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“Si no estás en la mesa, estás en el menú”: Carney removió Davos

Mark Carney retó en Davos el orden mundial vigente al proponer una “autonomía estratégica” para potencias medias ante el uso de la economía como arma de coacción.

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Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).

21 de enero de 2026

En una intervención que ya se perfila como el epitafio de la globalización tradicional, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, enterró ayer en Davos el concepto del “orden internacional basado en reglas”. Con una crudeza inusual para un líder del G7, Carney diagnosticó que el mundo no atraviesa un bache, sino una “interrupción histórica” donde la economía se ha transformado en un campo de batalla.

“Llamen al sistema lo que es: un periodo en que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coacción”, sentenció Carney. Sus palabras, impregnadas de una filosofía de resistencia, fueron un llamado directo a las potencias medias —naciones como Colombia, Australia o México— a abandonar la pasividad.

El discurso pivotó sobre la necesidad de “vivir en la verdad”, citando al disidente checo Václav Havel. Estas fueron sus definiciones más cortantes:

Sobre el falso orden: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado”.

La advertencia a los complacientes: “Existe una fuerte tendencia de los países a seguir la corriente para llevarse bien, a acomodarse, a esperar que el cumplimiento compre seguridad. Pues bien, no lo hará”.

El ultimátum geopolítico: “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás sentado a la mesa, estás en el menú”.

Sobre la soberanía: “Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte tú”.

Carney fue tajante al pedir que las empresas y naciones “quiten el cartel de la ventana”, refiriéndose a la simulación de estabilidad que ya no existe. “La nostalgia no es una estrategia”, remató, antes de anunciar que Canadá duplicará su gasto militar y acelerará inversiones por un billón de dólares en sectores críticos.

La respuesta de Washington no tardó en llegar, cargada de la agresividad transaccional que caracteriza la segunda administración de Donald Trump. El mandatario estadounidense, quien también se encuentra en la villa suiza para presionar por la adquisición de Groenlandia, no ocultó su irritación ante el tono de independencia de su vecino del norte.

“Vi a su primer ministro ayer. No estaba muy agradecido. Canadá vive gracias a Estados Unidos. Mark, recuerda eso la próxima vez que hagas tus declaraciones”, disparó Trump en una conferencia de prensa lateral. El presidente estadounidense calificó el enfoque de Carney de “insultante” y advirtió que cualquier intento de las potencias medias por crear “bloques de resiliencia” al margen de EE. UU. tendrá consecuencias.

La colisión de visiones es total. Mientras Carney propone una “geometría variable” (unirse por temas y valores para resistir presiones), Trump refuerza la lógica del poder puro: “Solo Estados Unidos puede proteger este gigantesco trozo de hielo [Groenlandia]... Europa tiene una elección: pueden decir que sí o decir que no, y lo recordaremos”.

Para los analistas de El Colombiano, lo ocurrido en Davos marca el inicio de una era de “autonomía estratégica”. La pregunta para Colombia queda en el aire: ¿Seguirá el país “poniendo el cartel en la ventana” o buscará, como propone Carney, el valor de su propia fuerza para no terminar siendo parte del menú?

El choque de realismos alcanzó su punto de ebullición cuando Carney, sin mencionar nombres, arremetió contra las ambiciones territoriales que han resurgido en el Norte. Al declarar que Canadá “se mantiene firme con Groenlandia y Dinamarca” y que el compromiso con el Artículo 5 de la OTAN es “inquebrantable”, el primer ministro lanzó un desafío directo a la intención de Donald Trump de adquirir la isla ártica.

Para Carney, el Ártico no es un activo inmobiliario en subasta, sino la prueba de fuego de la integridad territorial: “Cuando las potencias medias callan ante la intimidación económica de una dirección pero critican otra, están manteniendo el cartel en la ventana”, fustigó, marcando una línea de defensa que trasciende el comercio para instalarse en la seguridad nacional.