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Se vienen seis meses de carestía en alimentos, energía y gas

El fenómeno de El Niño, el encarecimiento del gas importado y los ajustes salariales amenazan con prolongar el costo de vida y limitar el consumo familiar.

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Comunicador Social y Periodista. Reportero en las regiones. Escribo sobre microeconomía y macroeconomía. Disfruto el café, la cerveza artesanal y el rock.

hace 13 minutos

Luego de alcanzar un pico de inflación del 13,34% en marzo, en medio de los efectos de la pandemia, el bolsillo de los hogares colombianos comenzó a respirar con la moderación gradual del aumento de los precios, ya que el dato alcanzó a rondar el 5%. Sin embargo, este año los ciudadanos se han vuelto a ‘apretar el cinturón. Los expertos apuntan a que la carestía empeorará en los próximos seis meses: la inflación escalaría y hasta podría superar el 7%. Detrás de esa presión estarían los mayores costos de los alimentos, el gas, la energía y otros bienes y servicios, impulsados por varios factores que aquí le explicaremos con ‘plastilina’.

Cabe destacar que el impacto no se limitaría a los recibos de los servicios públicos ni al mercado de alimentos. Los ajustes de los arriendos, los incrementos salariales y los posibles cambios en los precios de los combustibles también podrían dificultar una reducción rápida de la inflación, con efectos sobre el consumo, el crédito y la inversión.

Los analistas advirtieron una y otra vez que las nuevas presiones sobre los costos energéticos, agrícolas y logísticos amenazan con revertir parte de la moderación que se vieron en los precios. El conflicto en Oriente Medio y el fenómeno de El Niño figuran entre los factores que podrían encarecer la energía, la producción agrícola y el transporte. A esto se suman las presiones derivadas de los ajustes salariales y los arriendos, cuyos incrementos están relacionados, en parte, con la inflación pasada.

Sin embargo, los analistas creen que los precios empezarían a moderarse gradualmente hasta 5,4% al cierre de 2027 y 4,1% en 2028. Pero para que eso ocurra, la economía necesita que el dólar siga bajando, que haya un incremento del salario mínimo moderado, una economía más apoyada en la producción y la inversión, y que el consumo de los hogares esté más equilibrado. Esto último porque cuando las personas gastan menos, los negocios tienen menos oportunidades de subir los precios, ya que podrían perder clientes.

Seis meses fuertes

José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia, advierte que el fenómeno de El Niño profundizaría las presiones sobre los precios de los alimentos perecederos y los servicios públicos regulados.

Según su análisis, cerca de la mitad de las presiones inflacionarias recientes proviene de los servicios, incluidos aquellos cuyos precios se ajustan anualmente con base en la inflación pasada y el salario mínimo (como el arriendo de viviendas). Otro 20% corresponde a los precios regulados, impulsados por incrementos en la energía y, en algunos meses, el gas.

Mojica considera que la combinación de estos factores con las afectaciones climáticas podría llevar la inflación a 6,7% al cierre de 2026. El mayor registro se presentaría en marzo o abril de 2027, cuando podría alcanzar el 7,3%. Un comportamiento que coincide con el estimado por los experto de BBVA, pero con la diferencia que estos últimos proyectan un dato más alto: 7% a final de este año.

Ambos equipos económicos esperan que luego empezaría una desaceleración gradual (los precios se moderarían), hasta llegar a cerca del 5,5% al finalizar 2027.

Por su parte, Bancolombia proyecta que un fenómeno de El Niño severo podría sumar entre 0,7 y 1,9 puntos porcentuales a la inflación anual. El efecto se transmitiría principalmente por dos vías: la reducción de la producción agrícola por la sequía y el aumento de las tarifas de energía eléctrica y gas natural.

El impacto dependerá de la intensidad y duración del fenómeno climático, así como de su efecto sobre la producción y los costos de los servicios públicos.

¿Por qué subiría la energía?

La sequía ocasionada por el fenómeno de El Niño reduce el agua disponible en los embalses y limita la generación de energía en plantas hidroeléctricas. Ante esa situación, el sistema debe recurrir en mayor medida a las plantas termoeléctricas, que utilizan combustibles y tienen costos de generación más altos para que las familias sigan contando con luz en sus hogares.

La matriz eléctrica colombiana (el conjunto de fuentes que utiliza un país para producir la electricidad) depende en un 61% de la energía hidráulica (la que se produce con agua), que aporta habitualmente el 82% de la electricidad. Al mismo tiempo, la demanda de energía está creciendo a un ritmo anual de 5,8%, por encima del promedio histórico de 3,8%, algo que sucede, en parte, porque sube el calor y se prenden más ventiladores y aires acondicionados.

Según Bancolombia, Colombia tendría disponible suficiente electricidad para generar 232 gigavatios-hora al día, pero el país necesitaría unos 237 para cubrir la demanda promedio esperada. Esto significa que la capacidad disponible estaría por debajo de lo que se necesita para atender el consumo de electricidad.

En periodos de sequía severa, el precio de oferta de la generación hidráulica puede encarecerse y elevar el valor de la electricidad negociada en bolsa, que ha superado los $2.000 por kilovatio-hora (kWh).

De hecho, el efecto ya se refleja en las tarifas. El precio promedio de la energía para los usuarios pasó de aproximadamente $622 por kWh en 2021 a cerca de $880 a mediados de 2026. En regiones especialmente vulnerables, como el Caribe, las tarifas han superado los $1.000 por kWh.

Juan David Ballén, director de Estudios Económicos de Aval Asset Management, también cree que las presiones podrían prolongarse hasta el primer trimestre de 2027 (enero - abril): “En esas fechas los niveles de los embalses suelen alcanzar sus puntos más bajos, aumentando la necesidad de recurrir a generación termoeléctrica, que es más costosa que la hidráulica y podría generar presiones adicionales sobre las tarifas de energía”.

El gas también se dispara

No es un secreto que la caída de la producción nacional está aumentando la necesidad de importar gas, una alternativa más costosa que podría presionar las tarifas domiciliarias y los costos de generación eléctrica, más en plena ola de calor, cuando requiere más gas para la generación de energía en plantas térmicas.

Un análisis de Bancolombia deja ver la crisis por la que atraviesa dicho combustible en Colombia: la producción nacional de gas cayó 17,4% anual y acumula una contracción de 27% en los últimos 18 meses. Para cubrir la demanda, el gas importado ya representa el 26,8% de la oferta total (enero - julio de 2026) y más del 75% del combustible utilizado por las plantas termoeléctricas.

La cuestión es que diferencia de costos es considerable: en julio el gas importado cotizaba alrededor de US$15,9 por millón de unidades térmicas británicas (MBTU), aproximadamente el doble de los US$7,9 que cuesta el gas producido en el país.

Ese encarecimiento podría trasladarse a los usuarios. Las tarifas domiciliarias de gas natural en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali han aumentado hasta ubicarse cerca o por encima de los $3.000 por metro cúbico.

Eso no es todo, si los nuevos proyectos de regasificación no entran en funcionamiento a tiempo, se proyecta un faltante promedio de 110 gigavatios-hora diarios de gas (GBTUD), con picos de hasta 192 GBTUD, entre marzo de 2027 y febrero de 2028. En ese escenario, las empresas industriales podrían sufrir recortes de hasta el 52,8% de su consumo habitual de gas.

Estará más caro mercar

Lo habitual es que para fin de año los alimentos estén más caros a raíz de las fiestas decembrinas, pero este año habría una presión adicional. Incluso, los alimentos perecederos, como la carne, los vegetales y las frutas, serían uno de los componentes más expuestos a las alteraciones climáticas, debido a que la reducción de las lluvias puede limitar la producción agrícola y generar dificultades en el abastecimiento.

Investigaciones Económicas de Banco de Bogotá advierte que la inflación de alimentos, actualmente en 6,7% (septiembre), podría acercarse al 11% a comienzos de 2027 por los efectos de El Niño. El análisis también menciona dificultades logísticas y mayores costos de los insumos y el transporte.

El encarecimiento de estos productos obligaría a las familias a destinar una mayor proporción de sus ingresos a bienes esenciales, lo que reduciría el dinero disponible para comprar otros productos y servicios.

La proyección contempla un choque temporal concentrado en el primer semestre de 2027. Con la normalización del clima durante la segunda mitad de ese año y en 2028, la oferta agrícola podría recuperarse y las presiones sobre los precios disminuirían.

A corte de septiembre de este año ya se han visto algunos efectos, por ejemplo, echarle papa al caldo está muy caro. Ese tubérculo se ha encarecido un 67,7% este año y un 78,28% en los últimos 12 meses, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).

Y la carne no se queda atrás, el precio de la proteína de res y derivados en septiembre de 2026 fue 14,22% más alto que en septiembre de 2025, un dato que está por encima del dato promedio de inflación (6,29% para ese mismo mes).

Salario, arriendo y combustibles

El aumento del salario mínimo para 2027 será otro factor determinante para el costo de vida, debido a su relación con los precios de algunos servicios y con los ajustes salariales que realizan las empresas.

Los experto consultados de Banco de Bogotá plantean que, con una inflación proyectada de 6,8% para el cierre de 2026 y una productividad laboral de 1,2%, el incremento técnico del salario mínimo sería de 8%. En ese escenario, el monto mensual, sin auxilio de transporte, pasaría de $1.750.950 a $1.890.997.

Sin embargo, los analistas consideran más probable un aumento de 8,5%, que llevaría el salario mínimo a $1.900.000. El análisis advierte que un incremento de dos dígitos podría dificultar la reducción de la inflación y obligar al Banco de la República a mantener tasas de interés elevadas durante más tiempo.

Los arriendos también ejercerían presión sobre el presupuesto de los hogares. Sus reajustes están relacionados con la inflación registrada previamente, por lo que el mayor aumento de los precios durante 2026 podría traducirse en incrementos superiores a los de este año.

A estas presiones se suman los posibles ajustes de la gasolina y el diésel. Para Juan David Ballén, director de Estudios Económicos y de Mercado de Aval Asset Management, los precios internos de estos combustibles están por debajo de sus referencias internacionales, que han aumentado por el conflicto en Oriente Medio. Esta diferencia genera presiones sobre el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y plantea el riesgo de nuevos aumentos internos.

Tasas altas

Las proyecciones de las entidades consultadas coinciden en que las presiones podrían mantenerse durante buena parte de 2027, aunque difieren en la magnitud de la inflación esperada.

BBVA proyecta que la inflación cerrará 2027 en 5,4%, mientras que Bancolombia estima que podría terminar en 5,5%. Aval Asset Management prevé una reducción más lenta y calcula que el indicador cerraría ese año alrededor del 6%. En cualquier escenario, el dato todavía se ubicaría por encima de la meta del 3% del Banco de la República.

El costo del crédito también seguiría elevado. BBVA prevé que el Banco de la República mantenga su tasa de intervención en 12% hasta el tramo final de 2027, cuando iniciaría recortes para cerrar el año en 11,25% y llegar a 8,25% en 2028.

Banco de Bogotá en cambio, estima que la tasa podría permanecer en 12,50% entre octubre de 2026 y junio de 2027, antes de que se reanude el ciclo de reducciones, siempre que se cumpla su escenario de inflación y ajuste salarial.

En cualquier caso, una inflación persistente dificultaría el abaratamiento de los préstamos para los hogares y las empresas. Esto podría limitar el consumo y retrasar la recuperación de la inversión.