Economía

Amor-Acuyá: de experimento casero a ser catalogado uno de los mejores helados del mundo

Daniela Lince y Amor-Acuyá dieron sus primeros pasos en un pequeño garaje, más tarde se ganaron un mundial de heladería en Chicago, hoy ya cuentan con tres sedes en Medellín. Aquí su historia.

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Comunicador Social y Periodista. Reportero en las regiones. Escribo sobre microeconomía y macroeconomía. Disfruto el café, la cerveza artesanal y el rock.

hace 2 horas

Forasteros llegan a El Poblado, en Medellín, en busca de los famosos helados caseros de maracuyá con chocolate. Y no es para menos, han sido catalogados entre los mejores del mundo. La curiosa fórmula ha deleitado en más de una ocasión los paladares de los más exigentes heladeros a nivel global. Detrás de dicho éxito está una emprendedora paisa que trabaja cada día por perfeccionar aún más cada sabor que llena de colores sus vitrinas.

Se trata de Daniela Lince Ledesma, de 32 años, quien comenzó hace 16 años a forjar los cimientos de un negocio exitoso que ya cuenta con tres sedes en Medellín, dos fábricas de producción y que genera casi 50 empleos de forma directa.

Basta hablar unos minutos con Daniela para comprender que es de esas mentes creativas que se mueven aquí y allá en busca de mejorar cada vez más procesos y fórmulas.

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Sin embargo, para ella no existe una única fórmula que la llevó a convertirse en emprendedora. “Yo no sé si ser emprendedor es algo que se lleva interno o es por la formación de la familia. Lo mío simplemente fue un gusto a algo y también por ejemplo de mis papás”.

Y es que esta empresaria se crió entre hornos, olor a pizza y con ejemplo de dos emprendedores: William y Gloria, sus papás y también dueños de una cadena de pizzas en el barrio Buenos Aires.

Para Ledesma, lo normal no era crecer para ganarse la vida como empleada en una compañía. Su espejo siempre fue sus progenitores, pues nunca los vio como empleados, sino dirigiendo su propio negocio.

Desde niña acompañaba a sus padres a ferias gastronómicas y a los negocios familiares, donde su padre la motivaba a preparar postres para vender y “tener su platica”.

Esa dinámica, marcada por el trabajo independiente, moldeó su visión del mundo laboral. Para Daniela, emprender no era una meta, sino prácticamente una extensión natural de su entorno.

De un garaje a helados artesanales

La idea de la heladería surgió hacia 2010, durante la feria Alimentec en Bogotá. Allí, una vitrina de helados italianos despertó el interés de la familia. No obstante, la inversión para adquirir la maquinaria para dicho negocio rondaba entre los $200 millones y $300 millones. Resultaba inalcanzable en ese entonces, por lo que optaron por maquinaria y vitrinas más pequeñas y económicas.

El proyecto comenzó de forma artesanal en un pequeño garaje de una tía, en el mismo barrio Buenos Aires. En ese entonces Daniela era estudiante de colegio, pero también heladera: preparaba los helados en la mañana y los vendía en la tarde. “No lo veía como un emprendimiento, sino como algo para tener mi platica”, comenta.

Con el tiempo, el proyecto evolucionó. Daniela nunca olvidará esas tardes con sus amigos, Guillermo y Sandra, que participaron en las primeras recetas y la acompañaron en sus primeros pasos como emprendedora.

La formación académica que impulsó la innovación

El punto de inflexión llegó cuando Daniela decidió estudiar Ingeniería de Alimentos. Desde el primer semestre orientó todos sus trabajos y proyectos hacia la heladería, aplicando conceptos de procesos, microbiología y desarrollo de productos.

“Todo lo que aprendía lo llevaba al helado”, dijo. Esa base técnica permitió profesionalizar el negocio y abrir la puerta a la innovación.

Posteriormente realizó un intercambio en Italia, donde profundizó en técnicas artesanales y conoció el estándar internacional del sector.

Durante su estancia en el exterior, Daniela decidió participar en un mundial de heladero en Chicago (Estados Unidos) en 2016. Eso propósito iba significar un giro en su negocio. “Yo quería presentar un helado bien bacano y bien raro”: en esa “lluvia de ideas” surgió la curiosa mezcla de los sabores de maracuyá con chocolate.

Con la mezcla perfecta, solo quedaba encontrar un nombre orinal: Amor-Acuyá, la combinación hace alusión a la relación propia de los chocolates con el enamoramiento y el maracuyá.

La idea no solo deleitó a los jurados del mundial extranjero, se quedó con el primer puesto a nivel en América. El nombre, sonoro y fácil de pronunciar en distintos idiomas, más tarde terminó por convertirse en la identidad de la marca.

Hasta entonces, el negocio operaba bajo el nombre Dolce Gelato. Tras el reconocimiento internacional, Daniela lanzó oficialmente la nueva marca Amor-Acuyá y comenzó su proceso de posicionamiento.

La meta es mejorar cada día más la operación

El crecimiento ha sido progresivo y financiado con cautela. La empresa, manejada por Daniela y sus padres, cuenta actualmente con tres puntos de venta en Medellín y estudia abrir un nuevo formato tipo en un centro comercial durante este año.

Más que expansión acelerada, la estrategia se centra en fortalecer la operación. “No lo mido en cuánto voy a vender, sino en qué mejoré”, señala la emprendedora.

Hoy la compañía emplea a cerca de 47 personas, opera dos plantas de producción y fabrica internamente alrededor del 85% de sus insumos, desde bases y salsas hasta brownies, tortas y galletas personalizadas. La producción estimada alcanza unas ocho toneladas mensuales por punto de venta.

Presencia internacional y desarrollo gastronómico

Desde 2022, la marca tiene presencia internacional a través de una sede hermana en Miami, Estados Unidos, bajo el nombre Ola Gelato. Este proyecto desarrolla productos para chefs y participa en operaciones dentro de parques temáticos como Universal y espacios en Disney Springs.

En Medellín, Amoracuyá también ha ganado reconocimiento como experiencia gastronómica y se ha convertido en una parada frecuente para turistas interesados en la oferta culinaria local.

Además del título continental, la empresa ha recibido reconocimientos de la Alcaldía de Medellín y premios nacionales en el sector gastronómico.

Aunque su fortaleza está en el desarrollo de productos y procesos, Daniela reconoce que el mayor desafío ha sido el manejo administrativo y tributario.

“El tema de impuestos y creación de empresa es lo más difícil para mí”, admite. Por ello, la operación financiera y contable está apoyada por un equipo especializado y por su familia.

Para 2026, las prioridades no están en ventas o expansión agresiva, sino en mejoras estructurales: optimización de procesos, certificaciones sanitarias, registros ante el Invima, implementación de tablas nutricionales y fortalecimiento del nuevo branding. Su visión es clara: consolidar antes que crecer. “Cuando haces las cosas bien y con amor, el resto viene por añadidura”, concluye.

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