Y mi circunstancia
Quinto domingo ordinario
"La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles". San Marcos, cap. 1.
Don José Ortega y Gasset, un pensador español, nos definió la persona humana de manera acertada y novedosa: "Yo soy yo y mi circunstancia". Porque cada situación nos condiciona, nos modifica, nos transforma.
Jesús viene a la tierra no solamente a redimir los espíritus, a salvar las almas. Llega a sanar todas las circunstancias en las cuales los hijos de Dios nos encontramos.
Un día el Maestro, quien ha estado durante la mañana en la sinagoga de Cafarnaum, se dirige a la casa de Simón, cuya suegra está en cama con fiebre. No especifica el evangelista el mal que la aqueja. Pero debió ser grave su enfermedad, pues conocemos la resistencia de las mamás ante los propios achaques.
Llega el Señor, acompañado de Santiago y de Juan, como en otras ocasiones importantes. Toma de la mano a la enferma y la cura. Ella se pone de inmediato a atender a los huéspedes.
Algunos han imaginado que la fe cristiana nos exige aislarnos dentro de una campana de cristal, donde nada ni nadie nos impida el encuentro con Dios. Nada más descabellado. Cuando Él se hizo hombre tomó para sí todo lo nuestro, todas nuestras circunstancias y comenzó a sanarlas. Una tarea que los creyentes hemos de continuar con la levadura del Evangelio.
Muchas cosas entonces que parecían lejanas del plan de Dios, cobran vigor y brillo ante esa presencia salvadora de Jesús, "nacido de mujer, nacido bajo la ley", como dice san Pablo. Así la familia, la economía, el arte, la ciencia, la tecnología. Igualmente el ocio, el deporte.
San Pablo en su carta a los filipenses nos dejó este hermoso párrafo: "Por lo demás hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y valor, tenedlo en cuenta? y el Dios de la paz estará con vosotros".
Pero ocurrió que una señora salió muy desconsolada de la misa dominical. La gente joven, por su parte, había quedado motivada y contenta. "En resumidas cuentas, decía la dama, el padre ya no cree en el pecado".
La visión griega del universo le ha hecho mucho mal al Evangelio. No todo en nuestro mundo es tan negativo y tenebroso. Cuando el libro de Job resalta la miseria de esta vida presente, sólo muestra una cara de la moneda. El pecado sí existe, pero no en la medida que tantos pesimistas ponderan.
Conviene verificar cómo se ha transformado el universo desde la venida de Cristo. Cómo avanza el Reino de Dios, sanando y embelleciendo todas nuestras circunstancias.
Valdría entonces una reedición de aquel Cántico de los tres jóvenes que leemos en el libro de Daniel: "Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor". Para incluir allí todas las maravillas del mundo contemporáneo. Y el amor, la verdad y la bondad que difunden por doquiera hombres y mujeres de buena voluntad.