El curioso caso del Iatm: la cartera asfixia, pero no deja de innovar
Esta pequeña IPS de San Vicente Fundación desarrolla sus propias soluciones ante la falta de caja para comprarlas y prefiere sacrificar facturación que calidad.
Esta IPS de San Vicente Fundación desarrolla sus propias soluciones ante la falta de plata para comprarlas. Prefiere perder clientes antes que calidad.
Reportero por vocación. Convencido de que el periodismo es para mejorar la vida de la gente. Ahora escribo de temas económicos en El Colombiano.
La crisis de la salud se cuenta en miles de millones de pesos que reclaman unos y se resisten a pagar otros. El Ministerio de Salud echa cuentas y anuncia más medidas para aliviar la caja de hospitales y liquida o interviene a las EPS. El país se acostumbró a saber más del sistema de salud por sus cánceres financieros y los plantones del personal médico, que por los pacientes que alivia.
Y mientras ese ocurre, seis jóvenes entusiastas están en una oficina muy blanca con pantallas grandes de computador. En ese silencioso laboratorio de ingenio criollo desarrollan soluciones que resultaría muy caro comprar para una pequeña prestadora de servicios de salud (IPS), que se resiste a dejar de investigar e innovar, así ya le deban más de 7 mil millones de pesos.
Ese es el atípico caso del Instituto de Alta Tecnología Médica (Iatm), brazo diagnóstico de San Vicente Fundación. Antes de caer en el ostracismo o cerrar servicios, a punta de microgerencia de costos, eficiencias y desarrollos propios ha mantenido vigente la calidad y oportunidad de servicios especializados: resonancia magnética, tomografía y ecocardiografía, entre otros.
Alla tienen claro que un diagnóstico oportuno advierte un cáncer, una lesión cerebral, no solo salva una vida, aminora costos de tratamientos en el futuro.
Así se atiende a unos 1.600 personas al mes de toda condición social, incluidos niños, los pacientes más complejos. De hecho, el Iatm fue la primera entidad en tener un resonador magnético en Antioquia, en 1993, hoy ya hay 35 (ver Antecedentes).
El secreto
Carlos Alberto Lozano, director del Iatm desde 2008, hace cuentas en su oficina con una cartera que los cuadros de Excel indican que ha crecido más de 121 % en el último año.
Por eso habla de microgerencia de gastos: “hasta en el jabón se puede ahorrar, pero sin sacrificar calidad ni personal”, insiste. Menciona ajustes operativos y renegociaciones de mantenimiento de los costosos y sofisticados equipos. Pasarlo de dólares a pesos con el proveedor internacional fue un gran logro en plena megadevaluación.
Y la facturación de 17 mil millones de pesos anuales se mantiene, así no todos paguen. Lozano tiene claro que tarifa y flujo de caja no son los únicos criterios para que la salud funcione, así se pierdan contratos con EPS y otras IPS. Para él la ética médica y empresarial es irreductible: “un diagnóstico no es un commodity (mercancía), se trata de vidas”. (ver En un Minuto).
Con esa premisa, el grupo de investigación, inscrito en Colciencias, también hace aportes definitivos a la sostenibilidad con sus líneas de trabajo en soluciones clínicas, procesamiento de imágenes diagnósticas e informática médica.
Cuando la crisis financiera del sector salud ya hacía estragos en 2013, Iatm logró reducir en 30 % el costo de insumos. Se redujo la impresión de placas de las resonancias, luego de desarrollar un portal web clínico propio para que los especialistas pudieran hacer el mismo diagnóstico desde la pantalla de un computador, incluso más preciso y más inmediato.
Poca plata, mucho ingenio
Con un presupuesto apretado, que limita la inversión tecnológica, el año pasado se ganó una convocatoria de innovación con el Sena para desarrollar “el RIS”. Se trata de un software de fácil uso y a la medida que reúne en un solo sistema en tiempo real desde el agendamiento de citas, facturación, imagenología y hasta el diagnóstico radiológico.
Esas soluciones hacen más eficiente el servicio, pero son muy costosas en el mercado. Y ahora Iatm la desarrolla con talento propio en un proyecto de 380 millones de pesos, de los cuales 33 millones son efectivo, aportados por el Sena.
“Estamos empleando herramientas de punta en lenguajes de programación y el código es de Iatm. Ya estamos en proceso de pruebas de cada módulo y deberá estar listo para junio”, comenta la ingeniera biomédica Catalina Bustamante, al tiempo que muestra los avances haciendo clic en uno y otro lado de la pantalla del computador.
A su turno, Julián Pineda, también ingeniero biomédico, ingresa a Youtube, digita “4D Flow” y se reproduce un video que muestra el flujo cardíaco en líneas de colores, otro desarrollo en que Iatm es precursor en Colombia y solo hay tres casos en América Latina.
“Verlo así facilita mucho hacer los diagnósticos y planeación quirúrgica en pacientes con problemas de corazón. Es información real, sin tener que hacer incisiones se sabe cómo circula la sangre”, añade Pineda, quien confía que esta solución se masifique.
Y así hay otros desarrollos en camino con investigaciones conjuntas con la academia para mejorar la atención ante lesiones medulares, o detectar mediante biomarcadores la actividad cerebral en pacientes esquizofrénicos, entre otros.
El secreto de Iatm está en tecnología e innovación hecha con las uñas, pero con mucho ingenio y buen servicio. Todos ingredientes necesarios para dar excedentes, y ayudar a solventar la crisis financiera de los centros hospitalarios de San Vicente Fundación, que carga con la cruz de una cartera que a hoy ya va en 342.858 millones de pesos.