Y “PA’ LAS GATAS BESO”
"Pa" los enemigos plomo y pa" las gatas beso. Déjale caer to" el peso". Con ese estribillo en reguetón pasé una noche del fin de semana.
En un edificio cercano a mi apartamento alguien hizo una fiesta. El cantante decía: "al que se nos vire con dos peines lo enderezo". Y mencionó a Héctor el bambino, a Cristóbal Colón y a alguien al que le darían un pasaje sin opción de regresar.
No fue la falta de poesía ni las palabras cortadas lo que empezó a desesperarme. Después de las 2 de la mañana, repitieron la canción. Una, dos, tres veces. Hasta perder la cuenta. Hasta aprendernos las estrofas y volverse insoportables.
Con los vestigios de calma que me quedaban en el cuerpo, llamé a la portería. Con el tono de quien ha explicado lo mismo a otros vecinos, el portero dijo que sabían dónde era la fiesta y la policía ya estaba en camino. La música sonó hasta las 6 y 30 de la mañana. Y con risas estruendosas de fondo.
A eso de las once, salí del apartamento y crucé la calle. Desde la puerta de sus almacenes y balcones, algunos vecinos miraban la escena: varios jóvenes vestidos como una banda de gangsters se despedían entre gritos, besaban a mujeres de shorts y gafas negras y anunciaban la próxima parada. Ahí estaban los de la fiesta.
El suceso terminó sin consecuencias fatales. Tal vez porque ocurrió en un sitio donde a la gente no le gustan los escándalos ni inmiscuirse en vida ajena. Pero no suele pasar lo mismo en otros barrios donde el ruido es constante y la paciencia es menor.
Esta semana se presentaron los "Indicadores de Cultura Ciudadana 2013 en Medellín". En este estudio realizado por Corpovisionarios, la convivencia entre vecinos ocupa un lugar importante.
El 45 por ciento de los encuestados dijo que algún vecino oyó música a un volumen excesivo o hizo mucho ruido en los últimos 12 meses.
La encuesta muestra que los problemas se acentúan en los estratos 1 y 2.
Llama la atención ver que ante una situación conflictiva como ruido excesivo, la indiferencia es dominante: el 63 por ciento de los entrevistados no hace nada y sólo el 6 por ciento llama a la autoridad, lo que nos ubica por debajo del promedio nacional que está en el 11 por ciento.
Aunque según el estudio, la gente en Medellín ha mejorado al reaccionar a esas situaciones y evita la violencia, la indiferencia frente a lo que ocurre con los vecinos y demás, es dominante.
Y esa indiferencia preocupa. Porque es la misma que lleva a tantos a no votar, participar, ni preocuparse por aquello que como ciudadanos nos une o afecta.