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Wout Van Aert “relegó” de nuevo a Pogacar en el velódromo y ganó la París-Roubaix 2026

El ciclista belga consiguió su primer título en la competencia, considerada la más difícil del mundo por los expertos en ciclismo.

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Periodista de la Universidad de Antioquia con énfasis en periodismo narrativo. En El Colombiano cubro deportes. He sido enviado especial a partidos de la Selección Colombia en Barranquilla. También a eventos de ciclismo como el Clásico RCN, Tour Colombia, Giro de Rigo, partidos de tenis, carreras de atletismo, natación, gimnasia, tiro con arco. He cubierto 7 finales del fútbol colombiano (6 in situ) y el Mundial de Qatar. Sigo la actualidad del DIM, Nacional y deportes del ciclo olímpico. Hago perfiles de deportistas. Presentador de El Debutante y realizador para redes sociales. Tuve un paso por el equipo digital: escribí breaking news.Trabajé en el programa Ángulo Deportivo de la emisora cultural de la UdeA. Escribí para La Oreja Roja y La Cola de Rata sobre migración, política internacional, economía y deportes. Fui voluntario de la Revista Arcadia en 2018. Produje y edité un podcast en serie llamado Duplas. Lector, salsómano y amante de sufrir en bici.

12 de abril de 2026

Intentó muchas veces conquistar “el infierno” y por fin lo logró. Había visto cómo se le escapaba, en los últimos metros del velódromo de Roubaix, al norte de Francia, la posibilidad de entrar a la historia. En la edición de 2022 fue segundo. En 2023 tercero. Este año, después de pasar los adoquines más incómodos del ciclismo mundial, el belga Wout Van Aert por fin alcanzó el título que tanto soñó en su condición de clasicómano: La París-Roubaix.

Por eso el llanto desconsolado después de cruzar la meta, cuando se abrazó con un miembro del staff del Visma Lease a Bike, su equipo, en la parte de afuera del velódromo. Alcanzar uno de los sueños más grandes de su carrera como deportista de alto rendimiento fue el motivo por el cual Wout sonrió como un niño al que por fin le dan el dulce que quiere, cuando su esposa e hijos se acercaron a él.

Ganar la París-Roubaix no es fácil. Esta es una de las clásicas más difíciles del mundo. La mayor parte de su recorrido es por terreno adoquinado, embarrado en las zonas donde cae lluvia, o lleno de polvo en los lugares que se mantienen secos. Los ciclistas, por lo general, cruzan la meta “vueltos nada”.

¿Cómo fue la victoria de Van Aert?

Además, esta carrera tiene mística: el final con dos vueltas en el velódromo donde Wout, después de acechar en todo los últimos kilómetros a Tadej Pogacar, hizo lo que los velocistas suelen hacer: esperó a su rival, que lo venía midiendo con algo de temor, se descuidara para lanzar el zarpazo.

Lo hizo y ganó de manera holgada. Cruzó la meta con algunos metros –no muchos–, de diferencia respecto a Pogacar, el vigente campeón de casi todo (Mundial de Ciclismo, Tour de Francia, Giro de Italia, etcétera, etcétera), que de nuevo se quedó en la segunda casilla en la París-Roubaix como le pasó en 2025 contra Mathieu van del Poel.

Después de la celebración, y de tocar la tradicional campana de bronces que solo el ganador puede hacer sonar en el velódromo de Roubaix, el ciclista belga se fue a dar un baño con agua fría en las típicas duchas del velódromo, con lo que se cierra el “rito” de quien conquista “el infierno del Norte”.