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Trump y Groenlandia: de las amenazas a los memes generados con IA

El presidente estadounidense llega al Foro de Davos en medio de una crisis diplomática sin precedentes, utilizando amenazas comerciales y montajes con inteligencia artificial para forzar la entrega de la isla ártica. Mientras Dinamarca refuerza su presencia militar, la Unión Europea debate represalias ante lo que califican como un “acto de agresión imperial” por parte de su principal aliado.

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Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).

hace 24 minutos

En los pasillos del Foro Económico Mundial, el aire alpino no ha logrado enfriar la tensión diplomática más gélida del siglo XXI. Donald Trump ha aterrizado en Europa no para participar en el multilateralismo tradicional, sino para reafirmar una doctrina que los historiadores ya califican como “imperialismo del siglo XXI”. Lo que en 2019 fue una “quimera” —la compra de Groenlandia— es hoy, en 2026, una política de Estado que utiliza la inteligencia artificial, la presión arancelaria y el desprecio por la soberanía aliada como herramientas de negociación.

El inicio de esta escalada ha sido tanto estético como agresivo. El mandatario estadounidense ha inundado su red social, Truth, con montajes generados por IA que simulan una expansión territorial sin precedentes. En una de las imágenes, se observa un mapa donde la bandera de las barras y las estrellas cubre no solo a EE. UU., sino también a Canadá, Venezuela y la codiciada Groenlandia.

Otra imagen muestra a Trump plantando una bandera en suelo ártico con la inscripción: “Groenlandia, territorio de Estados Unidos. Est. 2026”. Esta ofensiva visual se complementa con una ruptura total de los códigos diplomáticos: Trump ha filtrado capturas de pantalla de mensajes privados enviados por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

En dichos mensajes, confirmados por fuentes de la Alianza y El Elíseo, Macron intenta mediar invitando a Trump a una cena en París, mientras confiesa con frustración: “No entiendo qué estás haciendo en Groenlandia”. Por su parte, Rutte mantiene un tono lisonjero, calificando de “increíble” la gestión de Trump en otros frentes, en un aparente intento de mantener al volátil aliado dentro de la mesa de diálogo.

No es menor el uso de las redes sociales y los memes por parte de Trump, que ya ha demostrado cuanto le divierte atizar polémicas con esta manera de matoneo virtual, pues de un tema de trascendencia mundial hace chistes, como si todo fuera un juego.

Para Trump, la soberanía es un concepto maleable ante el poder de mercado. Según un análisis de The New York Times, la administración ha pasado de la sugerencia a la amenaza directa. El mandatario ha anunciado aranceles de hasta el 25% contra ocho naciones europeas que enviaron tropas a Groenlandia en solidaridad con Dinamarca. Francia, en particular, enfrenta una amenaza adicional de aranceles del 200% a sus vinos y champanes, como represalia por negarse a integrar la “Junta de Paz” liderada por Washington.

La justificación oficial, según Stephen Miller, subjefe de gabinete, es que Dinamarca no puede proteger la isla de China o Rusia. Sin embargo, The New York Times subraya una motivación más personal: en entrevistas recientes, Trump admitió que la propiedad de la isla es “psicológicamente importante” para él, comparando la geopolítica con una transacción inmobiliaria donde “tiene que conseguir esa tienda para el edificio que está construyendo”.

La reacción en Davos ha sido de una mezcla de estupor y resistencia. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, sentenció que “la nostalgia no traerá de vuelta el viejo orden” y que Europa debe cambiar de forma permanente ante un aliado que se ha vuelto “inmensamente impredecible”.

El contraste es histórico. Como bien señala la columna de análisis de The New York Times, Estados Unidos ha pasado de ser el defensor de la soberanía tras la Segunda Guerra Mundial a ser el único país que amenaza con una guerra económica —e incluso militar— contra sus propios aliados para arrebatarles territorio. Mientras los ciudadanos en Nuuk y Copenhague protestan bajo el lema “Yankee, go home”, el Kremlin observa desde la distancia, celebrando lo que califican como el “colapso de la unión transatlántica”.

El orden global ya no se rige por tratados firmados en papel, sino por lo que el propio Trump denomina sus únicos límites: “mi propia moralidad” y “mi propia mente”. En la antesala de Davos 2026, Groenlandia no es solo una isla; es el tablero donde se decide si el derecho internacional sobrevivirá a la era de la fuerza bruta.