Empresas

El ADN del empresario social

Reducir las brechas generadas por la pobreza y cuidar el planeta son las prioridades.

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Tengo más libros de fútbol que calzoncillos y medias.

27 de septiembre de 2019

Hernán Casciari, escritor argentino, define la ayuda desinteresada como una casualidad de la vida. Casciari sufrió un infarto en 2015, mientras estaba en una residencia que había rentado en Montevideo (Uruguay), a través de la plataforma Airbnb. El escritor adjudica su salvación a la asistencia oportuna de sus anfitriones: “en un hotel hubiera muerto”.

Mientras estaba hospitalizado, el argentino recibió una notificación al correo para hacer una reseña sobre su experiencia de estadía: “Excelente vivienda para huéspedes sedentarios y con propensión al infarto al miocardio...”, comienza la opinión de siete líneas. Javier Artigas y Alejandra Oddon, los anfitriones, donaron sangre para atenderle. Joe Gebbia, fundador de Airbnb, supo de la anécdota y semanas después del hecho decidió rentar el mismo inmueble.

Para ese momento Javier desarrollaba una aplicación para conectar a personas que necesitaran diálisis, y con esto crear una red mundial de apoyo para que trasladarse de una ciudad a otra fuera menos problemático. Al uruguayo se le ocurrió la idea luego de quedar desempleado y con una insuficiencia renal que le cerró la puerta para trabajar. Gebbia, que había agradecido a Javier y Alejandra el gesto con Casciari, usa la anécdota para dar a conocer el verdadero sentido de su empresa: la búsqueda del hogar fuera de casa. En agradecimiento, apoyó el emprendimiento de Artigas con una inversión de 3 millones de dólares. En 2016, Connectus Medical se convirtió en la aplicación más exitosa de Uruguay. Ya tiene presencia en 150 países.

Gebbia es considerado uno de los milenials más ricos del mundo. De acuerdo con la Revista Forbes, su fortuna asciende a los 4.300 millones de dólares, y desde hace tres años entrega parte de sus ingresos a la Fundación Bill y Melinda Gates.

“El modelo de ayuda social de estos empresarios (que se refiere al apoyo de planes en educación, entre otros) es muy valioso. El sentido social de las empresas también pasa por saber apoyar a quienes quieren buscar vías de crecimiento profesional”, aseguró Raúl Ávila, profesor experto en empresas de la Universidad Nacional.

En Colombia, el empresariado ha sido consciente de esa necesidad de contar con planes que vayan más allá de la retribución económica. Según datos a mayo de 2018 de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), de las 1.058 empresas afiliadas a esa agremiación (de las cuales 738 tienen información disponible) hay 2.527 proyectos de carácter social.

“Cerca del 52 % de estos 2.527 proyectos sociales están relacionados con la mitigación de impactos generados por la operación del negocio; 28 % con donaciones; 7 % con programas a empleados y sus familias; 6 % con acciones de voluntariado; 5 % con proyectos asociados a su cadena de valor; y 1 % con acciones de innovación social”, dice la agremiación en el informe.

Ahora, si se revisa el desagregado de cómo las empresas reinvierten ese dinero en la sociedad, el informe de la Andi da cuenta de que en la “mitigación de impactos” las empresas ejecutan el dinero en la generación de ingresos y capacidades con las comunidades de las áreas de influencia (23 %) y en educación (21 %). 11 % de las empresas invierte para mitigar el impacto al medio ambiente, 9 % buscan mejorar temas de infraestructura y hábitat; arte, deporte y cultura (8 %); salud (8 %) y seguridad alimentaria y nutrición (4 %).

Un desarrollo consciente

Normalmente cuando se habla del desarrollo empresarial, se menciona también la importancia de que este vaya de la mano con el beneficio social. Un ejemplo reciente está en la subasta del espectro que le permitirá a los operadores del país poner más antenas para ofrecer servicios de internet móvil y fijo en Colombia.

Son 5.900 localidades que en el país recibirán la oportunidad de estar conectadas a este tipo de servicios. Y si bien supone la oportunidad para que las empresas sumen usuarios y generen más ingresos, la idea de este plan va más allá: pasar de un 50 % de la población conectada a un 70 % (ver Claves).

“Es una iniciativa que busca democratizar el acceso. Un país más conectado tiene mayores oportunidades de acceder a información. Son colombianos que están menos rezagados frente a la aparición de las nuevas formas de comunicación”, dijo el pasado 4 de septiembre el presidente de la República, Iván Duque.

Tesis con la que concuerdan los empresarios de ese segmento. Santiago Pardo, vicepresidente de Asuntos Corporativos y Gobierno de Claro; Fabián Hernández, presidente de Telefónica, y Marcelo Cataldo, presidente de Tigo, han expuesto la importancia de que en el país la cobertura de servicios de internet de alta velocidad aumente con la idea de reducir las brechas sociales y aumentar la competitividad de Colombia frente a los países de la región.

El medio ambiente

Los incendios que hace una semanas consumieron al menos 500.000 hectáreas de la Amazonía y que llevaron a gobiernos nacionales, organizaciones sociales, entidades multilaterales y empresas a rechazar la práctica irresponsable de la ganadería también fueron la oportunidad para que algunos de los protagonistas más importantes del sector privado se metieran la mano al bolsillo para mitigar el impacto medioambiental y social de ese fenómeno.

Compañías como Nequi y Rappi brindaron apoyo financiero y también funcionaron como puente para que sus usuarios tuvieran un canal por medio del cual pudieran hacer donaciones, desde los 15.000 hasta los 2 millones de pesos. “Este tipo de eventos suelen ser el escenario preciso para que las compañías se muestren como lo que deberían ser: un componente social más. Cuando se presentan este tipo de crisis, el sector real debe mostrarse como ejemplo de unión social”, apuntó Ávila.

Pero ese ejemplo del que habla el experto no se refiere exclusivamente a un apoyo monetario, sino a la necesidad de generar conciencia sobre cómo los procesos productivos de las empresas también deben cambiar para mejorar las condiciones sociales o medioambientales mundiales.

Ejemplo de ello fue el anuncio que la firma experta en moda H&M hizo el pasado 10 de septiembre. La compañía dio a conocer que de manera temporal dejará de comprar cuero brasileño hasta que se generen los planes que lleven a una producción ganadera que se preocupe por el cuidado del medioambiente.

El anuncio se sumó al que la semana pasada hizo la firma VF Corporation (que comprende las marcas Vans, The North Face y Timberland). Esa empresa aseguró que revisará los acuerdos comerciales de compra de cuero con Brasil y solo retomará ese intercambio comercial en la medida en que se confirme que la compra de cuero desde esa nación no contribuye al impacto en la Amazonía (ver Paréntesis).

Un desarrollo sostenible

La misma Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) ha pedido en reiteradas ocasiones a las empresas no regirse únicamente por los impuestos medioambientales que generan los gobiernos para estimular una conciencia del cuidado. Ha hecho el llamado para que las compañías encuentren en la reutilización de recursos naturales, como la generación de energía solar o el uso de aguas lluvia, una oportunidad para reducir costos.

Finalmente, recuerda la Andi que además de tener planes en esa línea, las empresas afiliadas a la agremiación tiene la meta por trabajar de manera conjunta para cumplir con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible estipulados por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y en los que se ha pedido a los gobiernos nacionales tener planes para reducir la pobreza, aumentar el acceso a la educación y mitigar los problemas medioambientales.

De acuerdo con la agremiación, “de los 2.527 proyectos sociales mapeados de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS 6 se pudo identificar que la mayoría de las acciones de las empresas afiliadas a la Andi buscan apuntar al cumplimiento del ODS 1: poner fin a la pobreza (67 %)”.

La tarea de tener un sistema empresarial que demuestre interés por solucionar los problemas más profundos de la sociedad se cumplirá en la manera en que exista interés de parte del sector real por ser un facilitador.

La Andi lo define de la siguiente manera: “en la medida en que los empresarios actúen como empresarios y no como donantes caritativos, tendrán la capacidad de generar transformaciones sociales desde el sector privado. Cada peso que una empresa invierta en temas sociales debe tener el mismo proceso riguroso que tiene cada peso que se invierte en el negocio” .