En el barrio La Iguaná, 5.000 personas viven al lado de una bomba de tiempo
Las familias que llevan más años en este barrio, fundado en 1945, aseguran que vivir al lado de la quebrada sí los atemoriza, pero no están dispuestos a irse.
Comunicador social de la Universidad Católica Luis Amigó. Trabajé como periodista en Qhubo y El Mundo. Apasionado por los deportes, las estadísticas, los temas judiciales y de movilidad. Un curioso por buscar los detalles de la noticia.
Las hermanas María Berlanda y María Obdulia Restrepo llegaron al barrio La Iguaná en 1981. Mientras sus vecinos van limpiando todo el lodo de sus viviendas tras la inundación del pasado viernes, estas mujeres recuerdan como en al menos cinco ocasiones se les ha metido la quebrada a sus casas en los últimos 45 años. Pese a ello, dicen que no dejan su barrio por nada del mundo.
Sentadas una al lado de la otra, empezaron a contar las anécdotas de cada emergencia que les tocó vivir. Resaltaron que la de este viernes fue una de las más difíciles porque “el agua se nos metió de una y no como siempre, que se iba subiendo de a poquitos”, relató María Berlanda.
A vuelo de pájaro, como su memoria se los permite, ellas recuerdan varias de las inundaciones más graves que se han presentado en este barrio, que recibió su nombre en 1945 precisamente del afluente que pasa por su lado y que cada tanto se desborda.
En la lista de las mencionadas está la ocurrida el 10 de septiembre de 1988, cuando esta quebrada se salió de su cauce y arrastró a 150 viviendas de la zona, provocando la muerte de 10 personas.
“Nos tocó esa del 88, también la del 85, la del 83 y la de hace poquito, esa del 2022, que también estuvo muy fea”, comentaba María Obdulia, agregando que, si bien la vida al lado del afluente era muy difícil, considera que es la mejor zona para vivir porque queda “cerca de todo”.
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No se van
Dicen que La Iguaná queda cerca de La Minorista, el estadio Atanasio Girardot y el Centro de Medellín, y que si se van para otro lado tendrían que alejarse de esas comodidades.
Las hermanas son dos de las 5.000 personas que viven en este barrio de la comuna 7 (Robledo), fundado por desplazados de la violencia que llegaron a la margen de esta quebrada para sacar arena de su cauce. Como toda invasión, empezó con ranchos de madera y lata, que con los años se transformaron en las viviendas de hasta cuatro pisos.
Históricamente la Alcaldía de Medellín identifica a La Iguaná como una zona de alto riesgo, ordenando la evacuación de familias que están más cerca de la orilla. Sin embargo, su ubicación privilegiada hace que familias de escasos recursos, colombianas y venezolanas, no se quieran ir pese a estas emergencias.
“Nos ha tocado ver cómo varias familias son sacadas, con autoridad y todo, pero después de un tiempo vuelven y montan otra vez su casa”, comentó una de las hermanas.
Como una medida paliativa se instalaron alarmas para que los vecinos sepan que deben salir de sus casas si hay un riesgo de desbordamiento. Sin embargo, el pasado viernes estas no fueron eficientes en su labor.
“Cuando empezó a sonar todos teníamos el agua al cuello. Esta vez la quebrada bajó como una bomba y no pudimos hacer nada para salvar nuestras cosas”, comentó Ramiro Arango, quien llegó en la década de 1990 con su familia a este barrio.
Ante esto, en La Iguaná viven sorteando cada día la voluntad de su principal vecino, el mismo que no solo arrastra agua, sino los escombros y demás desechos que le lanzan aguas arriba y que contribuyen a su desbordamiento.
Un funcionario de Emvarias le decía a otro vecino, en una conversación casual: “Es que este problema también viene acompañado de la irresponsabilidad de la gente. Nada más hace un par de meses hicimos una brigada y sacamos hasta cama tarimas y más de cuatro camionados de basura”.
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El operativo al cual hizo referencia se realizó en agosto pasado, cuando personal de esta entidad sacó 80 metros cúbicos de residuos voluminosos sobre el puente de la carrera 65. Pese a esta brigada, el pasado viernes Emvarias recogió otros 50 metros cúbicos de desechos de grandes dimensiones y la mayoría venían la quebrada antes de salirse.
Javier Cárdenas, otro veterano residente de La Iguaná, dijo que antes del desbordamiento, una pila de escombros al lado de su casa también ayudó a que el agua tuviera problemas para evacuar, por lo que se metió a las 187 viviendas afectadas por la emergencia del pasado viernes.
Los damnificados no quedaron a la deriva y desde la Alcaldía de Medellín se entregaron 800 ayudas que incluyen kits de aseo, elementos para el descanso y paquetes alimentarios para sobrellevar la situación, mientras logran limpiar sus casas y recuperar lo que perdieron por este nuevo desbordamiento.
Pese a esta situación, el cometido de los habitantes de La Iguaná es limpiar todo, recuperar lo más que se pueda y seguir teniendo como vecina a la quebrada, que siempre ha sido una bomba de tiempo que puede ocasionar una tragedia más grande que la del viernes.
Las hermanas Restrepo, don Jorge y don Ramiro aseguraron que —pese a todo— este barrio es el mejor en el que pueden vivir y dejan el riesgo de una nueva emergencia en “las manos de Dios”, concluye Obdulia.