Recuperar Mosul, golpe sobre todo para los civiles
Mientras la coalición internacional ingresa a la ciudad iraquí para “liberarla” del Estado Islámico, se teme el desplazamiento de 1 millón de personas.
La liberación de Mosul, la segunda urbe de Irak en extensión e importancia, completó ayer sus primeras 36 horas. Mientras las tropas iraquíes avanzaban hacia la comarca de Al Shura, uno de los bastiones del Estado Islámico en el sur de la ciudad, la aviación de ese país y la coalición internacional (conformada por Estados Unidos y sus aliados) bombardeaban sobre posiciones del grupo terrorista en el noreste.
Es apenas el comienzo de una tragedia para 2 millones de civiles que allí habitan, y aunque Naciones Unidas dijo que la operación militar transcurre aún en áreas poco pobladas “y no ha conducido inmediatamente a desplazamientos masivos de personas afectadas”, la preocupación crece a medida que los ejércitos se acercan a zonas residenciales.
De hecho, los organismos humanitarios se alistan para recibir una oleada inicial de 87.000 personas, y preocupa la falta de agua potable y saneamiento, así como el consecuente brote de enfermedades diarreicas, que podrían causar la muerte de los más vulnerables.
El vocero de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), William Spindler, ya pronosticó que la batalla podría causar “una catástrofe humanitaria”, y advirtió que se espera que un millón de personas se conviertan en desplazados internos o refugiados en países vecinos.
“Todos estamos preparados, hemos elaborado planes de contingencia, tenemos material y personal dispuesto, pero el problema es que la situación es impredecible”, añadió en rueda de prensa Robert Mardini, responsable de Irak del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
A lo anterior se suman otras preocupaciones: la falta de fondos para ayudar a los civiles, la falta de tierras para construirles campos de refugiados, que estos sean usados como escudos humanos por parte de los yihadistas en su respuesta al ataque y que se continúe y masifique el uso de armas químicas.
Un mal innecesario
La estrategia de recuperar Mosul, ocupada desde hace dos años por el EI, es limitada si lo que se busca exterminar al grupo, dice Sergio Moya, coordinador del Centro de Estudios de Medio Oriente.
Y es que el yihadismo está lejos de ser un enemigo convencional en la práctica de la guerra. La muerte para sus militantes supone un beneficio: el martirio y luego el paraíso.
“Es difícil combatir a un enemigo que no le teme a la muerte, y mientras tanto ellos logran su cometido, que Occidente se involucre, que caigan en la trampa de llegar a sus territorios y que entonces se propicie el conflicto y la polarización”, anota Moya.
A lo anterior se suma que alrededor de 20.000 yihadistas que estaban en Mosul se estarían desplazando en buses a Siria, a través de fronteras porosas, caracterizadas por la ausencia de autoridades y de dificultades para controlar la soberanía territorial.
Otro tanto, continúa Moya, podrían huir a Europa, e incrementarían la amenaza para la seguridad global. “No es imposible. Es bien conocido que todas esas fronteras permiten el tránsito de militantes de un lado a otro, de medicinas y de alimentos para las distintas facciones en conflicto”, detalla el experto, y añade que vez lleguen a Turquía, el tránsito hacia el Viejo Continente no es imposible.
De hecho, advierte, aunque la pérdida de territorio debilita al grupo, también podría cambiar su estrategia: “ellos pueden replantear su lucha, potenciando ataques terroristas en Occidente y siendo aún más hábiles y exitosos a la hora de reclutar gente y de moverla hacia el califato”.
Verdaderas salidas
No existe una salida militar a los problemas con grupos terroristas en Medio Oriente, sugiere Pamela Urrutia, investigadora de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, y agrega que la solución es y debe ser política.
No obstante, la experta en conflictos en esa región pronostica que, por las posiciones beligerantes de los miembros de la coalición internacional, hay riesgo de que la apuesta de los distintos actores involucrados continúe siendo, como hasta ahora, la vía militar y la provisión de armas a los bandos en pugna, alimentando así un ciclo de violencia que ha tenido consecuencias nefastas y desestabilizadoras para toda la zona.
Entretanto, Marcos Peckel, experto en terrorismo de la Universidad Externado, propone que los gobiernos involucrados deberían ir al origen y a los factores que desencadenaron la estrategia del EI: ocupaciones militares que se han prolongado por décadas en Medio Oriente, dictaduras y concentración de la riqueza en unos pocos. Si se elimina ese caldo de cultivo, dice, se puede contrarrestar la acción de los terroristas.