...y Tere venció la tragedia con amor
TRAS EL DRAMA en el río Cauca que le arrebató a su familia, esta madre transformó su dolor en una lección de vida para compartir con jóvenes y padres. Aferrada a Dios y a la Virgen le da cara a la depresión y quiere estudiar sicología.
La gente que supo de su drama, a veces, la mira como bicho raro, como si se sorprendiera de verla sobria, lúcida y casi todo el tiempo sonriente. Ella no se deja perturbar, pero a su paso escucha murmurar:
-Allá va la viuda, mirá como está de arreglada y entaconada.
-Eso fue que no se le dio nada o no quería a la familia.
Al verla así, radiante, con una sonrisa plena que desborda los linderos de su rostro, no deja de asombrar a quienes saben que es la misma mujer que hace 11 meses perdió lo más amado: su esposo y cinco hijos en un viaje sin retorno en la turbulencia del río Cauca. Con ellos también partieron otros cinco familiares y el conductor del microbús en que se dirigían a Buga a pagar una promesa.
La mirada adusta de aquellos días recuperó su brillo. Los largos silencios se fueron y su voz salió de casa para testimoniar valor en aulas de colegios, salones de reuniones, tertulias y emisoras del Oriente.
-¿Nada de "enyerbada", como decían? -Nunca tomé droga, me mandaron pastas para un golpe en una costilla, pero me dio vómito y no volví a tomarlas.
Lo que siguió cuando se fueron...
En lugar de repasar su duelo y ahogarse en soledad, Olga Teresita Ramírez Calle asumió el comienzo de otra vida y la abrió a cosas que no hacía: viajar. El primer destino fue Bogotá, donde reside una hermana, pero se aburrió y regresó pronto. Quito, Ecuador, fue el siguiente, y un programa de 20 días donde una hermana lo redujo a diez.
Un destino mayor fue Roma, en diciembre, por idea César Jairo, un sobrino que estudia para sacerdote en España, quien solo pudo persuadirla cuando le prometió llevarla a Venecia y a Turín, donde está el santuario que Don Bosco le hizo a María Auxiliadora.
Allá se encontró con las raíces de su educación salesiana, vivió una experiencia espiritual y le agradeció a María la nueva oportunidad de vida que le regaló. "Fue la que me salvó de las aguas del Cauca".
En las nevadas de Turín fortaleció su paz interior, que hoy comparte con jóvenes y padres de familia, a quienes les inculca el valor de persistir en la fe porque "nadie está preparado" para un golpe como el que tuvo. "Que los muchachos vean que hay cosas más duras en la vida, que por perder un noviazgo no se les acaba el mundo".
De su vivencia los exhorta a que "uno no debe tener ni orgullo ni odio ni rencor en el corazón", porque sacar esos tres males es abrir las puertas al amor, que "todo lo puede".
Y de ese sentimiento llenó el suyo para testimoniar valor en el dolor y una paz lejana a los humanos. "Me dicen porqué no reniego de Dios o del conductor. Les digo que ese era el día de él, los suegros, las tías, el esposo y los hijos. Ese día había que devolver ese préstamo".
Sin proponérselo, hoy es orientadora de jóvenes, tiene el reto de estudiar sicología y se convirtió en el lazarillo de su madre, María Dolores, en su vejez, y el apoyo para sus hermanos trabajadores.
Lola, la mamá, recuerda que (antes del accidente) le había dicho a Dios que necesitaba una beata, "una bien ligerita para que me acompañara".
-Yo le respondí que necesitaba una como yo, pero sin marido y tantos hijos. Y vea, sonríe Tere.