Medellín

Medellín rompe récord de 1,2 millones de turistas extranjeros en 2025; ¿cuál es el techo?

La cifra representa un crecimiento del 11,7% respecto al 2025. ¿Hasta dónde seguirá creciendo el turismo en la capital antioqueña y la región, y cómo mitigar los efectos negativos?

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Estudió Comunicación Social y Administración de Negocios en la Universidad Eafit. Llegó a El Colombiano en 2022 para escribir crónicas y reportajes, y ahora hace parte del Área Metro. Antes trabajó haciendo pódcast.

hace 3 horas

Otra vez Medellín alcanzó un récord de visitantes. La ciudad que alguna vez fue la más violenta del mundo es, especialmente después de la pandemia del Covid, uno de los destinos favoritos para pasar vacaciones en todo el mundo.

En el 2025, por el aeropuerto José María Córdova entraron 2.059.000 personas de las cuales el 58%, es decir, cerca de 1,2 millones, fueron extranjeros no residentes en el país. La cifra de turistas internacionales, sin embargo, puede ser mayor, pues esta no tiene en cuenta a quienes no llegan directamente desde el extranjero sino desde otras ciudades del país como Cali, Bogotá, Cartagena o Barranquilla.

De esas personas, hay datos variados: el 32% proviene de Estados Unidos; el 16% de Panamá; el 9% de República Dominicana y México, y un 7%, de España. 95 de cada 100 vienen a hacer turismo.

La mayoría de los turistas extranjeros tienen entre 30 y 39 años y el 51% son hombres, mientras que el 49% son mujeres, dos de cada tres camas de los hoteles se la pasan ocupadas.

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Se quedan en promedio cuatro noches y por día gastan casi 200 dólares. Los planes obligatorios son ir a la comuna 13, a Provenza, a Guatapé y a las gordas de Botero.

Todo eso se sabe desde hace varios años ya, gracias a un sistema de inteligencia turística que recopila y publica la información sobre los turistas, hoteles y atractivos turísticos de la ciudad.

Lo que no se sabe todavía, al menos no con la precisión de una cifra, es hasta cuándo la ciudad y la región (porque llegan a Medellín pero se quedan en todo el Valle de Aburrá y algunos viajan a otras subregiones del departamento) podrá seguir recibiendo más y más turistas todos los años, aún cuando las filas en el aeropuerto son cada vez más largas y no hay noticias de una segunda pista; y los principales atractivos turísticos están a tope y las camas en los hoteles se agotan en un fin de semana de conciertos y las personas ven subir los precios de la vivienda, los restaurantes y las cafeterías y señalan como culpables a esos sujetos que andan por los barrios en chanclas cargados de botellas de agua innecesarias.

El cuello de botella es el aeropuerto

La principal limitante física para el crecimiento continuo del turismo en la región tiene nombre propio: el aeropuerto José María Córdova. Desde hace años, la infraestructura aeroportuaria opera bajo una presión insostenible. El terminal aéreo movilizó 14,5 millones de personas en total durante 2025, una cifra que supera con creces su capacidad instalada de 11 millones. Esta saturación se traduce en congestiones frecuentes, largas filas y espacios desbordados, especialmente en las horas pico, donde la operación aérea ha crecido un 5,7% frente al año anterior.

Consultada sobre el potencial del crecimiento turístico de la región, Ledys López, directora del grupo de investigación en estudios empresariales y turísticos del Colegio Mayor de Antioquia, asegura que “el techo de Medellín se lo pone el aeropuerto. Es un cuello de botella importantísimo”.

En ese diagnóstico hay consenso. Ana María López, secretaria de Turismo de Medellín, admite que “por ahora, sí estamos en un techo debido a que la capacidad de nuestros aeropuertos está casi que al tope. Es una situación que todavía no va a cambiar a corto plazo debido a que todavía no tenemos la proyección de la segunda pista”.

A pesar de las constantes solicitudes de la veeduría técnica (un grupo conformado por organizaciones gremiales y académicas que se unieron para vigilar el desarrollo del plan maestro de la segunda pista del aeropuerto) y gremios como la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) y la Sociedad Antioqueña de Ingenieros, el plan maestro para la segunda pista sigue sin luz verde por parte de la Aerocivil. Martín Alonso Pérez, vocero de la veeduría, advierte que la falta de definiciones técnicas y financieras —con presupuestos que oscilan entre $14 y $22 billones— mantiene la ampliación “en el aire”, mientras el tráfico no da señales de desaceleración. Aunque se han pactado obras menores por $150.000 millones para elevar la capacidad temporalmente a 17 millones, estas son soluciones paliativas ante un desafío estructural que requiere llevar la terminal a 40 millones de pasajeros anuales.

No es más sino mejor turismo

Ante la imposibilidad física de traer un volumen infinitamente mayor de personas, expertos coinciden en que la estrategia de la ciudad debe girar hacia la cualificación del visitante. La premisa es clara: si no pueden venir más, que vengan los que dejan más valor. Juan Esteban Franco, líder de turismo en Comfama, plantea que el crecimiento futuro no debe ser en volumen, sino en calidad: “El turismo puede seguir creciendo, pero no de cualquier manera”.

Este “mejor turista” se define no solo por su capacidad de gasto, que ya es significativa con un promedio diario superior a los $450.000 en Antioquia (el segundo más alto del país después de Bolívar), sino por su comportamiento y sus intereses. La Secretaría de Turismo asegura que quiere atraer viajeros interesados en la cultura, la naturaleza y el bienestar, alejándose del perfil del turista que busca excesos, drogas y explotación sexual.

Aunque ese vuelco aún no se ha dado, para los expertos Medellín ha experimentando una transformación en el perfil de sus visitantes. La ciudad ha dejado de ser un destino exclusivo de exploración y ha entrado en una “fase de consolidación”. Ahora, emergen nichos de alto valor como el turismo de salud y bienestar.

Inversionistas locales y extranjeros han inyectado millonarios capitales, como 35 millones de dólares en el nuevo Wake BioHotel (en el que se hospedó Messi la semana pasada), que apuntan a convertir a la ciudad en una capital del “antienvejecimiento”. Aunque el turismo médico sigue siendo minoritario, cada vez son más los extranjeros que buscan tratamientos estéticos y regenerativos de alta calidad a precios competitivos. Este tipo de visitante suele tener estancias más largas, que han pasado de un promedio de tres días a cerca de cinco o siete, lo que significa más gastos en sectores diversos como la gastronomía, el transporte y el comercio.

No obstante, este crecimiento en valor debe ir de la mano en la formalización del empleo y de las condiciones económicas y sociales para los locales. La industria no puede limitarse a llenar vacantes; debe garantizar que oficios como la hotelería o la guianza sean vistos como proyectos de vida y no como trabajos de paso. Franco advierte sobre la necesidad de dejar un legado real en la comunidad: “El turismo está generando muchos empleos, pero tenemos una oportunidad muy grande en que sean de calidad, bien remunerados”. Esto implica cualificar el talento humano para que la bonanza del sector se transfiera a la base de trabajadores y profesionalice un servicio que, a menudo, cojea en la informalidad.

Diversificar la oferta

Para aliviar la presión sobre las zonas saturadas de Medellín, como El Poblado y la Comuna 13, hay que diversificar la oferta. “Hay una alta concentración del turismo en Medellín. De ese 1,2 millones de visitantes extranjeros, la gran mayoría se queda en la ciudad”, explica Ledys López. La estrategia entonces consiste en redistribuir estos flujos hacia otros barrios y municipios de Antioquia.

Dentro de la ciudad, iniciativas comunitarias en Manrique, Aranjuez, Castilla y Barrio Antioquia están ganando tracción. En Manrique, el macromural Constelaciones y la oferta gastronómica de la carrera 45 ofrecen una narrativa urbana distinta; en Castilla, el tour del punk rescata la memoria de resistencia de los años 80; y en Barrio Antioquia, las batallas de freestyle y el microfútbol atraen a quienes buscan la autenticidad barrial. Según la Secretaría de Turismo, ya existen al menos 13 iniciativas en barrios populares con distintos niveles de madurez que generan empleo para cerca de 5.000 personas.

Sin embargo, el verdadero desfogue está en la región. Medellín actúa como una “sombrilla” que atrae al visitante, pero la experiencia debe extenderse a los pueblos patrimoniales y de naturaleza. “El turista viene, disfruta de la vida nocturna y la gastronomía de Medellín, pero eso se agota. Ahí aparecen las regiones: Jardín, Jericó, el Oriente antioqueño”, señala Franco.

No obstante, conectar la oferta de Medellín con la de los municipios tiene problemas de infraestructura y formalización. Franco pone un ejemplo común: “Un alcalde puede promocionar “la cascada más bonita del mundo”, pero si el lugar no es accesible, seguro, ni cuenta con servicios públicos o protocolos de seguridad, simplemente no es un producto turístico viable”.

A pesar de estas dificultades logísticas, la distancia no debería ser una excusa absoluta si el producto es de calidad. López argumenta que en países como Guatemala o Perú, los turistas recorren trayectos de hasta seis horas o más para visitar sitios icónicos como Tikal o Machu Picchu. “Si lo que tú vas a ir a consumir es una experiencia, la gente está dispuesta a hacerlo”, asegura la experta, y agrega que la clave está en la estructuración de operadores organizados que garanticen la experiencia, más que en la inmediatez del viaje.

Go home?

El crecimiento acelerado del turismo ha traído consigo las fricciones naturales de la gentrificación y la convivencia. “Esos choques son normales y están documentados en ciudades que dan un salto hacia el turismo de manera precipitada”, afirma Ledys López. Los residentes de zonas turísticas enfrentan el encarecimiento del costo de vida, el ruido y la competencia por el espacio público. En Provenza y Manila, en El Poblado, se acabaron los vecinos. Ni hablar de lo que ocurre en el Parque Lleras, donde, según la alcaldía, hay criminales internacionales que controlan una red de trata de personas, explotación sexual y narcotráfico que funciona delante de los ojos de todo el mundo. A los paisas nos dio pereza volver a Guatapé porque el tráfico es insoportable, y a quienes en algún momento soñaron con vivir allí buscando “un lugar del mundo sin odio y vivir tranquilo”, como dice la canción de Diomedes, ahora les toca aguantarse el ruido de los helicópteros y de los barcos convertidos en discotecas día y noche.

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Hace un par de años, empresarios del entretenimiento pusieron la “sucursal de Provenza” en la Plaza Botero, un intento fallido de llevar la oferta de entretenimiento de lujo al centro de la ciudad, que chocó con las realidades sociales de la zona, como la presencia de habitantes de calle y el consumo de sustancias, sumado a una competencia desleal y problemas de seguridad. La turistificación forzada sin resolver los problemas estructurales del territorio no es sostenible.

La premisa para mitigar este impacto, según Juan Esteban Franco, debe ser: “Si queremos que el turista esté cómodo, primero tienen que estar cómodos los locales”. Esto implica que los beneficios del turismo no se queden solo en los empresarios, sino que se traduzcan en bienestar para la comunidad a través de empleos de calidad y mejoras en el entorno.

Uno de los aspectos más críticos de la gestión turística en Medellín sigue siendo la lucha contra la explotación sexual y el turismo de excesos. Se han hecho cosas para combatirlo, pero falta: el año pasado se suspendieron más de 100 establecimientos turísticos (hoteles y viviendas de renta corta) por incumplimiento de normas. Además, los filtros migratorios se han endurecido: en lo que va de 2026, ya han sido inadmitidos 44 extranjeros en el aeropuerto de Rionegro por alertas asociadas a delitos sexuales, mientras que en el 2025 se rechazaron a 110 personas por las mismas razones.

“No queremos el turista que viene a tener delitos asociados al turismo, que vulnera los derechos de nuestras comunidades”, enfatiza la secretaria Ana María López. Las estrategias de control incluyen la verificación estricta en los puntos de ingreso, donde se han detectado casos de extranjeros con equipajes sospechosos —llenos de juguetes sexuales o cantidades desproporcionadas de preservativos—, y la cooperación con redes internacionales como Angel Watch.

No queda otra que prepararse

Medellín se encuentra en una etapa de consolidación como destino global. “Medellín antes era una ciudad con turistas, pero no una ciudad turística”, señala Franco. La diferencia radica en la preparación. Mientras la primera recibe visitantes por inercia, la segunda cuenta con la infraestructura, las capacidades empresariales y el talento humano alineados para gestionar esa demanda. Según el experto, la capital antioqueña apenas está completando ese tránsito, volcándose a ser verdaderamente turística.

Cada año las cifras confirman su atractivo, pero también exponen sus fragilidades. Con un aeropuerto al límite, una infraestructura hotelera que debe crecer con cautela y una ciudadanía que siente el peso de la masificación, el reto para los próximos años no es entonces subir el techo, sino ponerle más bases al suelo.