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Ataque a escuela, el peor en guerra siria

28 de octubre de 2016

Lo que faltaba para que el conflicto sirio terminara de descomponerse sucedió el miércoles. En la provincia del Idlib, el principal bastión de la oposición en ese país, un ataque aéreo de las fuerzas rusas a una escuela dejó muertos a 22 niños y a sus seis maestros

El hecho, que la Agencia de las Naciones Unidas para la Infancia calificó como “una atrocidad” y como un posible “crimen de guerra”, es el peor vejamen contra una infraestructura educativa desde el inicio de la guerra en Siria, hace ya seis años.

Aunque 28 es la cifra oficial, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, y la Defensa Civil siria, con un equipo de rescatistas, dan cuenta de 35 muertos, de menores que estaban reunidos en el patio exterior de su institución, cuando los bombardearon.

“¿Cuándo se verá igualada la repulsión del mundo ante semejante barbarie por la insistencia de que esto debe parar?”, preguntó en un comunicado el director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake.

Y es que en 2015, por ejemplo, Unicef verificó casi 1.500 casos de vejámenes contra niños, entre los que había asesinatos (500), mutilación (500), reclutamiento y utilización de menores por las partes del conflicto, secuestro, detención, ataques contra escuelas (60) y hospitales y denegación del acceso humanitario.

“Estos niños han alcanzado la mayoría de edad en un tiempo de guerra. Ellos serán llamados a reconstruir su país, pero que no están siendo preparados para hacerlo”, alerta Christy Delafield, líder de Mercy Corps, una de las pocas organizaciones que ha podido hacer presencia en ese país.

Según dice ella, Siria era un país que realmente valoraba la educación. De hecho, continúa, la generación de los padres de los niños que hoy están siendo asesinados o reclutados “se compone de brillantes doctores, ingenieros, farmacéuticos y abogados, pero estos niños no tienen ninguna de esas oportunidades”.

Como ella misma ha escuchado la petición de esos menores de que quieren regresar a casa, la solución que Delafield propone es invertir en ellos, para que puedan hacer el trabajo duro de la reconstrucción de ese país.