Yolanda no frena su carrera
La bogotana recuerda a su esposo y entrenador Fernando Rozo, quien falleció hace un par de semanas. Irá a Londres.
"Fernando fue una persona demasiado buena". En unos cuantos minutos de conversación, Yolanda Caballero repite siete veces la frase. "Era lo mejor de él".
Solo han pasado un par de semanas desde que Fernando Rozo acusó un dolor de cabeza. Cinco días más tarde, Yolanda perdió algo más que a su entrenador: el amor de su vida.
La bogotana, clasificada a los Juegos Olímpicos y dueña de la marca nacional de la maratón, vive los primeros días sin su esposo y entrenador, quien además de llevarla hasta Londres fue la cabeza de los marchistas Luis Fernando Lópezy Éider Arévalo.
"Esta relación era muy extraña. Fernando era una persona maravillosa, siempre con una buena cara, de muchos amigos, yo siempre fui la difícil, para equilibrarnos yo tenía que ser la mala. Por eso hicimos una buena pareja en la vida y en el entrenamiento", recuerda Yolanda.
La muerte los agarró desprevenidos. Yolanda lo llevó a urgencias un martes, tras una recaída, ese sábado, víctima de un infarto cerebral, murió en Bogotá. Su corazón gigante dejó de latir.
"Era de esos que llegaba en medias a la casa porque uno de los atletas le pedía los zapatos y él no era capaz de decir que no. Con decirle que hasta era fiador", sostiene su esposa, quien está próxima a cumplir los 30 años, y a quien Fernando consentía como una niña chiquita cuando hacía pataletas en la pista, o se lesionaba. "La trataba como una niña, la consentía demasiado", recuerda el periodista y amigo Julio César Sandoval.
Yolanda recuerda que Rozo era uno de los mejores entrenadores del mundo y nunca se le valoró, quiere que lo recuerden de una manera. "Fue un excelente papá. Le repito, fue una persona buena. Que a todos les quede claro".