Estados Unidos

Los poderes se reacomodan en el mundo de Donald Trump

En 2017 las hegemonías se invierten, regiones como A. Latina se opacan y EE. UU., Rusia y China lideran.

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08 de enero de 2017

Donald Trump completa hoy dos meses de haber triunfado en las elecciones de Estados Unidos, y Christopher Sabatini, un internacionalista consagrado de la Universidad de Columbia, prefiere despertarse con una de las dos visiones que desde entonces tiene del mundo: la optimista.

En ese mundo, Trump, hombre de negocios, moverá algunas piezas de sus promesas más inquietantes, como la construcción de un muro en la frontera con México o una descarada laxitud con Rusia. Mientras tanto, el establecimiento norteamericano y sus asesores le controlarán los arranques disruptivos, y el magnate sobrevivirá en la política con insignificantes medidas de campaña. Estados Unidos se mantendrá vigente.

La visión pesimista prefiere no pensarla a menudo. En ella, Trump trasladará los acostumbrados escenarios de la diplomacia a Twitter, insultará a China, coqueteará con Taiwán y cambiará radicalmente el debate y la opinión sobre Rusia. Los aliados europeos se sentirán amenazados por el presidente Vladimir Putin y Oriente Medio se polarizará aún más. Así, Estados Unidos perderá liderazgo.

Sea cual sea el panorama, porque está probado que el comportamiento de Trump es difícil de predecir, los analistas coinciden en que tres serán los principales jugadores del tablero mundial: EE. UU., por supuesto; China, sin duda, pero también Rusia, al que las sanciones de la Unión Europea, la OTAN y Naciones Unidas, la expulsión del G8, parecían haberlo dejado tan desprestigiado.

Y es que con Trump, la geopolítica parece dar un revés y cambiar reglas que parecían inamovibles. Por ejemplo, que Estados Unidos, casi siempre con las narices en conflictos foráneos o buscando alianzas comerciales con economías emergentes, decida, como lo prometió Trump, reducir las intervenciones y abocar por el proteccionismo.

De acuerdo con Sergio Moya, experto en Medio Oriente de la Universidad Nacional de Costa Rica, si Estados Unidos se retrae, Rusia se fortalece directamente, aunque para él, el Capitolio, de mayorías republicanas, presionará para que el país no se quede a un lado.

Para él, generará gran incertidumbre la marcha atrás del acuerdo nuclear con Irán, y en general una confusión y reacomodamiento de las fuerzas políticas internacionales que, a corto plazo, contemplan el cierre de cientos de misiones diplomáticas de EE. UU. en todo el mundo.

Con eso, advierte, agendas como la de derechos humanos o medio ambiente, que hoy ocupan un lugar preponderante en las relaciones diplomáticas, puede diluirse e implicar pérdidas en otros terrenos.

En el mundo de Trump, dice Enrique Serrano, analista de la Universidad del Rosario, América Latina, una región incierta, ya no será tan importante para EE. UU., a excepción de Chile y Perú por los acuerdos del Pacífico, que tampoco agradan al millonario.

Eso sí, aunque la relación de EE. UU. con México está plagada de complejidades desde hace muchos años, para Serrano este es un país bisagra con el que difícilmente Trump pueda romper del todo.

Lo del muro, por ejemplo, será una amenaza retórica, aunque sí es probable que las tensiones eleven un muro intangible que hará más difíciles las incursiones ilegales en la frontera.

Entretanto, sobre Colombia, el internacionalista de la Universidad Externado cree que las relaciones pueden cambiar y eso dependerá mucho de las próximas elecciones presidenciales en el país, el principal aliado de EE. UU. en este lado del hemisferio. Por ahora, Trump puede poner a Juan Manuel Santos en una posición como Nobel y presidente contradictoria, porque es el único líder de Suramérica que no ha reconocido a Palestina.