Ya no nacen tantos niños en China: tasa de natalidad es la misma de los años 40
China registró en 2025 su natalidad más baja desde 1949, con apenas 7,92 millones de nacimientos. Pese a los incentivos y nuevos impuestos a los anticonceptivos, la población se contrae por cuarto año consecutivo, evidenciando un rechazo generacional que amenaza con frenar en seco el motor económico del gigante asiático.
Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).
Durante décadas, el poderío de China se cimentó sobre una base humana aparentemente inagotable. Hoy, esa base se resquebraja. Las últimas cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) este lunes pintan un panorama sombrío para el gigante asiático: la tasa de natalidad ha caído a su nivel más bajo desde la fundación de la República Popular en 1949, marcando un punto de inflexión que amenaza con redefinir el orden económico mundial.
En 2025, China registró apenas 7,92 millones de nacimientos, lo que supone una caída estrepitosa del 17% respecto a los 9,54 millones del año anterior. Como reporta la agencia AFP, la tasa de natalidad se sitúa ahora en 5,63 partos por cada 1.000 habitantes, una cifra que subraya el fracaso de los intentos del Partido Comunista por incentivar la expansión de las familias.
La crisis no es un evento aislado, sino la culminación de una tendencia de cuatro años de contracción demográfica. Con una población estimada en 1.404 millones de habitantes, China se redujo en 3,39 millones de personas solo en el último año. Esta erosión ocurre mientras la economía intenta recuperarse, registrando un crecimiento del 5% en 2025, uno de los más bajos en décadas si se exceptúa el periodo de la pandemia.
La paradoja es histórica. Como señala AFP, hace apenas diez años China puso fin a la estricta política del hijo único, vigente desde 1979-1980 para evitar la sobrepoblación. En aquel entonces, la tasa de natalidad era de 17,82 nacimientos por cada mil habitantes. Hoy, a pesar de permitir hasta tres hijos y ofrecer incentivos, el Estado se enfrenta a un “no” colectivo de las nuevas generaciones.
Desde el corazón de Pekín, el liderazgo de Xi Jinping ha intentado elevar la procreación a la categoría de deber nacional. Según informa The New York Times, el máximo líder ha instado a crear un “nuevo tipo de cultura matrimonial y reproductiva”, presionando a las autoridades locales para que influyan en la visión de los jóvenes sobre la familia.
Sin embargo, las tácticas gubernamentales han pasado de la persuasión a medidas que rozan la desesperación. Entre las iniciativas más polémicas se encuentra la imposición de un impuesto al valor agregado del 13% a los preservativos y anticonceptivos, una medida que, según el NYT, ha sido recibida con una mezcla de “indiferencia, burla y desdén”.
“Seguiré usándolos”, afirmó Jonathan Zhu, de 28 años, al NYT, explicando que la presión económica es el verdadero anticonceptivo. Su testimonio refleja el sentir de millones: el costo de la vida y la precariedad laboral pesan más que cualquier gravamen a los condones o subsidio estatal.
¿Por qué los jóvenes chinos han dejado de tener hijos? Los expertos citados por AFP y The New York Times coinciden en un diagnóstico que mezcla economía y sociología:
El alto costo de la educación: En una sociedad hipercompetitiva, criar a un niño implica una inversión financiera masiva en tutorías y actividades extracurriculares.
La carga del cuidado: La generación actual debe sostener a padres que envejecen sin el apoyo de hermanos, un legado de la política del hijo único.
Incertidumbre laboral: Con un desempleo juvenil persistentemente alto, muchos graduados optan por el “tang ping” (tumbarse), una forma de protesta pasiva contra las exigencias sociales.
Cambio de valores: Especialmente entre las mujeres, la prioridad se ha desplazado hacia la carrera profesional y la autonomía personal.
”La evidencia empírica de otros países hasta ahora es que los incentivos monetarios casi no tienen efecto en el aumento de la fertilidad”, explica Wang Feng, profesor de sociología en la Universidad de California, Irvine, en declaraciones al NYT.
El impacto a largo plazo es una bomba de tiempo. Según las proyecciones de las Naciones Unidas citadas por AFP, la población de China podría reducirse a casi la mitad —unos 633 millones de personas— para el año 2100.
Este declive demográfico significa menos trabajadores para sostener a una cohorte de jubilados que crece exponencialmente. Se proyecta que para 2035 habrá 400 millones de ciudadanos mayores de 60 años. Para intentar mitigar el colapso de los sistemas de pensiones, el gobierno elevó recientemente la edad de jubilación, una medida impopular en un país donde los jóvenes ya expresan renuencia a contribuir a fondos públicos que quizá nunca disfruten.
Incluso el matrimonio, la base tradicional de la familia en China, está en crisis. Los registros de nupcias han caído a niveles históricamente bajos. Jia Dan, un organizador de eventos de emparejamiento en Pekín, comentó al NYT que la mayoría de los jóvenes simplemente han dejado de intentar casarse. “Siempre son los hombres los que vuelven. Las mujeres rara vez asisten más de una vez”, observa, sugiriendo una desconexión profunda entre las expectativas de género y el deseo de compromiso.
China se encuentra en una encrucijada existencial. El Estado que antes castigaba el exceso de hijos ahora castiga el control de la natalidad mediante impuestos a los preservativos, pero la realidad económica parece ser un obstáculo insuperable para la ingeniería social de Pekín.
Si el gigante asiático no logra revertir esta tendencia —algo que los demógrafos consideran “probablemente imposible”—, el mundo deberá prepararse para una China diferente: una nación que, en lugar de expandirse, lucha por mantener sus luces encendidas en medio de un invierno demográfico que ya ha comenzado.