios, 27 casos menos que en el mismo periodo del año pasado.
Lo que marca la disminución son los asesinatos de enero del 2010, el mes más violento de los últimos cinco años (239 casos). Febrero, marzo y abril de 2011, en cambio, han reportado más crímenes que sus meses correspondientes del año pasado.
"Pero no son solamente los homicidios. En seis casos que nosotros hemos documentado, contamos 47 heridos. Es decir, los muertos pudieron ser más", relata una fuente del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI), de la Fiscalía.
En ese orden, la ciudad registra, al terminar abril, 37 homicidios múltiples. (29 dobles, tres triples, tres cuádruples y dos quíntuples). Aquí no se cuentan los casos de desapariciones forzadas.
Frente a la percepción de inseguridad que han generado dichos actos, Felipe Palau, secretario de Gobierno de Medellín, dice que, en últimas, no puede ser "que unos pocos sujetos, con intereses criminales y mafiosos puedan más que una sociedad entera".
Palau insiste en que la comunidad "tiene que estar tranquila en que las instituciones civiles, de Policía y militares, están articuladas para contrarrestar dicha amenaza".
Más allá de las cifras, según el personero de Medellín, Jairo Herrán Vargas, el modo en que se ejecutan las masacres evidencia "un escalamiento del conflicto". Y agrega: "ya se sabe cuáles organizaciones están con 'Valenciano' y cuáles con 'Sebastián'. Hay unas, incluso, que se cambiaron de un lado para el otro y de ahí las venganzas", dice.
Hay suficientes policías y la Fiscalía ha dado resultados con capturas -dice-, pero "la situación de Derechos Humanos en Medellín hoy es más grave".
Guardadas las proporciones, la Fiscal consultada hace un parangón entre las masacres ocurridas en Medellín y las guerras medievales. "Es lo que hacen los combos en los barrios, con sus enemigos. Les invaden el territorio, los someten, les matan a sus líderes negativos para dejar un mensaje de terror. Hacen que sus familiares se vayan y luego se asientan ahí, a la fuerza".