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Poder chino se decide en cónclave

El Partido Comunista define a puerta cerrada las bases de su ideología y a posibles sucesores.

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25 de octubre de 2016

Los pesos pesados del Partido Comunista chino están concentrados desde ayer y hasta el jueves en el hotel Jingxi de Pekín, también llamado casa para huéspedes militares. Lo que allí decidan, a puerta cerrada, definirá el futuro próximo para ese gobierno, e incluso dará los primeros fichajes sobre quien sucederá al presidente Xi Jinping en 2022.

La figura e importancia de ese cónclave, que cada año reúne a los 370 miembros del Comité Central del partido, es difícil de traducir en las democracias occidentales. No obstante, según dice el internacionalista de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo, en países con partidos comunistas, se trata del hecho político del año, donde se dan las directrices ideológicas y se traza la renovación, necesaria para el gigante asiático.

Según dice, dos antecedentes claman por el cambio. El primero, las acusaciones de corrupción en el Gobierno de Xi, que completaron el millón entre 2013 y 2016 y que empañan su labor y que demuestran que, pese a lo solidez que quiere proyectar el PCCH, siglas del partido, cada vez es más evidente la existencia, tras bambalinas, de una lucha de opositores por el poder del presidente.

Y es que a mediados de septiembre, una carta firmada por “171 miembros leales del Partido Comunista de China” fue publicada en internet para pedir la destitución del presidente chino, menos de un mes después de que circulara una primera misiva que pedía su dimisión y que desató una oleada de detenciones en el país asiático.

De hecho, Jaramillo cuenta que China ha entendido la urgencia de un proceso de descentralización y de dar visibilidad a las autoridades regionales, de las que se especula disidencia, e incluso de adeptos del expresidente Hu Jintao (2003-2013).

El segundo punto que llama por el cambio, de acuerdo con el internacionalista, es una posible desaceleración económica de China y la posibilidad de que India pueda sobrepasar al país en indicadores.

Ya en la víspera del inicio de la cumbre de los líderes del G20, en septiembre, Xi fue enfático en que “el modelo económico de China ya no es sostenible”, por lo que se necesita asegurar una economía global “abierta e inclusiva”. El líder apuntó en el encuentro que es un hecho que el aislamiento no ayudará a ningún país a salir de la crisis, por lo que insistió en seguir en la senda de la apertura.

Mensaje anticorrupción

El cónclave también le será útil al líder para avalar dos documentos: “Normas de la vida política dentro del Partido” y “Supervisión de las regulaciones de la formación”, que agravarán las sanciones contra las malas conductas de los miembros del PCCh.

Con esto, el presidente extenderá su campaña anticorrupción que inició en 2013, y que ha impuesto penalidades a más de un millón de personas, desde multas hasta penas de cadena perpetua, como la del exministro de Seguridad Zhou Yongkang o la de Ling Jihua, exmano derecha del anterior presidente Jintao.

Si bien para Jaramillo, las propuestas de Xi hablan de un nivel de apropiación y de rendición de cuentas del partido y de los ciudadanos, Angela Stanzel, investigadora del Instituto de Política China de la Universidad de Nottingham, escribió en un análisis que la estrategia del mandatario se trata más bien de “la campaña más importante para derribar rivales reales y potenciales dentro del Partido con el fin de ayudar a consolidar su posición”.

La experta añadió que el gobierno chino ha estado tomando medidas adicionales para reforzar la línea política prescrita por el PCCh dentro de la sociedad civil china, lo que resultó en el aumento de la censura, el control de internet y medios de comunicación, detenciones, desapariciones y vejaciones contra activistas políticos y organizaciones no gubernamentales con sede en ese país.

Amnistía Internacional, por ejemplo, denuncia este año que China continuó siendo el que llevó a cabo la mayor cantidad de penas de muerte en el mundo, que aunque no se sabe a ciencia cierta cuántas son, se cuentan, no en cientos, sino en miles.

El informe de 2016 de la Comisión Ejecutiva del Congreso de los Estados Unidos en China no se equivoca cuando denuncia que “Xi ha supervisado un deterioro de los derechos humanos, haciendo que el estado de las condiciones de la ley en China transcurran por la consolidación de su propio poder”.