Generación

“Un sello editorial disidente es un faro para otras formas de existencia”: Violeta Gómez

La edición literaria responde a un conjunto de decisiones estéticas y políticas. En esta entrevista, una editora independiente reflexiona sobre su oficio y la producción bibliográfica.

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19 de agosto de 2026

Detrás de cada libro hay una red invisible de decisiones curatoriales, gestiones logísticas y un rigor que desafía la visión bastante romantizada del gremio editorial en Colombia. La trayectoria de Violeta Gómez, editora, escritora y también trabajadora en varios proyectos en literatura a lo largo de los años, abarca casi la totalidad del ecosistema editorial en el país: ha hecho parte de proyectos como el portal Leo Independiente, el programa Libro al Viento, y de algunas librerías en Bogotá, y actualmente es directora comercial de La Diligencia Libros. Su camino demuestra que publicar no es un acto aislado sino un engranaje en el que el derecho, el criterio y la sostenibilidad financiera mantienen toda una coreografía.

Desde 2024 Violeta cofundó Saudade Libros, sello especializado en literatura disidente y concebido como una apuesta estética y política urgente. El catálogo, compuesto hasta ahora por los títulos Zezé, de Ángeles Vicente; La lesbiana, el oso y el ponqué de Andrea Salgado, y Cuerpos para odiar de Claudia Rodríguez, abordan formas de contar el mundo y existir desde lo diverso.

Violeta entiende el libro más allá del contenedor de algo; en un contexto acelerado y digital, su mirada editorial reivindica lo analógico y el criterio humano, además de una visión de lo independiente desde la autonomía, más allá de una etiqueta abstracta. En sus palabras el libro, desde el corazón romántico de su creación hasta la facturación electrónica, es un proceso profundamente político.

¿Cómo te vinculaste al mundo editorial?

“Yo estudié comunicación social con enfoque en producción editorial en la Universidad Javeriana y desde la carrera empecé a involucrarme mucho en el gremio. Asistía a reuniones que hacía la Cámara Colombiana del Libro en donde nacieron iniciativas importantes como Noviembre Independiente y el pabellón de independientes de la Feria del Libro de Bogotá; hice también una monitoría con un profesor editor; mi proyecto de grado fue un catálogo de editoriales independientes al que después cedí los derechos a la Cámara del Libro, que se convirtió en Leo Independiente, la plataforma donde está albergada creo que la mayor cantidad de información sobre editoriales independientes en Colombia. Hice edición, corrección y diseño por encargo, trabajé como librera, incluso hace unos años con otros socios fundamos un proyecto de librería en el norte de la ciudad. Desde entonces trabajo como directora comercial en la Diligencia Libros; hago parte del Consejo Editorial de Libro al Viento, y fundé con Isabella Varela, mi esposa también editora y librera, Saudade Libros, un sello independiente especializado en literatura disidente”.

Hay desde hace unos años un florecimiento de lo independiente que se ha convertido también en un apellido en el que no nos detenemos mucho, ¿qué significa realmente?

“Creo que lo independiente puede responder a muchas cuestiones, digamos que en la que muchas personas concordamos es en el origen de los recursos: lo independiente no responde a financiaciones de grupos económicos grandes y precisamente por estar desligado a esos capitales se permite y se “da el lujo” de publicar desde otros criterios y tomar decisiones más autónomas en cuanto a lo editorial. En ese sentido hay detrás un editor, una editora, que está tomando decisiones curatoriales no exclusivamente ligadas al potencial económico que tenga un libro, sino por ejemplo a qué es lo que ese libro está diciendo sobre un momento específico de la historia, sobre una sociedad. El camino tradicional de muchas de las grandes voces de la literatura es que empiezan siendo publicadas por editoriales independientes que toman un riesgo y una apuesta, más adelante que “estallan” son captadas por sellos grandes. No hay una cosa mejor que la otra, es importante ver cómo funciona el panorama independiente y el comercial, cada uno tiene sus pros y contras, y en el caso de lo independiente es valioso entender que hay un trabajo de criterio detrás y la visión de alguien abriéndole espacio a voces que no necesariamente son las tradicionales y que dice: ‘Esto merece ser publicado’”.

Tu camino ha estado diversificado desde el trabajo de escritura y edición pero también la distribución y el negocio más tangible y logístico, algo de lo que poco se habla en el gremio cultural.

“Sí, en realidad la cadena del libro está bastante romantizada. Y tanto desde mi experiencia en La Diligencia como ahora con un sello editorial propio, he podido ver todo lo que hay detrás del universo editorial que no tiene nada que ver con el libro: la firma de contratos, contratos de traducción, autores, derechos. Todo ese tipo de temas en los que realmente hace falta más formación y entendimiento, pues el gremio funciona como una cadena en la que hay detalles legales todo el tiempo, unos marcos que por supuesto afectan el engranaje final. Es muy hermoso escribir, hermoso tener una editorial, pero tomárselo en serio implica algo que se ve más como una tabla de excel, que legal y económicamente implica unos procesos en cada uno de los nodos y que parece una línea sólida pero es realmente débil porque si uno de los de los nodos falla y deja de ser responsable con los otros nodos, pues se cae toda la cadena. O sea, si una librería no le paga a la distribuidora, la distribuidora no puede pagarle a la editorial, la editorial no puede pagarle al autor, y eso lo que hace es que crea un efecto dominó en el que cada pequeña parte, que además responde por otras pequeñas partes, se ve afectada”.

Por la misma línea del sistema del libro también como un negocio que requiere su propia sostenibilidad, ¿qué tan cierto es que hay un boom del impreso?

“Al libro se le ha vaticinado la muerte desde que nació, y con cada revolución cultural o tecnológica siempre surge de nuevo: “Ah, esto va a matar al libro”. Todo esto pasa y al final el libro físico sigue reinando de alguna manera. En Colombia los libros que más se mueven son los de autoayuda o esoterismo financiero como les llamo yo, lo que también es una radiografía de un país en el que las personas están buscando siempre cómo tener más dinero, cómo subir la escala social y ser más productivo. Sin embargo lo que vengo notando hace un tiempo es que con la producción con la IA y la posibilidad de la pérdida del pensamiento crítico, hay muchas personas que están volviendo a lo físico, a lo análogo, al criterio humano detrás de las cosas. Es un hecho que hay un hostigamiento de esta rapidez impuesta y digitalidad, y ahí es cuando el libro como objeto adquiere un valor importante. Creo que el libro como objeto invita también a una relación diferente con los ritmos, que es algo que está tomando muchísima fuerza: el gusto, el placer y la reivindicación de hacer actividades no mediadas por objetivos de productividad sino por el placer mismo”.

Es común en lo independiente y en el trabajo de Saudade un cuidado del libro como objeto, más que un contenedor de literatura, ¿por qué?

“El libro es un objeto sensorial, y en esa medida desde la creación de un libro desde cero, como lo hacemos en Saudade, nos gusta pensar que todo comunica: las tipografías, el papel, los colores, la diagramación; cuál es la guía de lectura con la que queremos llevar al lector. Es un poco también darnos valor a nosotras como lectoras y decir: ‘¿Qué es lo que buscamos en un libro?’”.

Saudade es la única editorial colombiana especializada en literatura disidente, su primer libro fue un rescate editorial de 1909 en donde se relatan relaciones lésbicas y bisexuales, ¿por qué esa decisión curatorial y esa apuesta temática tan específica?

“La literatura disidente nos parece importante como apuesta política y como una forma también de hacer una memoria histórica de lo cuir en la literatura; por otro lado, si bien nos interesan los rescates editoriales para entender a través de las épocas el universo cuir, también nos llaman las voces contemporáneas que sentimos que están hablando desde el presente, también con esta urgencia de que estamos en un momento complicado en el que está volviendo a ser muy difícil sacar estas cosas fuera, un momento en el hay muchos discursos de odio y una estructura macro todavía más difícil. La especificidad nos interesa mucho, hoy no es muy común ver tanta especificidad en proyectos culturales, si ves las librerías no suelen enfocarse en un tipo de literatura o tener sólo ciertos sellos, y ahí creo que está el ojo editorial y esta curaduría humana que es tan valiosa, un buen librero no te va a vender lo que el público está buscando, sino que va a mostrarles algo que no sabían que estaban buscando. En ese sentido, Saudade se convierte en sello muy específico desde lo político y lo estético. Para mí encontrar esas voces diversas fue difícil y pienso, por ejemplo, cómo las nuevas juventudes cuir, van a crecer en un contexto hostil, de mucha homofobia y dificultad con la diferencia, van a encontrar en Saudade historias que les interpelen, que sea como un faro con visiones y existencias afines. Con las primeras lecturas que yo hice de autores gays y trans dije: ‘Ah, ok, mi experiencia no es la única’. Básicamente darme cuenta de que no estoy sola creo que es crucial, saber que entonces existe un catálogo directamente pensado en esto, que busca voces y las representa con justicia y curaduría editorial es lo que más nos importa”.

¿El catálogo mismo opera entonces como una apuesta política?

“Yo creo que el trabajo alrededor del libro es sumamente político, es decir, la decisión de qué se publica, a qué lugares llega, quiénes pueden acceder a ello, todo es excesivamente político y no creo en esa medida que la literatura sea algo escapista, todo lo contrario, hay que repolitizar la edición, la escritura, los trabajos de difusión del libro. Siempre ha sido el momento, pero ahora más que nunca es importante entender el rol social, ético y político de un libro como un dispositivo de reconstrucción del tejido social”.