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Mineros atrapados en cueva inundada de Laos: cinco sobreviven, dos siguen desaparecidos

Cinco de los siete mineros informales que quedaron atrapados en una cueva de Laos tras unas inundaciones repentinas fueron rescatados, mientras la búsqueda de los dos últimos se enfrenta a pasadizos infranqueables y visibilidad nula.

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hace 2 horas

El 20 de mayo, un grupo de siete mineros originarios de la provincia central laosiana de Xaisomboun entraron a una cueva cerca de la ciudad de Long Chaeng en busca de yacimientos de oro, una actividad frecuente en esta región del país. Lo que parecía una jornada más de minería artesanal se convirtió en una pesadilla cuando quedaron atrapados al inundarse la cavidad por las fuertes lluvias y al bloquear deslizamientos de tierra la única salida.

No eran buscadores de fortuna con grandes ambiciones. Uno de los sobrevivientes, identificado como Mee, lo explicó con crudeza: “Somos aldeanos. Vamos a las montañas para ganarnos la vida. Oímos que había oro, así que entramos a buscarlo. Luego, la cueva se inundó y no pudimos volver a salir”. Esa sencillez lo dice todo sobre la economía informal que alimenta este tipo de riesgo.

Xaysomboun es una provincia creada en 2013, pobre en servicios pero con reservas de cobre, hierro y oro que en los últimos años han atraído a compañías extranjeras con contratos de concesión. Mientras esas negociaciones avanzan, los habitantes de las aldeas hacen lo que siempre hicieron: entrar a los cerros con herramientas básicas a buscar lo que puedan. A veces encuentran algo. A veces no vuelven.

Siete días sin noticias

Durante una semana entera, el silencio desde el interior de la cueva fue absoluto. Durante más de una semana, cinco hombres permanecieron acurrucados sobre las turbias aguas, en la más absoluta oscuridad, a más de 260 metros de la entrada de la cueva, preguntándose si alguien los encontraría algún día.

Afuera, la situación tampoco era alentadora. Bangkok envió un equipo de rescatistas el domingo, entre ellos el buzo tailandés Norrased Palasing y el finlandés Mikko Paasi, radicado en la región. Los dos participaron en 2018 del rescate de los doce chicos del equipo de fútbol “Jabalíes Salvajes”, atrapados dieciocho días en la cueva de Tham Luang, en el norte de Tailandia, en una operación que movilizó a miles de voluntarios de todo el mundo. Para ellos, esto era territorio conocido, aunque no por eso menos aterrador.

El buzo de rescate finlandés Mikko Paasi declaró que sintió “más miedo” en la cueva de Laos que durante el rescate de los futbolistas adolescentes en Tailandia en 2018, debido a los pasadizos extremadamente estrechos del sistema. “Sentí más miedo en esta; es muy claustrofóbica. Si la claustrofobia pudiera definirse con una imagen, sería esta”, comentó a CNN.

Cinco hallados con vida

El miércoles 27 de mayo, a las 4:30 de la tarde, Norrased y Paasi llegaron hasta ellos. Los encontraron a unos 300 metros de la salida, en una cornisa elevada donde el agua no había llegado del todo y circulaba algo de aire. Estaban acurrucados, con la ropa, las manos y la cara cubiertas de barro.

Imágenes grabadas por los buzos rescatistas los muestran cubiertos de barro y abatidos, quejándose de dolores en el pecho y hambre. Pero estaban vivos. A partir de ese momento, comenzó la parte más delicada de la operación: sacarlos.

¿Por qué no pudieron salir de inmediato?

”No podemos sacarlos de inmediato porque tendrían que recorrer un camino muy estrecho y bucear”, explicó el rescatista Kengkard Bongawong. Los equipos comenzaron a bombear agua del interior de la cueva y a suministrar alimentos y medicinas, mientras planificaban con meticulosidad cada paso de la extracción.

El viernes 29 de mayo llegó el primero. Un rescatista tailandés anunció en redes sociales: “La primera víctima fue rescatada con éxito y sacada de la cueva”, acompañando el mensaje con una fotografía de tres hombres guiando a otro, empapado y cubierto de barro. El hombre, identificado como Meud, salió guiado por los buzos especializados usando equipo de buceo.

Pero lo que ocurrió el sábado 31 dejó sin palabras hasta a los rescatistas más experimentados. Hambrientos y débiles, los sobrevivientes se acurrucaron juntos en la oscuridad húmeda durante 11 días, aferrándose a la esperanza mientras una pared de agua bloqueaba su salida. Cuando notaron que el agua por fin empezaba a retroceder, de algún modo encontraron la fuerza para intentar una audaz huida, completamente sin ayuda, sorprendiendo al equipo de rescate en la superficie cuando aparecieron en la entrada de la cueva.

A través de túneles estrechos y traicioneros, algunos anegados y lo bastante fríos como para requerir trajes de neopreno, otros tan apretados que el oxígeno escaseaba, los hombres recorrieron 260 metros —equivalentes a la altura de un edificio de 78 pisos— desde la cámara en la que habían quedado atrapados hasta la boca de la cueva.

Para sus familias, el fin de semana trajo un alivio abrumador. Uno de los lugareños que participaba en el rescate intentaba encontrar a su propio padre. Cuando este emergió, Thao Oun cayó de rodillas y lo abrazó con fuerza. Momentos después, mientras lo envolvían en una manta térmica de emergencia, Oun se limpió un torrente de lágrimas: era la liberación de más de una semana de angustiosa incertidumbre.

Los cuatro supervivientes rescatados el sábado salieron a las 15:10 hora local, algunos por su propio pie, entre los vítores y abrazos de los rescatistas. Los cinco sobrevivientes están recibiendo atención médica y se encuentran en buenas condiciones, según declaró el buceador malasio Lee Kian Lie.

Dos hombres aún atrapados

La alegría, sin embargo, es incompleta. Dos aldeanos, que se cree que entraron en el sistema de cuevas antes que los cinco hombres rescatados, siguen desaparecidos, y sus familias mantienen una vigilia en la base de rescate.

Meud, el primero en ser rescatado, reveló en un video compartido por el equipo de rescate que los dos desaparecidos habían entrado en la cueva varios días antes que los demás y habían descendido mucho más adentro. Eso lo cambia todo en términos de búsqueda.

Los rescatistas lanzaron el domingo 1 de junio una operación de alto riesgo para localizarlos. La búsqueda se concentraba en un estrecho pasadizo inundado que, según el buzo japonés Yoshitaka Isaji, se cree está más allá de la zona donde fueron hallados los cinco supervivientes. “Este pasadizo sumergido es extremadamente estrecho y prácticamente infranqueable a menos que cambies de postura”, escribió Isaji en redes sociales, añadiendo que el agua turbia significaba que “la visibilidad es nula”.

Los rescatistas reingresaron a una cámara de la cueva el domingo, pero la operación fue suspendida posteriormente debido al aumento del nivel del agua causado por las fuertes lluvias, lo que puso en peligro la seguridad del equipo.