Cinco, el disco del guitarrista paisa que tocó ante Joe Satriani
Cinco revela algo más que la habilidad de su autor. Muestra a un músico que ha aprendido a transformar su experiencia en canciones.
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¿Qué hace un guitarrista cuando ya no tiene nada que demostrar?
La respuesta podría estar en Cinco (2026), el nuevo álbum de Juan Coronado. No porque renuncie al virtuosismo que lo convirtió en una referencia internacional de la guitarra instrumental, sino porque la pone en un segundo plano. Después de décadas de carrera, el músico antioqueño parece haber llegado a una conclusión poco común entre los instrumentistas de alto nivel: la técnica, por sí sola, ya no basta. Lo importante es la canción.
“En este álbum traté de hacer música más que de tocar guitarra hasta que me sangraran los dedos”, afirma Coronado.
La frase adquiere un peso especial cuando proviene de alguien que fue elegido en dos ocasiones —2005 y 2007— entre los diez mejores guitarristas del mundo por la revista Guitar Player, y que llegó a tocar en el Salón de la Fama del Rock and Roll de Cleveland frente a leyendas como Joe Satriani y Steve Lukather.
Sin embargo, Cinco parece construido desde una decisión consciente: dejar de competir contra sí mismo.
El disco no busca impresionar mediante la velocidad ni convertir cada composición en una demostración de destreza. Su fuerza reside en la construcción de atmósferas, emociones e historias. Aquí la guitarra sigue siendo protagonista, pero ya no actúa como un atleta; actúa como narradora.
Coronado lleva casi veinticinco años viviendo en Toronto. Hasta allí llegó después de una etapa formativa en Medellín, ciudad donde comenzó a construir su camino musical en Emma Hoo y La Universal. Lo que vino después es la historia de un músico nacido en una escena local que logró abrirse espacio en el universo internacional de la guitarra instrumental sin renunciar a su identidad.
La identidad musical de Coronado nunca se construyó desde una sola escuela. Sus referencias atraviesan varias generaciones y estilos: desde el virtuosismo de Steve Vai hasta el funk-rock de Red Hot Chili Peppers; desde la sofisticación de Prince y Toto hasta la energía de Kiss y Rob Zombie. Se siente la influencia de Extreme, particularmente por el sonido inspirador de la guitarra de Nuno Bettencourt, cuya combinación de técnica, groove y sentido melódico dejó una huella en su manera de entender el instrumento.
Esa búsqueda de un sonido propio atraviesa toda su discografía —Renewal, Ultrasónico, III, Solo y ahora Cinco—, pero en este nuevo trabajo parece alcanzar un punto de madurez particular.
“Después de grabar cuatro discos instrumentales, uno ya le empieza a coger el tiro”, dice entre risas.
La frase esconde una transformación profunda. Si antes el desafío era explorar las posibilidades del instrumento, ahora la búsqueda apunta a canciones reconocibles, con un sello propio.
“Tocar mucho o tocar muy rápido ya no me interesa tanto como hacer canciones con identidad”, explica.
Esa idea resume el espíritu del álbum.
Musicalmente, Cinco se mueve entre el funk, el rock, el jazz y la fusión, sin instalarse de forma definitiva en ninguno de esos territorios. La libertad estilística permite que cada pieza tenga personalidad propia sin romper la unidad del conjunto.
También hay una dimensión profundamente humana. Cosmonauta (Song for Ace) imagina a Ace Frehley —guitarrista fundador de Kiss, fallecido en 2025— como una figura suspendida entre el escenario y el espacio exterior, despidiéndose desde algún rincón del universo. Monocromaticolor nace del vínculo de amor y la inevitable nosta–lgia de ver a su hija Eva, de diecisiete años, que comienza a construir su propio camino lejos de casa. Igual People surge de la preocupación del músico frente a la situación de los inmigrantes en Estados Unidos. Mientras que L.A. Mania funciona como una celebración de la energía creativa del rock de Los Ángeles.
Aquí las canciones no cuentan historias de manera literal: se sugieren y evocan; se convierten en paisaje sonoro.
El carácter íntimo del álbum alcanza uno de sus puntos más significativos en Funk You Very Much, donde aparece Mateo, hijo de Coronado. Con apenas dieciséis años, aporta un solo de saxofón que introduce una nueva textura dentro del universo del disco. Es el único músico invitado en un trabajo donde el guitarrista asumió prácticamente todos los roles: compositor, intérprete, arreglista, productor e ingeniero de grabación.