Inicio

Los dueños de la casa de Pastor Restrepo, la más vieja de Medellín, se quedaron solos restaurándola

La quinta del fotógrafo Pastor Restrepo, construida en 1870, es una de las principales joyas patrimoniales de la ciudad. Sus propietarios quieren rescatarla, pero denuncian un calvario.

Loading...

Comunicador Social - Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. He trabajado para medios como Radio Bolivariana y El Tiempo. Hago parte del Área Metro e investigo temas de gobierno, política, salud, servicios públicos e historia. Creo en la importancia del periodismo para vigilar al poder.

hace 13 minutos

La quinta de Pastor Restrepo, la casa más vieja de Medellín, es para Carlos Restrepo como una novia conflictiva de la que está enamorado y con la que no puede romper.

Desde hace más de 37 años, este propietario explica que ha tenido que volverse a la fuerza una mezcla de arquitecto, abogado e historiador empírico para lidiar con los problemas de una joya arquitectónica que es uno de los últimos vestigios en pie de la Medellín del siglo XIX, cuando esta era todavía un pueblo de calles destapadas, sin luz eléctrica ni acueducto.

Pese a tomárselo con un poco de humor, Carlos no oculta los sentimientos encontrados que le genera esta construcción, que ya estaba en pie seis décadas antes de que se inaugurara la Catedral de Villanueva y 44 antes de que el ferrocarril llegara a la ciudad.

Le puede interesar: Las historias de 4 edificios olvidados que le dieron brillo a Medellín hace un siglo

Mientras, por un lado, ser uno de los dueños de esta centenaria mansión de tres pisos lo llena de orgullo y pasión, también ha pasado noches de angustia por procesos sancionatorios que le ha abierto la Alcaldía, peleas con inquilinos problemáticos que ha tenido que lidiar con la Policía y un reciente proceso de restauración en el que ha invertido cientos de millones de pesos y en el que siente que él y su familia se quedaron solos.

“El apellido de bien de interés cultural se vuelve una situación muy compleja para los propietarios, porque es una carga emocional y económica. La ayuda, que llega en una especie de subsidio por pagar menos servicios públicos o por tener una tarifa de predial menor, es mínima con lo que representa mantener la casa. Es muy difícil”, plantea.

Pese a que la histórica construcción ya está inscrita en un fondo especial de la Alcaldía con el que se apoya económicamente a bienes patrimoniales y tiene su licencia para la restauración al día, Restrepo sostiene que tras más de diez años de grandes esfuerzos económicos su familia ya se quedó sin recursos para seguir recuperando la casa y el camino para que esos apoyos oficiales dejen de ser una promesa de papel se proyecta muy lejano.

Una mansión de una Medellín que ya no existe

La quinta del fotógrafo Pastor Restrepo se construyó en 1870, cuando Villanueva era todavía un incipiente proyecto para construir un barrio elegante y exclusivo en el norte de Medellín.

Hasta finales del siglo XIX, el límite natural de la ciudad hacia el norte seguía siendo la quebrada Santa Elena. Lo que luego sería Villanueva se reducía a un gran terreno lleno de manga y algunos árboles, con un pequeño barrio de casas humildes y habitado por artesanos conocido como El Chumbimbo, ubicado entre las quebradas Santa Elena y La Loca.

El arquitecto e historiador Luis Fernando González Escobar apunta que el proyecto para construir lo que luego sería Villanueva se remonta a 1844, cuando, tras muchos años de ideas y planes, se concretó su trazado y se arrancó con la construcción de las primeras casas. Como muestra del esnobismo o la admiración por la arquitectura europea que tenía la élite de Medellín, el barrio planeaba llamarse Nuevo Londres.

Pese a que la iniciativa era liderada por caballeros prestantes del calado de Gabriel Echeverri, Evaristo Zea, Marcelino Restrepo y el inglés Tyrrel Moore, la conformación del nuevo barrio avanzó muy lentamente. Para 1869, González Escobar apunta que en los alrededores de lo que sería el Parque Bolívar tan solo había unas cinco casas, incluida la del inglés Moore, quien fue uno de los principales donantes de terrenos para la futura basílica que reemplazaría al tradicional iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria en la Plaza Mayor, ya considerada pequeña y poco digna para una ciudad como Medellín.

1870 fue un año clave, ya que fue cuando el parque central del nuevo barrio se bautizó como De Bolívar y, además, se aprobó finalmente construir allí la nueva catedral. Pese a que las obras de la gran basílica de ladrillo no se iniciarían hasta 1875, en 1870 el fotógrafo Pastor Restrepo levantó allí su casa en la esquina suroccidental, en el cruce de Caracas con Venezuela.

La quinta de tres pisos, construida en ladrillo, tapia y teja de barro, se convirtió de entrada en el primer gran referente arquitectónico del nuevo barrio, no solo por su tamaño, sino por la elegancia de su diseño de estilo inglés.

Además de su fachada, en su interior la mansión destacó por una gran escalera de madera de comino —que 156 años después sigue intacta—, pisos de madera y un amplio espacio con detalles como un baño de inmersión, una caballeriza y amplias habitaciones.

En sus investigaciones documentales, el profesor González acota que la admiración por la casa fue tal que incluso salió en una edición de la revista Colombia Ilustrada en 1890, como una de las edificaciones más representativas de la Medellín de entonces, acompañada solamente por el edificio de la Universidad de Antioquia. En su apogeo, la quinta rivalizó tal vez solo con la casa del médico Manuel Uribe Ángel, diseñada también por el arquitecto Juan Lalinde y ya demolida.

Otro testimonio del esplendor de aquellos días sobrevivió en la Urna Bicentenaria, realizada como parte de la conmemoración de los 200 años de Medellín. En esa cápsula del tiempo de 1875 se incluyeron varias fotografías del mismo Pastor Restrepo, en las que aparece su casa rodeada por un Parque de Bolívar que tiene sus árboles recién sembrados y en sus alrededores todavía muchas de las casas humildes del viejo barrio El Chumbimbo.

Le puede interesar: ¿La primera gentrificación en Medellín? El Chumbimbo, la historia del barrio que borraron del mapa

“La casa era un volumen de dos pisos, de planta cuadrada, cuyo primer piso estaba destinado a las áreas sociales —salones, biblioteca, sala y comedor— más las habitaciones de la servidumbre; el segundo piso, era para los espacios privados de las habitaciones; y, el tercer piso era el desván. Fuera del volumen estaba el patio con el baño de inmersión. Pero esta disposición fue variando con el tiempo, cuando se le adosaron nuevos espacios”, agrega González en su texto Arquitectura y contexto urbano de la casa de Pastor Restrepo Maya.

Dentro de esos nuevos espacios está una terraza que probablemente se construyó entre 1905 y 1909, cuando la casa pertenecía a Pedro Vásquez y Clara Restrepo. La estructura se construyó sobre la zona del jardín y cubrió un corredor ubicado en el costado oriental.

No obstante, las modificaciones más abruptas llegarían en la segunda mitad del siglo XX, cuando Villanueva empezó a ser absorbida por el agite comercial del Centro y los ricos salieron en desbandada del barrio. En el primer nivel de la casa se habilitaron varios locales comerciales que cercenaron en 1964 la ornamentada puerta principal, las ventanas del primer piso y en general todo ese antiguo primer nivel, que quedó limitado al acceso a la gran escalera de madera que conduce al segundo y tercer piso.

Estos cambios en la mansión los tuvo que investigar Carlos Restrepo, quien retoma su relato y explica que en medio del proceso de restauración, pero también de defensa ante varios procesos sancionatorios que le abrió la Alcaldía y la Nación, terminó empapándose de la historia de la propiedad.

Uno de los ejes de sus pesquisas fue por ejemplo averiguar quiénes habían sido los propietarios de la construcción, en una búsqueda en la que solo pudo escarbar documentalmente hasta 1917.

En esas averiguaciones, Restrepo señala que descubrieron que, en ese año, los propietarios eran María Josefa Restrepo de Restrepo y su esposo Federico Restrepo. En 1919, estos la vendieron a Enrique Echavarría y Alberto Echavarría por $37.000. Tras su muerte, la casa quedó a nombre de cinco herederos, quienes a partir de 1967 en adelante empezaron a negociar su participación con muchas otras personas y así fue como su familia llegó al lugar en 1989.

Un dato curioso que apunta Carlos es que en ese historial de propietarios se topó con por lo menos tres o cuatro que, al igual que él, llevan el apellido Restrepo, pero que no están emparentados entre sí ni tienen relación con el fotógrafo del siglo XIX.

El calvario de la casa

La llegada de la familia de Carlos a la casa de Pastor Restrepo está ligada al restaurante La Estancia, que por más de 45 años ocupó el patio de la quinta y fue uno de los más famosos del Centro, considerado como uno de los primeros “corrientazos” de Medellín.

El lugar era famoso por ofrecer desayunos desde las 6:00 de la mañana, luego almuerzos y en la noche convertirse en discoteca y bar, llegando en su momento de mayor apogeo a tener largas colas para ingresar. Aunque no sabe muy bien el año en que inició el restaurante, fue en 2016 cuando cerró.

“El dueño del restaurante fue el que nos vendió la casa a nosotros, en 1989. Él nos vendió la casa y se quedó como arrendatario”, señala.

Carlos explica que, por aquel año, su familia compró el inmueble más como una inversión, al estar ubicado en una zona estratégica del Centro.

“Cuando mi familia compró el inmueble en el 89 la figura del bien de interés cultural no estaba sobre la casa. Mi familia compró un local comercial”, apunta, señalando que por más de 20 años su inversión se vio correspondida por lo que recibían de arriendo.

En aquel año, en el primer piso ya estaban funcionando ocho locales comerciales, que habían tenido permiso de la Alcaldía desde 1964 para modificar el primer piso, poner cortinas metálicas en la fachada y redistribuir el espacio.

En el segundo y tercer piso funcionaba ya también un inquilinato, que operó hasta hace tres años.

Pese a que por más de 20 años la familia no tuvo mayores problemas, e incluso estuvieron cerca de vender la casa a la Alcaldía en 2015 —en un negocio que se cayó cuando el Municipio se embarcó en la costosa construcción de las primeras dos etapas de Parques del Río— su calvario empezó en 2016, el mismo año en el que cerró La Estancia.

Mientras a ese negocio la Alcaldía le abrió un proceso por temas sanitarios, a toda la propiedad en general el Municipio también empezó a revisarla con más rigor y se iniciaron varios procesos sancionatorios.

En 2017, el primero de ellos derivó en una multa de más de $221 millones por incumplir las normas urbanísticas y otro se abrió cuando un nuevo arrendatario del patio tomó el espacio que había dejado el restaurante y, sin consultar con los dueños ni con la Alcaldía, levantó una especie de pasaje comercial de 19 locales.

Al inquilinato, la Alcaldía también le abrió un proceso por violación de las normas sanitarias, al tiempo que empezó a enviarle citaciones a los propietarios por avisos puestos en la fachada, parasoles y hasta las mismas modificaciones estructurales que ya había sufrido el edificio antes de 1989.

Las multas que preparaba la Alcaldía y el Ministerio de Cultura —también doliente del espacio por estar ubicado en la zona de influencia de la Catedral Metropolitana, catalogada como monumento nacional– sumaban más de $1.000 millones. Sin embargo, Carlos logró defenderse con un equipo de abogados que demostraron que la mayor parte de las modificaciones eran previas a su compra de la casa y antes de que esta fuera patrimonio, logrando salvarse de la sanción.

Carlos es autocrítico con la situación, pero considera injusto que tantos procesos se le hubieran venido encima a su familia por situaciones que muchas veces eran responsabilidad de los arrendatarios y que ellos hacían sin pedir permiso.

“Nosotros nos dimos cuenta de que teníamos un tesoro y lo teníamos descuidado. Nos dimos cuenta de que debió haber más atención por parte de nosotros, pero también de la administración, porque es que tampoco es normal que el único lenguaje que tenga el gobierno local es citarnos a inspecciones de Policía a sancionar”, dice.

“A mí nunca se han acercado a decirme ‘Carlos, aquí hay un problema, creo que lo tenemos que solucionar y estas son las posibilidades’. ¿Por qué me llaman a una inspección de Policía porque un cliente mío tiene un aviso de neón poniendo ‘Ejecutivo a $15.000”. ¿No es más fácil decirle al cliente cuál es la norma y por qué no puede poner el aviso? Pero entonces dejan acumular situaciones y el único lenguaje de la administración con mi familia y mi casa ha sido notificaciones de la inspección de Policía”, anota.

Tras ese proceso, la familia comenzó a invertirle a la restauración de la casa. Con la Alcaldía firmaron un convenio en el que el Distrito los eximía del 80% del pago del impuesto predial, a cambio de hacer varias tareas de protección. Sin embargo, la familia sostiene que en esas labores, que incluyeron múltiples estudios y la gestión de una licencia, se fue mucho más dinero que el descontado por el beneficio tributario.

En los últimos diez años, se rodearon de arquitectos restauradores que recuperaron los dos últimos pisos, modificados irregularmente por el inquilinato con varias divisiones que les permitían tener más habitaciones para el arriendo.

La casa también fue inscrita en el fondo de Transferencia de Derechos de Construcción y Desarrollo Patrimonial del POT, pero por regulaciones del Distrito este fondo solamente está priorizado para el barrio Prado, lo que ha dejado sola a la familia en esos trabajos de restauración.

En sus averiguaciones con expertos empapados del tema, Carlos señala que los tiempos darían para que en 30 años llegaran apoyos para restaurar la casa, un absurdo si se tiene en cuenta que la licencia de la misma ya se vence en dos años.

Para conocer esta situación, EL COLOMBIANO consultó con la Agencia APP, entidad de la Alcaldía encargada de gestionar el patrimonio, desde donde señalaron que se están examinando alternativas.

“En algún momento la casa de Pastor Restrepo solicitó compensación por transferencia por derechos de construcción, sin embargo no se pudo compensar porque el decreto que en este momento rige ese beneficio no permite compensar bienes por fuera de Prado. Desde el Distrito se está analizando la posibilidad de ampliar ese instrumento, porque ese podría ser un instrumento muy potente para la conservación de la casa de Pastor Restrepo”, dijo Henderson Alberto López Orozco, arquitecto líder del Área de Patrimonio de la Agencia APP.

Carlos señala que, aunque la familia ha hecho todo lo posible por seguir con la restauración por cuenta propia, la etapa más importante que sigue en esa tarea es la recuperación de las maderas originales del segundo y el tercer piso, una tarea muy costosa, sobre todo por requerir maestros en madera altamente especializados.

Aunque Carlos quiere que la casa vuelva a brillar y acepta que hubo errores por corregir, señala no entender por qué el Estado sí aparece para sancionar en nombre del patrimonio, pero cuando se trata de sumar esfuerzos para restaurarlo los procesos son lentos, complejos y casi imposibles.

“El interés por ahora es mantener la casa, pero si aparece alguien apasionado por el patrimonio que quiera encargarse de ocuparla para restaurarla, decidiríamos si nos la quedamos o la vendemos”, dice. “Yo creo que mi casa es una novia conflictiva, pero de la que estoy enamorado y no puedo terminar con ella”, resume.