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Una modelo uzbeka relató a CNN cómo Epstein abusó de ella mientras cumplía condena en Florida

Roza Gilles contó en exclusiva a CNN qué vivió junto a Jeffrey Epstein en 2009 y por qué el acuerdo judicial de 2008 lo permitió.

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hace 6 horas

Gilles tenía 18 años y una carrera como modelo adolescente en Asia cuando, en 2008, el agente francés Jean-Luc Brunel la abordó entre bastidores de un desfile en Uzbekistán. Brunel se presentó como dueño de la agencia MC2 Model Management, con sede en Nueva York, y le ofreció un contrato de inmediato. Ella se enteraría después de que Epstein era uno de los principales financiadores de esa empresa.

El contrato le dio a la agencia un control casi total sobre su vida: quedó endeudada de inmediato por unos 4.000 dólares del visado y 1.500 dólares mensuales de alquiler en un apartamento de Manhattan donde varias modelos compartían litera. La deuda creció hasta una cifra que, según Gilles, sus padres no habrían podido reunir ni en un año de trabajo en su país de origen. Cuando planteó regresar a Asia ante las dificultades económicas, la agencia rechazó la idea; poco después, Epstein le ofreció un trabajo de fin de semana como recepcionista en su oficina.

En el verano de 2009, Gilles se presentó por primera vez en esa oficina, ubicada en el piso 14 de un edificio del centro de Palm Beach. Allí vio a una mujer dándole un masaje en los pies a Epstein y notó una banda plástica en su tobillo, con una pequeña caja de luz intermitente: un brazalete de monitoreo electrónico, aunque ella no lo supo en ese momento. Epstein la agredió sexualmente esa misma jornada, el inicio de años de violaciones y abusos que, según su relato, se repitieron cada fin de semana en la mansión de West Palm Beach.

Gilles no fue la única. Dos mujeres que hablaron con CNN bajo condición de anonimato describieron un patrón similar en esa misma oficina, que operaba bajo la Fundación Científica de Florida, una organización sin fines de lucro creada poco antes de que Epstein se declarara culpable en 2008.

El dispositivo que Gilles vio correspondía a la condena de 13 meses que Epstein cumplía por solicitar servicios sexuales de una menor, bajo un acuerdo de culpabilidad negociado en 2008 con el entonces fiscal federal Alex Acosta. Ese acuerdo le permitió cumplir la mayor parte de la pena fuera de la cárcel, mediante un programa de reinserción laboral cuyas condiciones se ampliaron progresivamente: de jornadas de doce horas seis días a la semana a partir de octubre de 2008, hasta la posibilidad de trabajar los siete días de la semana y visitar su mansión por las tardes, según una revisión del programa realizada por el estado de Florida en 2021.

El programa contemplaba restricciones, como reunirse solo con socios comerciales y no tener contacto con menores, y establecía que agentes fuera de servicio de la Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach permanecieran en la oficina para registrar a los visitantes. Según un informe del Departamento de Aplicación de la Ley de Florida, los abogados de Epstein pagaron cerca de 128.000 dólares a esa oficina por ese servicio, y una revisión posterior de los registros no encontró contacto no autorizado documentado. Ese mismo informe concluyó que no halló actividad delictiva por parte del personal del sheriff vinculado a la supervisión de Epstein.

Las nuevas denuncias contra Epstein llevaron a Acosta a renunciar en 2019 como secretario de Trabajo del primer Gobierno de Donald Trump. Una revisión del Departamento de Justicia realizada en 2020 concluyó que Acosta había actuado con falta de criterio, entre otras razones porque no notificó a las víctimas sobre la decisión de no presentar cargos federales, aunque no encontró que él u otros fiscales hubieran incurrido en mala conducta profesional. La Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach puso fin al programa de trabajo en libertad condicional en diciembre de 2019, meses después de que Epstein muriera por suicidio en una prisión de Nueva York. Consultada para esta nota, esa oficina no respondió a la solicitud de comentarios de CNN.

El patrón que describió Gilles no es un caso aislado. En 2019, dos mujeres presentaron demandas en las que alegaban abusos sexuales por parte de Epstein durante ese mismo programa de reinserción laboral. Una de ellas, identificada como Katlyn Doe, declaró que fue obligada a mantener encuentros sexuales con Epstein en la oficina de la Fundación, en ocasiones junto con otra joven, según consta en la demanda judicial. Gilles asegura, además, que se cruzó con otras víctimas en la mansión de Epstein: recuerda jóvenes que hablaban poco o nada de inglés y que, según describió, vivían la misma situación que ella.

Con el tiempo, la carrera de Gilles como modelo despegó en Nueva York y alcanzó independencia económica, lo que le permitió alejarse del entorno de Epstein. Se mudó al Medio Oeste, donde conoció a su esposo y se formó como entrenadora personal. Brunel, el agente que la reclutó, murió en 2022 en su celda tras ser arrestado por cargos de violación y agresión sexual.

Gilles mantuvo su historia en reserva durante años, incluso ante sus padres. Eso cambió cuando su nombre y años de correspondencia con Epstein quedaron expuestos con la publicación de archivos del caso a comienzos de este año, pese a las promesas de protección a las víctimas por parte del Departamento de Justicia. Desde entonces sigue de cerca el activismo de otras sobrevivientes, que piden la publicación completa de los archivos y una investigación sobre los cómplices de Epstein; aunque aún no se suma públicamente a esa causa, dice sentirse cada vez más cerca de hacerlo. «El coraje es contagioso, ¿verdad?», resumió.