Economía

De pasante a piloto: la historia de crecimiento profesional de Ricardo Cáceres dentro de Satena

Tras años de formación, trabajo en mantenimiento y varios intentos para ingresar a cabina, Ricardo Cáceres logró convertir su sueño de volar en una realidad dentro de la aerolínea estatal Satena.

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27 de abril de 2026

En la aviación, los trayectos más importantes no siempre comienzan en la cabina de un avión. En muchos casos, se gestan años antes, entre aulas, pasillos de aeropuertos o incluso a partir de intereses que parecen ajenos al sector.

Ese es el caso de Ricardo Cáceres, hoy integrante del área de operaciones aéreas de Satena, cuya trayectoria evidencia cómo la formación, la disciplina y la perseverancia pueden consolidar una carrera dentro de la industria aeronáutica.

Y es que la trayectoria de Cáceres en la aerolínea es un ejemplo de crecimiento profesional dentro de la industria aeronáutica. Desde sus inicios como pasante, pasando por roles en mantenimiento, hasta avanzar hacia la cabina de vuelo como primer oficial, su historia está marcada por la disciplina, la formación constante y la perseverancia.

Su camino, respaldado por procesos internos de la aerolínea y años de preparación, refleja los desafíos y oportunidades de construir una carrera en el sector aéreo. En entrevista con EL COLOMBIANO, Cáceres compartió los momentos clave de su recorrido, los obstáculos que enfrentó y las lecciones que le dejó su proceso para convertirse en piloto.

¿Cómo nació su interés por la aviación durante su infancia?

“Soy de Barrancabermeja. Crecí en una zona petrolera, específicamente en el campo El Centro de Ecopetrol, donde vivían muchas familias vinculadas a la industria. Nuestro colegio quedaba en la ciudad, así que todos los días debíamos desplazarnos, y en ese trayecto pasábamos frente al aeropuerto.

Desde muy pequeño me llamaba la atención ver despegar los aviones. Mis padres incluso se detenían cerca de la pista para observarlos. En ese entonces, el aeropuerto tenía muy pocas frecuencias, básicamente la ruta Bogotá–Barrancabermeja. Eso hacía que los horarios fueran muy definidos y que uno supiera exactamente cuándo iba a despegar un avión. Esa rutina despertó mi curiosidad por entender cómo volaban”.

¿Recuerda qué tipo de aeronaves veía en ese momento?

“Sí, en ese tiempo Avianca operaba en la ruta con aviones ATR 42/72. Es muy curioso porque hoy soy piloto de ese mismo tipo de aeronave. En ese momento no imaginaba que terminaría volando los aviones que veía despegar cuando era niño. Ese fue el origen de mi pasión por la aviación”.

¿Su interés inicial estaba enfocado en pilotar o en otra área del sector aeronáutico?

“Curiosamente, aunque me gustaba ver despegar los aviones, mi interés inicial estaba más orientado hacia los motores. Siempre me ha gustado la velocidad y me fascinan los motores, así que decidí empezar por el mantenimiento aeronáutico. Ingresé a estudiar esa área con la intención de especializarme en motores, pero con el tiempo entendí que el mercado en Colombia no ofrecía muchas oportunidades en ese campo específico. Eso hizo que replanteara mi camino”.

¿Cómo fue su transición hacia la carrera de piloto?

“Estudié como tecnólogo en mantenimiento aeronáutico en el Sena en Barranquilla. Allí tuve instructores muy profesionales que me orientaron sobre las posibilidades dentro del sector. Recuerdo que tenía muchas dudas, incluso preguntas muy básicas, como cómo se frena un avión en el aire. Ellos me explicaron que todo tiene un proceso, un estudio y procedimientos claros.

Gracias a esa orientación, decidí iniciar también la formación como piloto comercial. Fue un proceso paralelo: en las mañanas volaba y en las tardes realizaba mis prácticas de mantenimiento. Así logré avanzar en ambas carreras al mismo tiempo”.

¿Cómo fue su experiencia durante la formación como piloto?

“Fue una experiencia muy exigente, pero también muy gratificante. Me gradué con 205 horas de vuelo. Hubo un momento en el que tuve que pausar las prácticas de mantenimiento para concentrarme en terminar la formación como piloto, porque la exigencia era alta.

Descubrí que volar era algo completamente distinto a lo que imaginaba: es una experiencia muy especial. Finalmente obtuve primero mi licencia como piloto comercial y luego la de técnico aeronáutico”.

¿Qué dificultades encontró al ingresar al mercado laboral?

“Al graduarme, el mercado de la aviación estaba cerrado. No había oportunidades para pilotos, así que decidí apoyarme en mi formación como técnico aeronáutico. En ese momento fui contactado por Satena, lo que representó una oportunidad importante para ingresar al sector, aunque inicialmente no como piloto”.

¿Cómo fue su llegada a Satena?

“Al principio iba a ser trasladado a San Andrés, pero no pude ingresar por temas de permisos de residencia. Luego surgió la posibilidad de trabajar en Bogotá. Para mí fue un cambio fuerte, porque venía de ciudades cálidas como Barrancabermeja y Barranquilla, y el clima fue un reto importante.

Comencé a trabajar el 1 de enero como almacenista aeronáutico, ya que no había vacantes en mantenimiento. A los pocos días pensé en renunciar por el impacto del cambio, pero decidí continuar”.

¿Cómo logró avanzar dentro de la compañía?

“Siempre tuve claro que no quería quedarme en una sola posición. Aproveché el tiempo en el almacén para aprender todo lo posible, pero también pensaba constantemente en el siguiente paso. Poco tiempo después, surgió una oportunidad en el área de mantenimiento y fui trasladado.

Siempre he tenido esa motivación de avanzar, de aprender y de buscar nuevas oportunidades dentro del sector aeronáutico”.

¿Cómo fue su paso del área de almacén a mantenimiento dentro de la aerolínea?

“Mi objetivo siempre fue aprovechar al máximo cada etapa. Mientras estuve en el almacén, absorbí todo el conocimiento posible, pero tenía claro que debía avanzar. Mi siguiente meta era pasar a mantenimiento, y finalmente lo logré.

En esa área no me encargaba directamente de reparar aeronaves, sino de gestionar los procesos de mantenimiento. Recibíamos los planes definidos por ingeniería, que establecían, por ejemplo, que una aeronave debía permanecer 45 días en mantenimiento, con una serie de trabajos específicos. Nuestra responsabilidad era organizar y distribuir esas tareas dentro del tiempo previsto, buscando que el avión saliera incluso antes, para no afectar la operación de la empresa”.

¿Qué aprendizaje le dejó esa experiencia en mantenimiento?

“Fue una etapa completamente nueva para mí, pero también una oportunidad de crecimiento. Sin embargo, llegó un punto en el que sentí que no tenía mucho más margen para seguir avanzando en esa área. Ahí volví a pensar en mi objetivo principal: ser piloto, aunque en ese momento lo veía como un sueño lejano.

Con el tiempo, el volumen de trabajo comenzó a crecer de forma significativa, entre un 50 % y un 70 %. Eso me llevó a analizar lo que estaba pasando en la empresa y entendí que había un proceso de expansión. Pensé que, si llegaban más aeronaves, inevitablemente necesitarían más pilotos”.

¿Qué hizo entonces para acercarse a ese objetivo?

“Decidí retomar el estudio con disciplina. Empecé a prepararme desde casa, apoyándome en el conocimiento que ya tenía sobre las aeronaves. Tal vez conocía entre un 40 % y un 50 % de su funcionamiento desde el punto de vista técnico, pero me faltaba profundizar en la operación.

Comencé a leer y a estudiar de manera constante, seleccionando la información más relevante. Sabía que era mucha información, pero era necesario enfocarse en lo esencial”.

¿Cómo fue su primer intento para ingresar como piloto?

“Se abrió una convocatoria interna y fue mi primer proceso formal para aspirar a un cargo de piloto. No logré superarlo; me faltaron aproximadamente seis o siete puntos en la prueba. Sin embargo, no lo tomé como un fracaso. Al contrario, lo vi como una oportunidad para identificar mis debilidades y reforzarlas.

No esperaba que se abriera otra convocatoria en tan poco tiempo, porque normalmente estos procesos se realizan una vez al año”.

¿Qué cambió en el segundo proceso?

“Seguí estudiando y preparándome. Con el crecimiento de la empresa, tenía la convicción de que se abriría una nueva oportunidad. Cuando finalmente se anunció otra convocatoria, en septiembre del año pasado, supe que debía aprovecharla.

Ya conocía mejor el proceso y había trabajado en los vacíos que tenía. Presenté nuevamente las pruebas de conocimiento y esta vez las aprobé. Luego pasé por entrevistas con los jefes de entrenamiento y de operaciones, entre otros, y finalmente fui seleccionado”.

¿Cómo recibió la noticia de su selección?

“Fue un momento muy especial. Recibí el correo con la confirmación de que había sido seleccionado para iniciar el curso, y realmente no lo podía creer. Había sido un proceso largo y exigente”.

¿Qué tan desafiante fue la etapa de formación dentro de la aerolínea?

“Fue probablemente la etapa más exigente. Aunque la empresa cuenta con uno de los programas de formación más completos, la cantidad de información en poco tiempo es muy alta.

Fueron cerca de cinco a seis meses de estudio intensivo. Logré aprobar todos los chequeos, aunque no fue fácil. Actualmente ya tengo una parte del entrenamiento completado y estoy próximo a iniciar la experiencia operacional, que es el paso final para consolidarme como piloto en la operación”.

¿Cómo describe este proceso en lo personal y profesional?

“Ha sido un proceso muy significativo. Ha tenido momentos difíciles, de duda y de exigencia, pero también de satisfacción. Es una gran responsabilidad, porque no se trata solo de operar una aeronave, sino de transportar personas.

Los instructores juegan un papel clave, porque ayudan a fortalecer la confianza y a desarrollar las capacidades necesarias. Hoy me siento agradecido con la empresa, con mis instructores y con todas las personas que han confiado en mí”.

¿Qué expectativas tiene a futuro dentro de la aviación?

“No sé exactamente qué me depare el futuro, pero me gustaría hacer carrera en la empresa y, en algún momento, llegar a ser comandante. También tengo el interés de volar otros tipos de aeronaves, especialmente ahora que la compañía está en proceso de crecimiento y expansión.

Por ahora, lo importante es que este es apenas el inicio de mi carrera como piloto y que cada día representa una nueva oportunidad de aprendizaje”.

¿Cuenta con certificaciones específicas como técnico aeronáutico?

“No alcancé a certificarme en un equipo específico. Mi licencia aplica para aeronaves de hasta 5.700 kilogramos. Para poder firmar trabajos de mantenimiento se requiere una habilitación específica por tipo de aeronave, lo que implica una inversión adicional que en su momento no pude asumir.

Había hecho una inversión importante en mi formación como piloto comercial, cercana a los 220 o 230 millones de pesos, incluyendo estudios y sostenimiento. Por eso, en ese momento prioricé avanzar hacia el objetivo de volar.

Aun así, pude desempeñarme en mantenimiento desde la gestión de los procesos, sin necesidad de contar con esa habilitación específica”.

¿Cómo fue el proceso desde su formación hasta su ingreso a Satena?

“Llegué a Barranquilla con una maleta llena de sueños, sin conocer a nadie. Allí inicié mis estudios en el Sena en el área de mantenimiento aeronáutico. Me gradué como tecnólogo a comienzos de 2019.

Luego debía realizar las pasantías para obtener la licencia, pero el mercado estaba muy cerrado. Regresé a Barrancabermeja y posteriormente busqué oportunidades en Medellín y Bucaramanga, sin éxito. Estuve cerca de cinco meses sin empleo, hasta que retomé el contacto con instructores y decidí iniciar mi formación como piloto comercial en 2019”.

¿Cómo impactó la pandemia su proceso de formación como piloto?

“Cuando inicié el curso y apenas había volado unas dos horas, comenzó la pandemia, lo que detuvo completamente el proceso. Regresé a Barrancabermeja durante ese periodo y, cuando se reactivaron las actividades, volví a Barranquilla para continuar. Finalmente, me gradué como piloto comercial el 2 de agosto de 2022”.

¿Cómo se dio su llegada a Satena?

“Un amigo, Iván Cediel, quien trabaja en la Fuerza Aérea, me informó sobre una oportunidad en Satena. En ese momento yo estaba terminando mis pasantías y próximo a obtener la licencia. Inicialmente, me ofrecieron continuar el proceso en San Andrés, pero no se concretó.

Luego surgió una opción con la condición de permanecer un año adicional en prácticas. Aunque implicaba extender el tiempo, acepté porque incluía remuneración. En total, acumulé cerca de 30 meses de pasantías, sumando distintas etapas de formación”.

¿Qué funciones desempeñó durante sus pasantías en la aerolínea?

“Ingresé al área de mantenimiento, donde interactué directamente con las aeronaves durante varios meses. Posteriormente, cumplí los requisitos para obtener la licencia técnica. En ese proceso también confirmé mi interés por permanecer en la empresa, a pesar de que inicialmente me indicaron que no había oportunidades”.

¿Cómo logró mantenerse en la compañía pese a ese panorama?

“Persistí en buscar alternativas dentro de la empresa. Un elemento diferencial fue que también soy saxofonista, lo que me permitió darme a conocer internamente. Durante un evento corporativo tuve la oportunidad de presentarme, lo que generó visibilidad entre directivos y compañeros.

A partir de ahí, comencé a gestionar opciones para quedarme. Ante la imposibilidad de asumir el costo de una habilitación técnica específica, opté por ingresar al almacén aeronáutico. Allí firmé contrato el 5 de octubre de 2024 y me desempeñé como almacenista”.

¿Cómo fue su transición nuevamente hacia mantenimiento?

“Después de un tiempo en el almacén, fui trasladado al área de mantenimiento, específicamente a control de producción. En ese cargo estuve vinculado hasta el año pasado, mientras avanzaba en paralelo en mi proceso para convertirme en piloto dentro de la empresa”.

¿Cuándo se concreta su paso definitivo a piloto?

“Durante 2025 continué con el proceso interno. Salí a vacaciones en octubre y dejé todo encaminado. Finalmente, el 20 de octubre firmé contrato como piloto en la compañía. Fue el resultado de varios años de preparación y persistencia”.

¿Cuándo espera realizar su primer vuelo operativo?

“La empresa ha establecido un cronograma y se proyecta que inicie operaciones en mayo, volando equipos ATR. Es una estimación, ya que puede variar según las necesidades operativas.

Mientras tanto, continúo en entrenamiento, incluyendo simuladores y acompañamiento en procesos operacionales como primer oficial”.

¿Cómo se está preparando para esa etapa final?

“Me mantengo en estudio constante. En aviación, la preparación es continua porque en cualquier momento se puede activar la operación. Actualmente participo en simuladores, apoyando procesos de entrenamiento y reforzando conocimientos técnicos y operacionales”.

¿Cómo describe su situación personal en este momento de su carrera?

“Soy soltero, tengo 29 años y vivo en Bogotá. Estoy enfocado en consolidar mi carrera y adquirir experiencia. Más adelante tomaré decisiones personales, pero por ahora mi prioridad es el crecimiento profesional”.

¿Qué papel ha jugado la música en su trayectoria?

“La música ha sido un complemento importante. Soy saxofonista, con experiencia en orquestas, especialmente en géneros como el merengue. También interpreto baladas y pop. Es una faceta que me ha permitido conectar con las personas y, en este caso, aportar a mi proceso dentro de la empresa”.