Generación

“Este libro es una manera de que la obra de Débora Arango esté ahí para todos”: Rafael Tamayo

El director del MAMM habla del nuevo libro sobre Débora Arango, la sala que el museo proyecta con Envigado en Casablanca y los planes para que su obra se conozca fuera de Colombia.

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Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).

hace 22 minutos

Cuando Rafael Tamayo asumió la dirección del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) tuvo que enfrentar los coletazos de la polémica por la posible venta de dos obras de Débora Arango. Ahora, casi un año después, hay todo un plan para exaltar la obra de la artista envigadeña. Este mes, Celsia presentó su ya tradicional libro de la colección de homenaje a artistas colombianos titulado Débora Arango. La pintora que incomoda, pensado y editado con el MAMM. Hablamos con Tamayo.

¿Cómo nace la idea de este libro sobre la obra de Débora Arango?

“Empezó el año pasado, aunque ya estaba en el tintero desde antes: le habíamos estado buscando financiación. Aunque todas las obras de la donación de la maestra están en la web con su información completa, queríamos también un libro con un par de textos, casi como el catálogo de esas obras. Después de tocar varias puertas, Celsia, por intermediación de Ricardo, se animó a financiarlo, con la idea de que un volumen del primer tiraje se entregara en su asamblea de accionistas. El texto de Estrella de Diego es muy bello, y el de Juliana González también es muy interesante. Existe también en pasta blanda, más de consulta, que es el que estamos vendiendo en la tienda a 120.000 pesos; los recursos son sobre todo para el fondo Débora Arango del museo. Coincidió con el catálogo de la exposición del Santa Clara, y para la Fiesta del Libro de septiembre lanzaremos esos títulos junto con los catálogos del ciclo de exposiciones que se está cerrando. Paradójicamente, lo digital termina siendo más frágil, se puede perder más rápido”.

Ya no se hacen tirajes de diez mil ejemplares, son tirajes muy cortos, pero la gente los busca y los atesora; lo virtual, en cambio, parece estar entrando en crisis.

“Siempre he sido muy analógico. Cuando fui director de Bibliotecas de Bogotá defendí pagar las membresías de las bases de datos y luché por no dejar bajar el presupuesto de compra de libros. Creo que no hay ningún invento como el libro impreso, y si hay una lucha entre lo digital y lo impreso, la está ganando el impreso, sin duda, aunque son complementarios”.

Después de la pequeña crisis que hubo el año pasado con el tema de Débora Arango, ¿qué tienen pensado, con lo que acaba de hacer el Museo de Antioquia como referencia?

“Lo que hizo el Museo de Antioquia está enmarcado en la Temporada Cultural de Medellín, liderada por la Promotora. Nosotros presentaremos “Débora inmersiva”, una experiencia para niños y jóvenes en el quinto piso, con producción externa y equipos importados; no tenemos los recursos del Museo Van Gogh, pero está quedando muy bella. Es, además, una manera de hacer pedagogía: me angustia pensar que, sin ella, maestros como Botero, Pedro Nel o Eladio Vélez queden como referentes solo para las generaciones que ya nos estamos envejeciendo. Hay que ponerle a eso una mirada más juvenil, para que no parezca una lucha entre lo moderno, que ya parece clásico, y lo contemporáneo. Esperamos mucho público del 25 de septiembre al 25 de octubre.Hay un trabajo que quiero resaltar: lo que estamos haciendo con Casablanca, en Envigado. Tenemos un convenio con la entidad que contrató la Alcaldía para la restauración de la casa y la construcción de la parte de atrás, una vez el Ministerio de Cultura autorice los espacios educativos y expositivos. A la casa restaurada no se le puede poner aire acondicionado ni control de humedad, y las obras BIC hoy tienen otros requisitos de conservación que el MAMM debe cumplir. Trabajamos para que la sala nueva sea una gran sala en Envigado con las obras que la maestra le entregó al museo: no caben las doscientas cincuenta, pero sí unas cincuenta o setenta, que se irán rotando, porque al ser BIC no pueden estar expuestas todo el tiempo”.

¿Sería una sala satélite del MAMM, o ustedes simplemente están asesorando?

“Todavía está por definirse. Esta administración alcanza a avanzar con la construcción, y será la próxima la que decida cómo operar la casa: directamente desde la Secretaría de Cultura de Envigado, o a través de un tercero. Desde el MAMM siempre hemos manifestado interés en operarla junto con la Secretaría, aportando las obras y la experiencia que tenemos con Débora Arango; buscar un nuevo curador cuando ya hemos hecho más de cien exposiciones suyas sería ineficiente. Con el Museo de Antioquia también sigo en contacto, para cuando termine de remontarse la Sala de Historias, donde vendrán actividades en conjunto. Además, uno de nuestros programas con artistas locales, ahora en la Sala D, son los “Diálogos Débora”: en cada exposición hay una obra suya que quien participa selecciona según su propia temática. Es, en parte, la respuesta a la pregunta por una sala permanente en el MAMM: no tenemos tantas salas, pero con los “Diálogos”, las del Museo de Antioquia y la de Envigado ya tenemos un par de salas potentes para la ciudad”.

¿Esa sala de Casablanca está presupuestada? ¿Para cuándo sería?

“Depende. Ya presentamos los planos con el Ferrocarril de Antioquia, también aliado del proyecto, y falta la aprobación del Ministerio de Cultura, que ya aprobó la restauración de la casa principal. Las obras empiezan este mes, y creo que antes de fin de año saldrá la respuesta de la segunda etapa; posiblemente, a finales del año próximo se quiera inaugurar la sala”.

Como cuando uno va a México y visita la casa de Frida: eso se volvió un fetichismo, ahora que la clase media puede viajar siguiéndoles los pasos a escritores y pintores. Un libro de estos, ¿qué uso tiene además de ponerlo en la mesa?

“El libro tipo coffee table tiene la misma utilidad que cualquiera —se puede leer—, pero también hace parte de unas dinámicas propias de biblioteca; por eso quisimos también la edición en pasta blanda, más pequeña y de consulta, que intercambiamos con bibliotecas especializadas y centros de documentación en museos. Los tirajes hoy no son grandes: casi todos los que he visto en los últimos años son de quinientos ejemplares; mil ya es mucho. Hay una función del libro que tiene que ver con lo histórico y con la memoria: en lo digital, aunque las cosas estén ahí, no se consultan igual. Desde que abrimos la biblioteca en enero llevamos la contabilidad de quienes consultan en sala, y es impresionante el uso de materiales como estos, tanto por entretenimiento como para investigación académica. Este libro, además de visibilizar la colección, tiene 238 imágenes; nosotros tenemos 248 obras de Débora en total, así que, con excepción de diez bocetos, prácticamente todas las que están en el MAMM están en este libro. Eso me parece muy importante, sobre todo después de todo lo que pasó el año pasado: la gente puede saber qué obras están en el MAMM y cuáles en la sala del Museo de Antioquia. Es un poco esta idea de accountability: mostrarle a la gente qué obras son y dónde están.

Algo que me sorprendió al llegar fue el nivel de cuidado que ha tenido el MAMM con estas obras: hay bocetos con cien años que no están borrados, cuando suelen borrarse con el tiempo. Las recién exhibidas estuvieron antes en la finca de la maestra, sin control de humedad ni de temperatura; qué bueno que ahora estén en un museo que sí las puede conservar. El libro es una manera de que esas obras que están en la reserva, y que salen a veces al museo o a otras salas, estén ahí para todos, sin que la gente tenga que preguntarse dónde está tal obra de Débora. Ser transparentes con todos es una ganancia”.

Pero lo cierto es que la obra grande está en el MAMM, ¿no?

“Sí, y no es solo una opinión personal: la declaración de Bien de Interés Cultural tuvo una evaluación artística e histórica, y la otorga el Ministerio de Cultura. No toda la obra de Débora es BIC: una obra que no lo es puede entrar en el comercio de quien la tenga, así que la familia que le prestó al Museo de Antioquia podría comercializar las que no son BIC. Las que sí lo son tienen autorizaciones específicas de exposición, conservación y restauración, y deben descansar de la iluminación cada seis meses en la reserva. Creo que, cuando la maestra hizo la donación al MAMM, después de su primera gran retrospectiva en 1984, con la que quedó muy feliz, entregó sus obras principales y más queridas para la conservación del museo. Eso no quita que las del Museo de Antioquia sean importantes; pasa con todos los artistas —con Botero, hay obras clave en el Banco de la República, pero el grueso está en el Museo de Antioquia—. Las que irán a Casablanca serán, sin duda, obras BIC del MAMM, y las curadurías dependerán del diálogo con la Secretaría de Cultura de Envigado, con temáticas como las que ya trabajamos en Bogotá con el Museo Santa Clara y el Claustro San Agustín: mujeres, política, religión, campesinos, vida cotidiana, paisajes, arquitectura”.

En las visitas que reciben, ¿hay un interés particular de los turistas extranjeros en la obra de Débora Arango?

“Sí hay interés, pero más de turistas nacionales, de otras regiones del país. El público extranjero no la conoce tanto; no es el fenómeno Botero, y la razón principal es que su obra está concentrada en una sola institución, lo que hace más difícil que la conozca más gente. Las obras de Botero han circulado en galerías por todo el mundo; el caso de Débora es distinto, y no hay, que yo sepa, ninguna galería interesada en exhibirla para vender. Pienso que la manera en que los extranjeros van a conocer más su obra es a través de convenios con museos latinoamericanos. Te adelanto que hay una conversación inicial con el Malba, en Buenos Aires, que tiene una exposición sobre mujeres y cuyas curadoras están interesadas en incluir un par de obras de Débora. Hemos tenido unas cuatro o cinco exposiciones en el extranjero, entre ellas una gira por museos estadounidenses en 2013, y estamos en conversaciones con México, aprovechando que nuestra curadora también es mexicana. Después vendrían aliados más cercanos, como el Reina Sofía, con quien ya hemos trabajado”.