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Polémica en el fútbol americano: al menos 1 de cada 4 exjugadores desarrolló una enfermedad cerebral degenerativa

Un estudio publicado en The BMJ analizó a 878 exjugadores fallecidos de la NFL entre 2016 y 2021 y encontró CTE en uno de cada cuatro, según The New York Times.

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hace 13 minutos

Desde que la enfermedad cerebral degenerativa conocida como encefalopatía traumática crónica (CTE) se vinculó científicamente con el fútbol americano hace dos décadas, no se sabe cuántos jugadores de la liga terminan padeciéndola. Según una investigación de The New York Times basada en un estudio publicado el martes en la revista The BMJ, al menos una de cada cuatro personas que jugaron en la NFL podría desarrollar la enfermedad, según un estudio de casi 900 exjugadores fallecidos de la NFL.

Los investigadores, en su mayoría afiliados al Mass General Brigham, la Universidad de Boston y el Banco de Cerebros UNITE, revisaron los casos de todos los exjugadores de la NFL que murieron entre 2016 y 2021: fueron 878, algunos apenas pasados los 20 años y otros después de los 80. De ese total, 215 —el 24,5 %— tenían CTE. La cifra, sin embargo, dejaría por fuera a los 643 cerebros que nunca fueron examinados, por lo que la prevalencia real podría ser considerablemente más alta. Si la proporción se aplicara a los 1.696 jugadores que hoy componen las plantillas de la liga, al menos 400 de ellos terminarían con un diagnóstico de CTE.

La CTE es una enfermedad neurológica progresiva causada por golpes repetidos en la cabeza, y solo puede diagnosticarse con certeza mediante el examen del cerebro después de la muerte. Los estudios han mostrado que su incidencia en personas que no han sufrido impactos craneales repetidos es prácticamente nula. Descubierta hace casi un siglo en boxeadores, bajo el nombre de “demencia pugilística”, hoy se asocia sobre todo al fútbol americano, aunque también se ha detectado en jugadores de hockey, rugby y fútbol, en luchadores, en practicantes de bobsleigh y en miembros de las fuerzas armadas. Entre sus síntomas figuran la pérdida de memoria, la confusión, los cambios de humor, el deterioro de la función ejecutiva y un comportamiento errático e impulsivo que puede derivar en adicciones.

David Michaels, quien dirigió la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional durante el gobierno de Barack Obama y hoy es profesor en la Universidad George Washington, comparó la magnitud del riesgo con otras exposiciones laborales conocidas, como el asbesto o el trabajo en minas de carbón. Sobre la CTE, sin embargo, fue categórico: «Nunca he visto nada comparable».

Durante años, la NFL minimizó los riesgos de los traumatismos craneales repetidos y argumentó que no había suficiente evidencia científica para sacar conclusiones sobre sus orígenes, su prevalencia y sus peligros. Los propios investigadores reconocen que aún no logran explicar por qué algunos jugadores pasan décadas en el fútbol americano sin desarrollar la enfermedad, mientras otros presentan casos graves desde la adolescencia. Lo que sí está establecido, según el equipo que lideró el estudio, es que la CTE puede prevenirse. «Sabemos qué lo causa», afirmó el doctor Daniel Daneshvar, autor principal de la investigación y jefe de rehabilitación de lesiones cerebrales en el Hospital de Rehabilitación Spaulding.

Daneshvar explicó que el principal factor de riesgo es la fuerza acumulada de los golpes recibidos a lo largo de la vida, incluidos los anteriores al ingreso a la NFL, y que esa exposición podría reducirse sin alterar la esencia del deporte: sugirió que los niños se abstengan de jugar fútbol con contacto físico y que los equipos, en todos los niveles, eliminen los golpes durante los entrenamientos.

Para quienes estuvieron cerca del deporte, la cifra del 25 % no sorprende. Randy Grimes, de 66 años, quien jugó como centro para los Tampa Bay Buccaneers entre 1983 y 1992, dijo: “Apuesto a que la cifra real es mucho mayor”. Al menos tres de sus excompañeros de equipo —Tom McHale, John Bruhin y Keith McCants— fueron diagnosticados con CTE tras su muerte. Grimes, quien hoy dirige una organización que asesora a atletas retirados, señaló que reconoce síntomas de la enfermedad en muchos de ellos, aunque el tema sigue siendo un tabú entre los propios jugadores.

La mayoría de los diagnósticos de CTE nunca se hacen públicos. Los casos conocidos suelen estar asociados a nombres célebres, como los del Salón de la Fama Junior Seau, Ken Stabler y Frank Gifford, o a episodios de violencia que luego se intentaron explicar, al menos en parte, por la enfermedad, como los de Aaron Hernandez y Phillip Adams, ambos condenados por asesinato. En julio de 2025, Shane Tamura, quien jugó fútbol americano sin llegar a la NFL, mató a cuatro personas en un edificio de Nueva York que alberga la sede de la liga; una autopsia posterior confirmó que padecía CTE.

La enfermedad no puede diagnosticarse en vida, aunque algunos exjugadores, como el corredor Tony Dorsett, afirman padecerla, y otros, como Chris Borland y John Urschel, decidieron retirarse de manera prematura para proteger su cerebro. El crecimiento de los casos documentados no ha afectado la popularidad del fútbol americano: la NFL reportó ingresos superiores a los 23.000 millones de dólares en 2024. En un comunicado, la liga aseguró que trabaja de manera continua para hacer el deporte más seguro y que mantiene su compromiso con el bienestar físico y mental de sus jugadores. La Asociación de Jugadores de la NFL, por su parte, calificó el nuevo estudio como un llamado de atención sobre los riesgos reales del deporte y sus consecuencias duraderas para los jugadores y sus familias.

El estudio publicado esta semana se distingue de investigaciones previas porque, por primera vez, contrastó los casos de CTE con el universo más amplio de exjugadores fallecidos, y no solo con quienes donaron su cerebro para investigación. Los científicos contabilizaron a los 2.079 exjugadores de la NFL que murieron entre 2008 y 2021 y hallaron que al 16,6 % —uno de cada seis— se le había diagnosticado la enfermedad. Los investigadores esperan publicar en los próximos meses un nuevo artículo que estime la tasa general de CTE en el conjunto de jugadores de la liga al momento de morir.

Las proyecciones resultan especialmente inquietantes al aplicarse a equipos completos. Ocho integrantes de los Miami Dolphins de 1972, el único equipo invicto en la historia moderna de la NFL, han sido diagnosticados con CTE, entre ellos el corredor Mercury Morris, fallecido en 2024 a los 77 años tras luchar durante su retiro con dolores de cabeza y adicción a las drogas. De los New England Patriots campeones del Super Bowl en 2001, siete jugadores murieron entre los 35 y los 50 años, y al menos tres tenían CTE; si se aplica la proporción de uno de cada cuatro, otros diez integrantes de ese equipo podrían padecerla.

Entre los Chargers de San Diego de 2009, que terminaron la temporada regular con 13 victorias y 3 derrotas, ya son tres los jugadores fallecidos con diagnóstico público de CTE: el receptor Vincent Jackson, tres veces seleccionado al Pro Bowl, que murió a los 38 años por intoxicación etílica; el defensor Kevin Ellison, atropellado a los 31 años tras deambular por una autopista de California; y el defensa Paul Oliver, quien se quitó la vida a los 29 años frente a su esposa y sus dos hijos pequeños.

Chelsea Oliver, su viuda, dijo que sospecha que la cifra del 25 % se queda corta frente a la realidad. Su esposo jugó cuatro temporadas en la NFL, sufrió varias conmociones y, según ella, dejó de ser la misma persona: sufría dolores de cabeza, delirios, paranoia y empezó a beber en exceso. Saber que decenas de sus antiguos compañeros de equipo podrían compartir su diagnóstico no le trae consuelo. “Simplemente me entristece”, dijo.