“Antioquia siempre marcha hacia adelante, pese a vientos políticos”
En un año de incertidumbre económica y social, Comfama consolida su papel como red de confianza; David Escobar, su director, explica cómo salud, empleo, vivienda y cultura son los pilares para posibilitar la movilidad social.
David Escobar llegó a la dirección de Comfama en 2016, trayendo un cambio cultural a la caja de compensación.
FOTO Esneyder Gutiérrez
Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).
Comfama está en la vida cotidiana de los antioqueños: en un subsidio de vivienda, en la entrada a una obra de teatro, en la publicación de un libro que circula gratuito en el metro. Justo en 2025, la caja de compensación familiar volvió a demostrar que moviliza esfuerzos de muchos para cambiar destinos.
El año pasado, Comfama llegó a 4,7 millones de personas, apoyada en una red de más de 1.000 aliados públicos y privados, 4.500 proveedores y 127.000 empleadores; así lograron la atención de 1,9 millones de afiliados en salud junto con EPS Sura, la ayuda para que 137.000 personas consiguieran empleo, la entrega de 106 viviendas en La Colinita con VIVA, Isvimed y la Alcaldía de Medellín; la apertura del parque Cerro Tusa con la Gobernación, Activa y la Alcaldía de Venecia; y el acompañamiento a 640.000 familias mediante subsidios por $783.000 millones.
De todo esto hablamos con el director, David Escobar.
Pese al desprestigio de las instituciones en el país, en una encuesta reciente que califica de cero a cinco la confianza, los ciudadanos le dan a Comfama con 4,75; una nota casi perfecta. ¿Cómo logran esa confianza?
“Creo que esta es una de las marcas más queridas de Antioquia; ese número lo evidencia. Nosotros le hemos dedicado, casi como una obsesión, muchos estudios, muchas conversaciones y mucho trabajo al tema de la confianza. No solo cuánto confía la gente en Comfama, sino cuánto confía la gente en las instituciones, todas: públicas y privadas, y cuánto confía la gente entre sí; la confianza interpersonal.
La confianza mantiene a las sociedades suficientemente cohesionadas para que todo funcione bien: las amistades, las familias, los negocios y la democracia. Entonces le dedicamos un montón de energía a eso y lo que hemos visto es que estas entidades, las cajas de compensación, no estamos solas; también están las empresas y las universidades. Somos como una especie de islas de confianza en mares de desconfianza.
Eso implica, sobre todo, una responsabilidad muy grande, porque si usted dirige una organización en una época donde mucha gente desconfía, pero en esa institución en particular confían, le toca estar a la altura de esa confianza todos los días y cultivarla para que crezca más.
Además de eso, hay que preguntarse cómo hace uno para que esas islas se expandan. Porque nada gana uno con que haya confianza en usted como persona o en la empresa que maneja si todo el resto de la sociedad está descosida. Entonces, la pregunta grande es cómo llevamos la confianza en estas entidades a otros escenarios de la vida ciudadana”.
Los ciudadanos ven a Comfama en su vida cotidiana con bibliotecas, servicio de salud, los colegios Cosmo... ¿Cómo han ido creando ustedes esa relación? ¿Cómo se detalla esa estrategia?
“Lo que hay detrás es ese propósito grande de la movilidad social ascendente. Para nosotros, para poder responder a eso, la pregunta es cuáles son los momentos de la vida de la gente donde hace falta un apoyo, un aliado, un amigo o una institución. A veces, para hablar en un lenguaje más técnico, nos preguntamos dónde falla el Estado o dónde falla el mercado y la gente se queda sola en ese proceso de avanzar en la vida y progresar.
Entonces ahí aparecen esos momentos decisivos: cuando la gente va a comprar su primera casa, cuando va a decidir dónde estudian los hijos o cuando decide a qué va a dedicar su tiempo libre y su momento de ocio. Ahí estamos nosotros. Por eso existe toda esta gama tan amplia de servicios, que va desde la cultura y los parques hasta el crédito, la salud, la educación y la vivienda. Todo está alineado con esa idea de acompañar a las familias para que sigan ascendiendo en esa escalera de la movilidad social.
Ahora bien, también la pregunta es cómo estar en los momentos difíciles. Porque no solo estamos en los momentos decisivos, sino en los duros; ahí aparecen los subsidios. Por ejemplo, un subsidio de desempleo aparece cuando la gente se quedó sin trabajo, o un crédito cuando hay una emergencia familiar o un gasto inesperado. Si se murió alguien y hay que pagar el entierro, que es muy doloroso, ahí está Comfama para prestar plata para ese momento. Entonces, detrás está la estrategia de la movilidad social: identificar los momentos decisivos y los momentos difíciles para estar ahí al lado”.
Colombia atraviesa momentos complicados: se tumbaron subsidios de vivienda y la salud está en una crisis sin precedentes. Sin embargo, cuando uno analiza las cifras, ve que tienen 1,9 millones de beneficiarios en salud atendidos en 52 sedes en Antioquia, una clínica en Urabá y ayudaron a la creación de 52.000 empleos...
“Las cifras son muy buenas en todos los renglones, desde lo social hasta lo financiero. Pero déjeme aprovechar su pregunta para explicar cuál es la historia que hay detrás. Usted pregunta por la confianza, pero vámonos unos pasos atrás: ¿cómo se construye confianza? La hipótesis que nosotros queremos traer a este momento ritual de la asamblea es que la confianza se construye haciendo promesas y cumpliéndolas.
Para poder cumplir promesas no podemos hacerlo solos; tenemos, normalmente, que actuar en red, en alianza, en juntanza y en sociedad con otros. Volvamos al ejemplo de las casi 1,9 millones de personas que atendemos. Detrás hay una alianza con Sura EPS que existe desde el año 1995. Sura y Comfama dicen: la salud primaria en Antioquia tiene que funcionar mejor y tenemos que darle a la gente servicios de buena calidad y oportunos.
Porque el indicador más importante del sistema de salud es que usted pida una cita y se la den pronto; que, si el médico general necesita unos exámenes, se los hagan de inmediato; y que, si hay que mandarlo a una clínica de alto nivel con especialistas, eso se haga en pocos días u horas. Cuando uno hace esa promesa tiene que empezar a cumplirla todos los días”.
¿Cómo es la historia de la clínica en Urabá?
“Por allá en 2011, un grupo de empresarios de la región de Urabá buscó a Comfama. No estaba yo acá; estaba María Inés Restrepo, mi antecesora. Un empresario de la construcción, uno de la Cámara de Comercio de Urabá y un bananero dijeron: ‘esta región necesita una superclínica’. El hospital público no funcionaba muy bien y ya se veía el proyecto de los puertos y el desarrollo urbano. Convencieron a Comfama y se asociaron para crear la Clínica Panamericana, que se abrió en 2014.
Desde entonces, la clínica presta servicios especializados no solo a Urabá, sino al norte del Chocó y a una parte de Córdoba. Hace unos años decidimos comprarles a esos socios porque Comfama es la que tiene la vocación de largo plazo para administrar servicios de salud. En todo el proceso debemos haber invertido un poco más de 150.000 millones de pesos. Ahora estamos consiguiendo financiación con bancos o con el IDEA para ampliar la clínica en un 60%”.
¿Cómo funciona el subsidio de desempleo y la ayuda de creación de 52.000 empleos?
“Nosotros miramos permanentemente las cifras del empleo formal en una alianza con Comfenalco Antioquia. El empleo formal en Antioquia se divide, más o menos, mitad y mitad con el informal. Ese logro de los 52.000 empleos no es solo de Comfama o Comfenalco; es de la economía antioqueña.
El año pasado, mientras el empleo formal en Colombia estuvo estancado, creciendo casi nada, Antioquia creció más del 2%. ¿Por qué pasa esto? Porque la economía antioqueña tiene empresas muy comprometidas y un contexto institucional —Alcaldía, Gobernación, cámaras de comercio, cajas— que apoya sectores potentes como el turismo, la agroindustria y las actividades de apoyo empresarial.
Medellín y el Valle de Aburrá jalonaron más de 35.000 de esos empleos. La hipótesis de que Antioquia es una fábrica de clase media se sigue cumpliendo. Aquí el empleo público solo representa el 3%, mientras que el 97% es empresa privada, desde la más grande hasta la más pequeña. Es una información positiva que a veces nos cuesta ver por nuestro sesgo hacia las malas noticias”.
Hablando del empleo y la movilidad social, ¿cómo ha visto el movimiento de la clase media en Antioquia en los últimos dos años? ¿Ha crecido o se ha estancado?
“Aunque apenas se publicó la Encuesta de Pobreza Multidimensional para Colombia, el seguimiento que hacemos a los ingresos indica que la clase media en Antioquia muestra comportamientos muy positivos. Hay una relación directa: cuando se crea empleo formal, se saca gente de la pobreza. Los trabajadores formales tienden a ser mucho menos pobres que los informales.
Antioquia ha seguido creando clase media a un ritmo superior al del país. De hecho, el PIB per cápita de Antioquia es entre un 10% y un 15% más alto que el promedio de Colombia. Si sigue esta tendencia, la región se mantendrá muy por encima del promedio nacional, lo cual es una buena noticia para Antioquia, pero un reto para el país”.
Al pensar en las clases medias, uno imagina una clase media ilustrada, como la francesa o la argentina. Esto le pega directamente a lo que buscan en Comfama con las bibliotecas, que el año pasado cumplieron 50 años. ¿Cómo se relaciona esa clase media con la oferta cultural de ustedes?
“Nos tomamos muy en serio el entender a la clase media. No miramos solo cuánto gana la gente, sino a qué servicios tiene acceso: salud, colegios, bibliotecas, contenidos culturales, parques. Hemos desarrollado indicadores para saber dónde está funcionando lo que hacemos.
Uno de los indicadores más importantes de ese avance hacia la clase media es el consumo cultural. Es algo que se retroalimenta: si avanzo hacia la clase media, leo más y accedo a cine o teatro; y al mismo tiempo, ese consumo cualifica mi comportamiento ciudadano y democrático”.
¿Tiene cifras de asistencia a eventos como el Festival de Teatro o el de Filosofía?
“Para simplificar: tenemos centros culturales, festivales y bibliotecas. A todos nuestros programas culturales llegan casi nueve millones de asistentes. Más o menos la mitad corresponde a las bibliotecas, a las que van desde niños hasta pensionados que quieren volver a las pasiones de su vida.
Los festivales son uno de nuestros orgullos más grandes porque movilizan el derecho a la cultura y mueven la economía local. Por ejemplo, el festival en Jericó atrae a unas 15.000 personas; también llenamos en El Retiro, Santa Fe de Antioquia o Urabá. En total, unas 410.000 personas asisten a nuestros doce festivales anuales”.
Ustedes siempre ponen temas de conversación, como cuando hablaron del ocio, un asunto que a veces es impopular en nuestra cultura del estar siempre ocupado. ¿Cómo surgen esas ideas?
“Surgen de oír a la gente en redes y eventos, y de investigaciones rigurosas. Participamos en la Encuesta Mundial de Valores para entender en qué creen los antioqueños y qué les da miedo. El tema del ocio salió de nuestra Encuesta de Hábitos.
Nos dimos cuenta de que, aunque valoramos mucho el trabajo, tenemos problemas con el descanso y el ocio. El descanso es dormir; el ocio es el uso del tiempo libre para las pasiones. En Antioquia encontramos que la gente duerme mal y, cuando saca tiempo para el ocio, lo hace con culpa. Por eso decidimos hacer festivales y revistas sobre esto.
Algunos en redes me decían: ‘ustedes están promoviendo la pereza’. Obviamente no; creemos que el progreso pasa por el trabajo bien hecho, pero también por la salud mental y física. Para estar sanos, necesitamos descansar y pensar en cosas diferentes al oficio”.
Usted que dirige una organización tan grande, ¿cómo maneja la dinámica de las redes sociales? ¿Lo trasnocha la conversación digital?
“A mí nada me trasnocha. Comfama ha sido mi gran escuela para aprender a dormir bien y a desconectarme. Pero para responder su pregunta: primero, se necesita una ecuanimidad y una cultura organizacional donde uno se enfoque en lo importante. Lo importante para nosotros es hacer nuestro deber, aunque a veces no recojamos los frutos de ese trabajo o no nos den los méritos; no pasa nada. Lo que hemos entendido es que sí hay rabia y polarización en las redes sociales, pero no es lo mismo que uno ve en la calle ni cuando se reúne con sus amigos. Uno sale a la calle y lo que ve es un país saliendo adelante, luchándola, con innovación, proyectos e ideas.
Reconocemos la situación de las redes sociales. En los últimos meses hemos hablado de esa idea de los ingenieros del caos: gente que diseña las redes o las usufructúa para ganar plata o votos, cultivando el odio porque les da réditos. Pero no creo, y basado en encuestas, no es solo una percepción mía, que este país sea puro odio y polarización. Hay muchos espacios para encontrarnos. Por supuesto que, como cualquier ser humano y directivo, uno sufre con esos gritos y agresiones en redes, pero estamos convencidos de que esa no es la realidad. Ese espacio se puede enriquecer y nosotros no nos vamos a retraer. Por filosofía, llevamos a las redes esperanza, belleza y, como dicen en el equipo de comunicaciones de Comfama, periodismo de soluciones.
Mostrar cómo sí se pueden hacer las cosas. Cuando nos critican, respondemos; cuando nos agreden con groserías, no, pero seguimos trabajando. Ahí voy aprendiendo”.
Volvamos al tema de vivienda. Le contaba antes de empezar la entrevista que encontré a una mujer que me contó que consiguió un subsidio que vino de Comfama, la Gobernación y la Alcaldía después de que el Gobierno Nacional tumbara Mi Casa Ya. Cuénteme los esfuerzos de Comfama con la vivienda en el departamento.
“Ahí el hecho contundente económico es que el Gobierno nacional dejó de dar subsidios para vivienda nueva. Entonces, ¿cómo respondimos los actores sociales, institucionales y económicos a eso? En Antioquia, en particular, yo me siento muy orgulloso de esa reacción. La historia de esa señora es producto de eso; según me contó, es una de las personas que compró apartamento en un proyecto que hicimos en alianza con la Alcaldía de Medellín y con VIVA en Guayabal, que se llama La Colinita.
Cuando el Gobierno Nacional deja de dar subsidios, y ese es un proyecto que venimos trabajando hace siete u ocho años, lo primero que pensamos fue que a la gente no le iba a alcanzar. La gente logra su casa como con un Lego: pone un ahorro, consigue el subsidio de la caja, el del gobierno y, a veces, la empresa le ayuda o consigue un crédito bancario para lograr el cierre financiero. Dijimos: sin la parte del Gobierno nacional no vamos a ser capaces.
Lo que pasó en Antioquia fue que VIVA, de la Gobernación, la Alcaldía de Medellín y un grupo de fundaciones extraordinarias se pusieron las pilas. En vivienda hay fundaciones como el Apostolado de la Aguja, Presentes o Bertha Martínez de Jaramillo que hacen una tarea muy valiosa. Nos juntamos todos e hicimos un esfuerzo adicional. Comfama, la Alcaldía, la Gobernación y las fundaciones aportaron para que las familias lograran su sueño. Fuimos de los departamentos con menos desistimientos, que es cuando la familia no puede cumplir el compromiso y se sale del proceso.
Además, el año pasado, entre la Gobernación y Comfama hicimos más de dos mil mejoramientos de vivienda. VIVA ha hecho un trabajo extraordinario ahí”.
Es como si Antioquia estuviera resistiendo unida en medio de discursos divisorios.
“Antioquia siempre ha tenido ese sello de marchar hacia adelante, independiente de los vientos políticos. Desde el siglo XIX ha fundado instituciones donde empresarios y alcaldes construyen juntos. Cuando uno maneja una institución que ya lleva 17 gobiernos, no mira tanto la coyuntura, sino el largo plazo hacia atrás para entender la historia y hacia el futuro para proyectar las tareas. Por eso hacemos proyectos a diez o quince años; no estamos al ritmo de los gobiernos, sino que nos adaptamos y trabajamos con ellos cuando quieren”.
¿Usted es optimista ante el futuro?
“Soy optimista, pero hacemos un ejercicio en Comfama que llamamos posibilismo. El posibilismo es un optimismo responsable: no es creer que las cosas saldrán bien si no hago nada, sino hacer mi parte y confiar en que las cosas mejoren. No me siento a esperar soluciones del cielo”.
No sé qué se nos queda del año pasado que quiera resaltar para los asociados que lean o vean esta entrevista.
“Tal vez resaltar que la cooperación entre lo público y lo privado genera un montón de posibilidades. Este año señalamos hitos como el sistema de salud: nos hacemos cargo de dos de los siete millones de personas en el sistema de salud antioqueño en salud primaria. El sistema aguanta porque tiene una red de IPS, tiene a los gobiernos local y regional, y tiene a una aseguradora como Sura que resiste ante todas las tormentas.
Otro proyecto bonito es Cerro Tusa. Logramos que una montaña sagrada, que era una finca privada, se convirtiera en un espacio público abierto gracias a la Gobernación, Activa, la Alcaldía de Venecia y otros aliados”.