Trump y Biden empiezan a recorrer recta final de carrera por la Casa Blanca.
Tengo la maleta siempre hecha y mi brújula, que por lo general apunta al sur, me trajo al periodismo para aclarar mi voz. Busco la pluralidad y no le temo a la diferencia.
Cabeza a cabeza. Ese parece ser el escenario electoral en Estados Unidos, donde con el término de las convenciones partidistas, se dio el pitazo inicial a la campaña por la presidencia, que tendrá su próximo episodio el 29 de septiembre, con el primer debate que, según el cronograma propuesto, tendrá lugar en la Universidad de Notre Dame en Indiana.
Sondeos preliminares compilados por el portal de análisis RealClearPolitics ubican a Joe Biden, candidato demócrata, como el favorito inicial, con una intención de voto del 49,6 %, apenas levemente por encima del 42,5 % que el presidente y candidato republicano Donald Trump alcanza. Una diferencia tan pequeña y en medio de un escenario tan cambiante a raíz de la crisis por la covid-19, que deja abierta cualquier posibilidad.
Desde ahora, todos los ojos estarán puestos en los Estados denominados battlegrounds, o decisivos, que son Arizona, Carolina del Norte, Florida, Michigan, Pensilvania y Wisconsin; cuyos ciudadanos deberán decidir entre proyectos de país diametralmente opuestos, con un ingrediente adicional: la usual pero creciente polarización, con elementos que hace varios años no se incluían en el discurso político.
Así lo explica el investigador del Observatorio de Sistemas Internacionales de la Universidad Externado, David Castrillón, quien enfatiza que “el lenguaje divisor ha sido utilizado de lado y lado. Por la parte demócrata, recordemos que Michelle Obama dijo en la convención del partido que era muy probable que Trump se robara la elección y que Hillary Clinton le dijo a Biden que no fuera a conceder la victoria a su contrincante bajo ninguna circunstancia, en ese mismo sentido de la expectativa de fraude electoral”.
Mientras que del lado republicano, agrega, “se encendió el discurso del socialismo, que en la contienda de hace cuatro años no estuvo presente. Ahora, discurso tras discurso se habló de marxistas, de anarquistas, de socialistas que quieren usurpar los valores estadounidenses y eso encaja perfectamente con las protestas antirracistas de días recientes. El discurso de Trump es muy efectivo en los públicos claves para su elección, haciendo uso, por ejemplo, del miedo a los migrantes, que fue un factor decisivo para que él ganara en Estados como Arizona en 2016”.
Trump: su gestión, a la vista
A este punto de la competencia por permanecer en la Oficina Oval, el presidente Donald Trump cuenta con una ventaja que los expertos consultados por EL COLOMBIANO coinciden en reconocer: tiene cuatro años de resultados, bien sea positivos o no tanto, para que la gente lo evalúe.
Castrillón lo pone en sus propias palabras: “Este es un Trump que tiene resultados que mostrar y que precisamente está enviando el mensaje de que necesita cuatro años más para que EE. UU. se mantenga grande. Lo que vimos en la convención es que como presidente sí ha hecho mucho, en la política exterior hacia Israel, en temas de migración, en asuntos comerciales. Y cualquier presidente en Estados Unidos que se lance a la reelección siempre tiene esa ventaja”.
En ello coincide Cristian Rojas, director de Ciencias Políticas de la Universidad de la Sabana, quien considera que “el gran punto fuerte de Trump es el resultado que tuvo en meses anteriores y que podría recuperar ahora”.
Considera el académico que un factor que le ha valido críticas, puede estarse matizando: “La pandemia tiende a ceder en todos los países, salvo excepciones de rebrotes, como el que ocurre en España, pero tendría que empezar a ceder también en la mentalidad de las personas, porque la gente se acostumbra a su dinámica. Entonces eso puede mejorar los números de Trump, pero también, que se vaya generando empleo y crecimiento. Desde mayo está teniendo de nuevo cifras favorables en ese campo, o sea, la generación de empleo ha estado por encima siempre de las expectativas y si esto sigue así, las medidas que ha tomado van a seguir mostrando recuperación, algo que resulta muy positivo para la campaña”.
Mientras que Mauricio Jaramillo, profesor asociado de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, puntualiza que “el crecimiento económico pre covid, sin duda alguna es en lo que Trump va a seguir insistiendo, va a mostrar las cifras y va a decir que si no hubiera habido pandemia, el país estaría bien, que la covid-19 se tiene que ir y que con él se puede volver a recuperar la economía”.
Sin embargo, el lenguaje agresivo y el discurso directo, con el que el mandatario candidato se desmarca de lo políticamente correcto y que le ha hecho ganar simpatías entre el ala republicana más radical, puede convertirse en una de sus flaquezas.
Jaramillo califica esto como una “torpeza”, puesto que “por ejemplo, haber tomado distancia frente a la ciencia, en medio de una crisis mayúscula de salud pública, con la gente joven le va a valer muchísimos problemas y además, el discurso racial sí me parece que va a hacer que masivamente la gente termine por apoyar a Joe Biden”.
Rojas, de otro lado, considera que “los puntos débiles de Trump están por verse”, pero coincide con que estarán relacionados con “los resultados que demuestre, tanto en el manejo de la pandemia, como en el fortalecimiento de la economía” y agrega que “muy probablemente los debates van a terminar por favorecerlo”.
Justo en ese aspecto, Castrillón señala que es cierto que el presidente ha demostrado ser un buen orador y que frente a Biden podría llegar a quedar como un bully (abusador), sin embargo “lo importante no es solo la manera en la que de dicen las cosas, sino el fondo de lo que se expresa”. Mientras Jaramillo concluye que “si bien Maryanne Trump, su hermana, lo tilda de mentiroso, quien vaya a votar por él y crea que no dice mentiras es excesivamente ingenuo”.
Biden: “40 años de errores”
Bajo una idea de cambio, pero criticado por hacer parte del establecimiento demócrata, Joe Biden llega a la contienda electoral como un experimentado político. Esa característica es la primera que destaca Castrillón aunque, advierte, también puede convertirse en su talón de Aquiles.
“Él llega a este punto con cerca de 40 años como político y ahí se podría decir que tiene cuatro décadas de pecados y cuatro décadas de fracasos. Eso fue algo que el Partido Republicano trató de pintar en su Convención, ¿por qué volver a darle chance a un político fallido, que en vez de hacer bien ha hecho mucho mal con, por ejemplo, la criminalización de temas de drogas? Biden carga consigo con esa experiencia que los republicanos ven como su más grande debilidad”, explica.
Jaramillo, a su turno, pone la mirada sobre el mensaje de unidad que representa Biden, particularmente “posicionándose como el candidato del consenso en medio de un momento crítico en Estados Unidos por causa de la pandemia y sus consecuencias económicas. Ese discurso de la moderación es su principal activo”, dice y añade que “el hecho de aparecer a ojos de mucha gente como un candidato mucho más responsable que Donald Trump también es una gran ventaja: su postura frente a la covid y las medidas de bioseguridad, le harán ganar adeptos”.
Pero, advierte, “no es un candidato necesariamente muy conocido y esto es muy importante. Estados Unidos es un país muy grande y por eso quien ya está en la Casa Blanca tiene la ventaja. En el caso de Biden, a pesar de todo su recorrido y de su cercanía con Barack Obama, muchos estadounidenses no saben quién es”.
Rojas, concluyendo, afirma categóricamente que “para el caso de Biden, sus propias fortalezas son irrelevantes”. Esto, porque “sus puntos fuertes siempre van a depender de las debilidades de Trump. Hoy Biden gana en las encuestas, pero él sabe que con cada día que pasa, se complica su elección. Al Partido Demócrata le conviene que Biden no se exponga públicamente, pero esta situación no podrá mantenerse en los próximos meses. Si las cifras de Trump mejoran y si Biden se expone en los debates a enfrentarse al presidente, probablemente no sea el mejor escenario para él”.
De momento, se mantiene el 3 de noviembre como la fecha en que se abrirán las urnas, pese que Trump viene intentando aplazar la cita democrática, señalando los riesgos de un proceso electoral que tendría que hacerse por correo ante la realidad del coronavirus. Castrillón, sin embargo, cree que detrás hay una estrategia para ganar tiempo y lograr el desarrollo acelerado de una vacuna. “Eso desequilibraría la balanza definitivamente”, anticipa. Y sería la más fuerte estocada que el magnate de Mar-a-lago podría atestar para granjearse dos victorias: asegurarse en el poder y menguar las críticas que hoy llueven sobre su liderazgo .