¿Por qué las tormentas están tumbando los árboles en Medellín y qué hacer para prevenir emergencias?
Medellín es una de las ciudades más arborizadas del país, pero cada tormenta fuerte deja árboles en el suelo, calles cortadas y miedo entre quienes viven bajo sus copas. EL COLOMBIANO conoció que, además de los vendavales, hay un motivo estructural por el que esto pasa tanto.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.
Las tormentas de los últimos días han golpeado el arbolado de Medellín y han dejado al descubierto la vida dura y secreta de los árboles urbanos.
Su caída no se debe solo a ráfagas de viento de más de 70 km/h, sino también a unas raíces sofocadas y atrofiadas por espacios pavimentados demasiado estrechos. Algunos de los que cayeron estaban enfermos y debilitados por dentro, pero otros, de tronco aparentemente entero, también se vinieron abajo
Este fenómeno, que aunque puede parecer culpa solo de las lluvias, sigue poniendo a peatones y conductores en riesgo en cada temporada invernal.
El riesgo a la vida humana
Samuel Acevedo iba en su carro por Guayabal, cerca del parque de Cristo Rey, cuando el aguacero se mezcló con granizo y con una ráfaga de viento.
Sintió un golpe y decidió bajarse justo antes de que un árbol gigantesco terminara de caer sobre su vehículo. “Primero es la vida”, recuerda que pensó.
En esa misma zona, dos árboles caídos en la vía derribaron además un poste de energía y dejaron al sector de El Rodeo sin electricidad durante varias horas.
Aunque Samuel logró salir sano y salvo del incidente, quienes viven cerca de allí aún permanecen intranquilos.
Claudia Patricia Muñoz, habitante del sector, dice que lo que quedó del árbol sigue en pie, sin ninguna contención pues incluso los separadores quedaron levantados y rotos. Le preocupa que la situación no sea atendida a tiempo y genere una tragedia prevenible.
“Si vuelve a haber una lluvia tan fuerte, y un ventarrón tan fuerte como el de ese día, ese tronco que hay ahí puede quitarle la vida a una persona; un motociclista, alguien de un carro. Es demasiado grande y no lo cortaron, dejaron eso simplemente de pie”, afirma. Pide que lo retiren por completo.
La ciudad más arborizada
Medellín se ha enorgullecido por ser una de las ciudades más arborizadas de Colombia. De hecho, este año fue reconocida por cuarta vez como la Ciudad Árbol del Mundo.
Tiene cerca de 650.000 árboles, de los cuales 461.720 están registrados en el Sistema de Árbol Urbano (SAU). Este año también fue anunciada como sede de la Conferencia Internacional de Diversidad de Árboles Urbanos, cuyo lema era “Árboles urbanos para ciudades más saludables, seguras y bien gestionadas” y que incluía la gestión del riesgo asociado a los árboles entre sus temas.
Pero el aguacero del viernes 9 de octubre dejó otro balance. El Siata registró ventarrones de más de 71 kilómetros por hora, y de los 32 eventos que atendieron las brigadas en Medellín, 23 fueron desplomes de árboles. Según la Alcaldía, entre el 9 y el 13 de octubre se atendieron 37 puntos por árboles caídos, ramas sobre las vías y situaciones de riesgo.
Fue una tarde larga. Según el Siata, la lluvia empezó a formarse en Caldas y el oriente de Medellín y hacia las 3:30 p. m. ya cubría todo el sur del Valle de Aburrá. Hacia las 5:20 p. m. fue tan fuerte que provocó crecidas en las quebradas y no cesó hasta cerca de las 9:10 p. m.
Dieciocho quebradas llegaron a alerta roja y cientos de familias resultaron damnificadas, sobre todo por las inundaciones después de que La Iguaná se desbordara.
El problema es de raíz
Guillermo Vásquez, profesor del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional, afirma algo que va en contravía a la idea de Ciudad Árbol: “¿Dónde comienzan los problemas? Que Medellín no es una ciudad que fue construida pensando en áreas verdes”.
Según cuenta, hace cuatro décadas tenía muchos menos árboles. En las últimas tres, se convirtió en la mejor arborizada del país, por iniciativa de la gente y del Distrito y el Área Metropolitana. Pero los árboles se plantaron improvisadamente en donde cupieran, en franjas verdes estrechas, con fondo duro y rodeadas de cemento, asfalto y aceras.
Él explica que allí la raíz queda “encapsulada”. El árbol crece hasta 15 o 20 metros, con troncos de 40 o 50 centímetros, pero con un sistema radicular incapaz de aguantar la presión de un vendaval.
“El árbol actúa como una vela”, dice Vásquez. El follaje recibe el viento, y la raíz, sin tener anclaje suficiente para sostenerse, termina sucumbiendo.
A esto, agrega otra razón: la vejez. Con los años, las ramas y el tronco se huecan y se pierde la estabilidad. Todo sumado, permite que los vendavales que han arrancado techos puedan también sacar árboles que en apariencia se ven robustos y erguidos.
El ingeniero forestal Mauricio Jaramillo, que ha trabajado en la siembra de árboles en obras públicas de Medellín durante varias administraciones, agrega a todo esto un matiz y es que precisamente algunos de los árboles más peligrosos parecen sanos.
Para explicar esto, pone como ejemplo el falso laurel. Según dice, se podría dar una vuelta alrededor del tronco de este árbol y encontrarlo completamente sano. “El problema está en que el sistema radicular, por las condiciones del suelo y el confinamiento, es tan débil que no soporta el peso del árbol cuando se enfrenta a corrientes que superan los 70 u 80 kilómetros por hora”, afirmó.
Ahí está la dificultad. Cuando un técnico evalúa el estado de un árbol, mira la sanidad de la corteza, y si no hay daños visibles, el árbol parece sano. “Uno mira árboles sanos y después del próximo aguacero resultó el árbol que se cayó”, dice.
Según su estimación, entre el 90% y el 95 % de los árboles volcados en estos aguaceros son falsos laureles o falsos cauchos. Él cuenta que esta especie se introdujo en la ciudad hacia los años cuarenta y cincuenta y, desde los sesenta y setenta, se usó como planta de interior en casas de estratos altos, como lo era el barrio Prado, en grandes macetas. Pero dice que cuando el árbol llegaba al techo, simplemente lo sacaban a la calle.
Luego lo sembraban en una franja verde de un metro o un metro veinte. Hoy esos árboles alcanzan unos 23 metros de altura y copas de 17 a 23 metros de diámetro.
Según su memoria, antes los que más caían eran los eucaliptos, pero esta especie exótica, que para muchos científicos es invasora, fue desapareciendo del espacio público y los falsos laureles tomaron su lugar.
Tormentas en un año seco
Aún con todo, para sorpresa, estas lluvias han sido menores de las esperadas. Según el Siata, septiembre quedó por debajo del 70% de lo proyectado y los modelos prevén octubre y noviembre también por debajo de lo normal.
Esto en parte es causado por el fenómeno de El Niño, que no elimina las lluvias, pero sí las reduce. Julián Sepúlveda, líder meteorológico del Siata, explicó que los días de intenso calor sumado con la temporada invernal han generado una atmósfera inestable que puede provocar tormentas muy localizadas e intensas.
Es en este contexto que el agua que no encuentra ruta entre el asfalto y cemento se va a llenar y desbordar las cuencas o a saturar los suelos, debilitando aún más los amarres de las raíces.
Las dudas que quedan
La Alcaldía informó que tiene 2.428 árboles con ficha de riesgo para tala, de los cuales ha intervenido 2.094 y quedan pendientes 334 a octubre de 2026. El registro se actualiza con reportes ciudadanos y los tratamientos incluyen dendrocirugías —procedimientos quirúrgicos sobre el árbol—, controles fitosanitarios, manejo de raíces y podas.
En las emergencias trabaja con diferentes entidades para el manejo de los incidentes como el que vivió Samuel Acevedo; Emvarias, el Jardín Botánico, Bomberos, el Vivero Municipal y EPM.
La voz experta de Jaramillo reconoce el trabajo de la Secretaría de Infraestructura y del Área Metropolitana, pero sostiene que les falta capacidad logística: cuadrillas y presupuesto.
Él por su parte propone un plan por corredores viales y barriales, que empiece por los árboles más grandes y viejos, sin talar a ciegas. Insiste en que todo árbol que se tale debe reemplazarse de inmediato, retirando el tocón y sembrando una especie de buen porte, no un arbusto.
Vásquez, por su lado, reconoce que a veces las cuadrillas enfrentan a comunidades que se oponen a talar. Jaramillo recuerda además los daños de ciudadanos que anillan o queman los árboles.
Qué hacer mientras tanto
Vásquez afirma que los accidentes siempre podrán ocurrir. Por eso recomienda evitar el paso de personas, carros y motos por zonas arboladas durante un vendaval, y no refugiarse bajo las copas cuando empieza a llover. Esto, además, puede ser muy riesgoso durante tormentas eléctricas.
Jaramillo habla de un “triángulo del riesgo”: árbol, gente y construcciones. Si el vendaval lo sorprende en el carro, aconseja parar lejos de los árboles grandes.
Árboles viejos y patrimoniales: ¿cómo cuidarlos de la temporada invernal?
La historia de la ciudad se puede contar a través de sus árboles más antiguos. Muchos de los medellinenses más viejos cuando ven un árbol no solo ven un tronco y sus ramas, sino que recuerdan sus propias vidas.
Según la Secretaría de Medio Ambiente, 697 árboles están declarados oficialmente patrimonio natural y cultural por su valor histórico, simbólico, ecológico y paisajístico. Otros 227 como históricos, 376 de interés público y 94 notables.
Entre ellos están los 102 guayacanes amarillos y rosados sembrados en 1926, cuando se creó el barrio Prado, por iniciativa del urbanista Ricardo Olano. Las flores de estos árboles coronaron los pensamientos de Héctor Abad Gómez, el ingenio de Juan de la Cruz Posada, las palabras de Jorge Franco y otras figuras notables de la ciudad.
También están los altos de la Plazuela San Ignacio, que vieron a los nadaístas quemar libros como manifestación de rebeldía y ahora ven a jóvenes y ancianos compartir la tarde alrededor de tableros de ajedrez.
Y no se puede dejar de nombrar la ceiba bonga, esa especie considerada como los alcázares del mundo terrenal e infrahumano por los maya, que hay en la avenida La Playa, plantada hacia 1857 a orillas de la quebrada Santa Elena; el árbol más antiguo del que se tiene registro en la ciudad.
“Estos tienen memoria, identidad y cultura, porque cada uno evoca una calle o comuna, y dan cuenta de lo que fue Medellín”, explicó Lucenit Solano, ingeniera agrónoma y encargada de Zonas Verdes y Silvicultura Urbana de la Secretaría de Medio Ambiente.
El debate sobre qué hacer con un árbol viejo siempre tiende al fatalismo de pasarle una sierra o un hacha y solucionar el problema de tajo, pero no siempre debe de ser así y ya Medellín lo ha demostrado.
En 2024, por ejemplo, la ciudad discutió talar el enorme piñón de oreja que está frente a la casa El Jordán, en Robledo, la histórica fonda que fue parada obligatoria de los viajeros del occidente Antioquia del siglo pasado.
Ese enorme piñón amenazaba con caerse precisamente por lo viejo, pero así como la casa, la ciudad decidió darle cara a esa porción de su historia y sostenerla.
Entonces, el ingeniero forestal Mauricio Jaramillo ideó un artilugio para mantenerlo. Diseñó el armazón rojo que aún hoy lo sujeta y que, en sus palabras, podrá darle “una muerte digna”. Este inmenso árbol lleva sembrado allí y dando sombra a los caminantes del barrio Robledo desde 1910.
Este tipo de técnicas avanzadas de arboricultura moderna, que están enfocadas en la estabilización estructural de los árboles, el mantenimiento de la salud del suelo en el que están plantados y podas de reducción de la carga que soportan, podrían dar otra respuesta un poco más esperanzadora y romántica a la pregunta.
Algunos métodos como podar la copa unos cuantos metros para reducir el “efecto vela”, poner soportes metálicos o de cuerdas para ayudar al sostenimiento del árbol, o muchas otras, pueden ser la alternativa para conservar la vida de esos ancianos que han logrado sobrevivir a las inclemencias del tiempo y atestiguar el paso de una Medellín fría, construida a lomo de mula e ingenio paisa, a esta de primaveras, megaempresas e innovación.
Entérese: Estos son los árboles más viejos e impresionantes de Medellín
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Por qué se caen árboles que lucen completamente sanos durante las lluvias en Medellín?
- Porque el deterioro no siempre está en la corteza o el tronco, sino en la raíz. Al estar confinadas en franjas de pavimento estrechas de un metro de ancho, las raíces no logran anclarse con firmeza, lo que provoca que el follaje actúe como una “vela” que se vuelca ante vientos superiores a 70 km/h.
- ¿Cuáles son los árboles declarados patrimonio que se deben proteger en la ciudad?
- Medellín cuenta con 697 árboles patrimoniales, entre ellos la Ceiba Bonga de La Playa (1857), los guayacanes del barrio Prado (1926) y el Piñón de Oreja de El Jordán en Robledo (1910), los cuales requieren mantenimiento especializado como soportes metálicos y podas de alivio de carga.
- ¿Qué debe hacer un ciudadano ante el riesgo inminente de caída de un árbol?
- Debe reportar la situación a la línea de emergencias 123 o ante la Secretaría de Medio Ambiente para que los ingenieros forestales realicen la evaluación técnica e incluyan el ejemplar en el registro de intervención del Sistema de Árbol Urbano (SAU).