En plena era de la IA, Pedro y Guillermo aún viven de escribir a máquina en La Alpujarra
En las aceras que rodean el Centro Administrativo todavía sobreviven algunos de los últimos “tinterillos” de Medellín. Se sientan en sillas plásticas, protegidos apenas por la sombra de un árbol.
Afuera de La Alpujarra el mundo corre. Pasan buses, motocicletas, funcionarios con el celular en la mano, abogados con computadores bajo el brazo y ciudadanos que llegan con una cita agendada desde una página web. Adentro, buena parte de los trámites se mueve con claves, formularios digitales y correos electrónicos. Pero en la acera hay otro tiempo.
Una silla plástica, una mesa, una máquina de escribir, un montón de papeles y un hombre que pone una hoja en el rodillo, acomoda los dedos y comienza a golpear las teclas. No es una escena de hace 50 años. Ocurre hoy, en pleno centro de Medellín.
Allí quedan apenas unos siete u ocho de estos escribientes, conocidos popularmente como tinterillos, un oficio que parecía condenado a desaparecer con la llegada de los computadores, internet y ahora la inteligencia artificial, pero que todavía encuentra clientes entre quienes necesitan convertir un problema cotidiano en un documento que pueda llegar a una oficina pública, una notaría o un juzgado.
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Pedro Baena Giraldo tiene 70 años y lleva 28 trabajando en el mismo sector de La Alpujarra. Guillermo Pineda tiene 77 y lleva más de cuatro décadas ejerciendo el oficio. Y lo que tienen en común ambos es que sus máquinas sobrevivieron a varias generaciones de tecnología.
Por su parte, Pedro está sentado en una silla plástica detrás de una mesa de madera café oscura. Sobre ella reposa su máquina Olivetti, una pieza que, calcula, podría tener unos 70 años. El aparato parece poco funcionar, pero cuando él empieza a escribir se convierte en su mejor herramienta. “Eso no se vuelve a ver”, dice sobre aquellas máquinas que, lejos de ser antigüedades para él, todavía le ayudan a ganarse la vida.
Pedro llegó a La Alpujarra después de una vida de trabajos distintos. Antes administró bares, trabajó en cacharrerías y pasó por otros oficios hasta que terminó mirando cómo trabajaban los antiguos “tinterillos” de Carabobo. Los que le enseñaron ya murieron, sin embargo, él aprendió el oficio y se mantuvo.
Hay temporadas específicas. Agosto, septiembre y octubre son meses de declaraciones de renta. En otros momentos aparecen trámites relacionados con vehículos, traspasos y documentos ante organismos de tránsito. La tecnología, dice, les ha quitado una parte importante del trabajo.
Algunas declaraciones que antes se elaboraban a mano ahora se realizan por internet, los trámites ante cámaras de comercio también se han digitalizado y buena parte de las personas ya aprendió a hacer sus propias diligencias.
Pero hay algo que, según Pedro, todavía los mantiene vivos: hay documentos que los clientes prefieren poner en manos de alguien que sabe cómo redactarlos.
Guillermo -o “Memo” como le dicen muchos en la zona- coincide con lo que su colega sostiene. Él empezó como “tinterillo” porque, según explica, nunca lo llamaron de las empresas donde por muchos meses llevó hojas de vida.
Así que no vio más alternativa que involucrarse en dicha labor. Eso sí, un punto a favor es que ya sabía algo de mecanografía. Reconoce que en la actualidad los clientes son menos, y como hay jornadas en las que trabaja bastante, puede haber otras en las que no llega “ni un alma”. A pesar de todo eso, no desiste.
Llega de lunes a viernes, alrededor de las 8 de la mañana, y permanece hasta las 4 o 5 de la tarde. Cuando el sol cambia de posición, también cambia de lugar: busca la sombra para protegerse del calor mientras espera al siguiente cliente.
La inteligencia artificial puede redactar un documento en segundos. Un teléfono puede permitir hacer desde la casa una declaración, solicitar una cita o descargar un certificado. Un computador puede corregir una palabra mal escrita.
Pero ninguna de esas herramientas ha conseguido borrar completamente la necesidad de una persona que se siente frente a otra y le pregunta: “¿Qué necesita?” Tal vez ahí está la razón por la que este oficio sigue vigente.
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Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Qué son los tinterillos?
- Los tinterillos son personas dedicadas a ayudar a otros a redactar documentos y realizar determinados trámites que pueden ser presentados ante entidades públicas, notarías o juzgados. En Medellín, este oficio todavía sobrevive en los alrededores de La Alpujarra.
- ¿Cuántos tinterillos quedan actualmente en La Alpujarra?
- Se estima que en el sector permanecen unos siete u ocho escribientes, quienes continúan ofreciendo sus servicios pese al avance de la digitalización y las nuevas tecnologías.
- ¿Dónde trabajan los tinterillos de Medellín?
- Algunos de los últimos tinterillos de la ciudad trabajan en las afueras de La Alpujarra, donde atienden a ciudadanos que necesitan ayuda para elaborar documentos o resolver trámites.