Grupo Bios crece más de 10% y ejecuta inversiones por US$100 millones
Grupo Bios crece más de 10% en lo que va del año, pero enfrenta presión en sus márgenes por los costos laborales y la sobreoferta de proteínas.
Periodista de economía de El Colombiano. Oidor de tangos. Sueño con una Hermosa sonrisa de luna.
Grupo Bios atraviesa un 2026 de contrastes: mientras la demanda y los volúmenes de la cadena de proteína mantienen una dinámica positiva y la compañía crece por encima de 10%, la rentabilidad enfrenta presión por el aumento de los costos laborales y la sobreoferta de algunas proteínas. El escenario se suma a un contexto cambiario y logístico que sigue incidiendo en los costos de materias primas.
En entrevista con EL COLOMBIANO, Santiago Piedrahíta, presidente de Grupo Bios, explica cómo la compañía enfrenta este escenario y revela sus apuestas de inversión. La empresa prevé destinar cerca de US$100 millones este año para ampliar capacidades productivas, mientras avanza en su estrategia multiproteína, la expansión internacional del negocio de mascotas y el fortalecimiento de la producción nacional de maíz y soya.
¿Cuál es la situación de Grupo Bios y del sector de alimentos al cierre del primer semestre del año?
“Ya transcurrió más de la mitad del año y, en términos de dinámica, hay un buen comportamiento. El volumen de toda la cadena, desde las materias primas, pasando por las importaciones de insumos, la producción de alimentos balanceados y la producción pecuaria, muestra una buena dinámica. En particular, Grupo Bios, a cierre de julio, está creciendo un poco por encima de 10%.
Ese crecimiento es completamente vía volumen, porque los precios no se han movido. En la cadena de proteína, la dinámica está bien y eso también se refleja en el consumo. Los kilogramos de proteína consumidos por los habitantes han aumentado, lo cual es positivo porque, al final del día, lo que necesitamos como país es que más colombianos se alimenten bien con proteínas de calidad”.
¿Cuáles han sido las dificultades que se observan?
“Este año el reto está en los márgenes. Las utilidades están más retadoras, básicamente por el incremento de los costos laborales, que le ha pegado muy duro a todo el sector.
En la producción pecuaria, particularmente en los frigoríficos de pollo, cerdo y res, hay una alta intensidad de mano de obra. El proceso de alistamiento de las proteínas tiene una incidencia importante de este componente. El salario aumentó 23%, pero además hubo reducción de la jornada laboral e incremento de los aprendices del Sena. Cuando se suma todo, el costo de la mano de obra terminó aumentando cerca de 26%.
Eso le pegó muy duro a las utilidades del sector. Después tratamos de trasladar ese incremento al mercado mediante precios, pero ha sido muy difícil por la revaluación. Si las materias primas bajan un poco, fruto de la regulación, uno llega a una conversación con un cliente para subir los precios y no tiene argumentos para hacerlo.
En las proteínas, además, ha habido una sobreproducción grande en Colombia. Eso es lo que tiene al cerdo en la situación actual: lleva 17 meses consecutivos bajando de precio. Este mes entiendo que ya no bajó y ojalá haya tocado piso.
En la carne de res no ocurre lo mismo porque tiene un costo de oportunidad que es la exportación. Si el mercado local está muy barato, se puede exportar. En el pollo y el cerdo no hay mucho costo de oportunidad: se vende aquí hoy o mañana, incluso a un precio más bajo.
El pollo también se ha enredado un poco porque, como el cerdo bajó tanto, le quitó demanda. Cuando una persona va al supermercado con $20.000 y encuentra una pechuga de pollo y carne de cerdo a precios similares, aspiracionalmente puede elegir el cerdo. En la pirámide de valor, la carne de res está arriba, después el cerdo y luego el pollo. Cuando el cerdo bajó tanto, también afectó al pollo.
Esa sobreoferta, reflejada en 17 meses de caída de precios, ha hecho que los productores de cerdo estén vendiendo por debajo del costo y perdiendo dinero. Eso hace que toda la cadena tenga que comprimirse en márgenes. Nosotros hemos tenido que asumir los aumentos en el costo del alimento porque no hay a quién trasladárselos.
Yo resumiría lo que va del año como un periodo de buenas dinámicas y crecimiento en ventas, a pesar de que no ha habido incremento de precios, pero con un reto grande en utilidades, derivado del aumento de los costos laborales y de la sobreoferta, que ha mantenido los precios relativamente deprimidos”.
¿Cuál es la perspectiva para lo que resta de este 2026?
“En términos de dinámica, así como viene creciendo el volumen, nosotros particularmente seguimos firmes y comprometidos con esos segmentos. Independientemente del reto que estamos teniendo en márgenes, seguimos invirtiendo para acompañar esos crecimientos.
Este año estamos haciendo un Capex muy importante. El año pasado también lo hicimos, aumentando la capacidad productiva de las distintas plantas de Contegral, Finca y de los demás negocios. Venimos creciendo fuerte en inversiones. Desde el año pasado, comprometidos con el crecimiento de este sector, estamos invirtiendo y ahora, con más tranquilidad, lo seguiremos haciendo.
También estamos trabajando muy duro en un eje central de nuestra estrategia: el impacto positivo. Este año estamos muy avanzados y esperamos terminarlo logrando certificar a Grupo Bios como una organización del Sistema B.
Es un hito muy importante porque, para nosotros, el Sistema B es más que una certificación. Es un proceso muy retador que exige que la organización tenga los más altos estándares en sostenibilidad, no solamente ambiental, sino también de gobernanza, respeto por los proveedores, los empleados y las comunidades.
Entonces, resumiría el año diciendo que va bien, no solamente por el crecimiento en volúmenes, sino porque estamos garantizando ese enfoque de 360 grados para asegurar la sostenibilidad de la organización”.
¿De qué magnitud son las inversiones previstas para este año?
“Este año estamos hablando de un Capex cercano a los US$100 millones, a las tasas actuales del dólar, aproximadamente. Son inversiones en los negocios actuales, principalmente en ampliación de capacidad de plantas y en todos los negocios”.
¿Cómo están viendo las diferentes líneas de negocio de Grupo Bios?
“Todas las líneas reflejan, en general, la dinámica que mencioné al comienzo. Quizás la única que no crece al mismo ritmo es mascotas.
Las mascotas fueron una locura alrededor de la pandemia y después de ella. En el mundo entero, el consumo de alimento para mascotas crecía a velocidades muy altas. Eso se ha ido estabilizando. Cuando hacemos seguimiento a los indicadores en la región e incluso en Estados Unidos, vemos que ya están en niveles más mesurados.
Una de las razones es que cada vez crecen más los gatos y los perros de tallas pequeñas y medianas, que obviamente comen menos. Eso hace que las tasas de crecimiento de la industria ya no sean las mismas que teníamos antes.
Sigue siendo una categoría muy importante y las mascotas son cada vez más miembros de la familia, pero las tasas de crecimiento, al menos en nutrición y alimento, no son las mismas que experimentamos años atrás. Sigue siendo un negocio atractivo, pero no con esas tasas de crecimiento.
En nuestro caso particular, como ya había contado el año pasado, consolidamos una alianza con el grupo CMI de Guatemala. Hicimos una alianza 50/50 para el desarrollo de los mercados de Centroamérica y el Caribe y vamos bien. Este año estamos creciendo bastante en ese tema.
Esperamos cerrar el año en esa zona con unas 18.000 o 20.000 toneladas de ventas. No todas se originan en Colombia: una parte se origina en Colombia y otra en Guatemala.
Desde la perspectiva de mascotas, ese era un eje de nuestra estrategia: crecer internacionalmente. Esa definición se viene consolidando a través de ese vehículo. En Colombia seguimos garantizando que nuestras marcas sean líderes y que sean las que más perros y gatos alimentan”.
¿Cómo avanza la línea de proteínas refrigeradas?
“En proteínas, nosotros hemos planteado que queremos ser una organización multiproteína. Más que ser un gran productor de pollo, queremos ser un actor multiproteína, orientado a solucionar las necesidades del consumidor tanto en el hogar como fuera de él.
Eso significa que, para quien compra para consumir en el hogar y va a la tienda de la esquina, a un hard discount o a un supermercado, deberíamos estar presentes porque es el consumo que va al hogar. También deberíamos estar presentes en el consumo fuera del hogar, cuando una persona va a un restaurante, un hotel o cualquier otro establecimiento. Queremos estar en todos los momentos de consumo.
Ahí venimos bien, con las dificultades que mencioné en materia de rentabilidad, pero con buenas dinámicas de volumen.
Estamos integrando cada vez más a Antilana dentro de la organización para implementar bien este modelo. Por eso, a mitad de año, en la feria Alimentec, que es la feria de Food Service en Colombia, formalizamos el lanzamiento de Campo Azul, como una sombrilla de nuestras distintas marcas de proteína dirigidas al Food Service.
Es una plataforma para el fuera del hogar: hoteles, restaurantes, casinos y otros establecimientos, a los que a través de Campo Azul vamos a llegar con una oferta multiproteína”.
¿Qué participación tienen las diferentes líneas de negocio dentro de los ingresos de Grupo Bios?
“Nutrición animal y genética representan 68%; mascotas 13%, y multiproteínas 19%”.
¿Cómo está impactando la tasa de cambio los costos de materias primas como maíz y soya?
“La tasa de cambio ha ayudado porque hoy permite tener una reducción de costos de las materias primas. Lo que pasa es que las coberturas están hechas a otras tasas.
Todos quisiéramos que hoy los inventarios estuvieran al costo actual del dólar, pero no están a ese costo. Además, venimos operando con inventarios altos desde hace varios meses: primero, por la incertidumbre que había en Colombia, porque era bueno tener inventarios, y segundo, porque las cadenas de valor y las cadenas logísticas en el mundo están muy afectadas.
El canal de Panamá nuevamente se está complicando, en parte por el fenómeno de El Niño. El canal comparte tráfico de barcos y suministro de agua a la ciudad, y se prioriza el suministro de agua. Cada vez que pasa un barco se consume una cantidad muy importante de agua.
Nuevamente están restringiendo el tráfico y hay subastas para el cruce de barcos. Entonces, la costa Pacífica, Buenaventura y el servicio desde Estados Unidos están complicados, costosos e inciertos, con una fila de barcos muy larga. Los puertos también tienen muchas demoras.
Por eso los inventarios han tenido que crecer. No tenemos inventarios al costo que quisiéramos, porque están más altos.
Oferta de granos sí hay. Las cosechas han estado buenas tanto en Estados Unidos como en el Cono Sur.
Las bases son las que a veces reflejan estas incertidumbres logísticas. Han fluctuado y en algunos momentos del año han estado altas. Los futuros sí han estado relativamente competitivos y buenos. La tasa de cambio también ha ayudado. Es imposible decir que los costos no han bajado: han bajado y eso ha servido para compensar el incremento de la mano de obra.
Lo que pasa es que no han bajado a la velocidad que todos quisiéramos, por efecto de los altos niveles de inventarios que hay en las cadenas”.
¿Cómo avanza la iniciativa para producir soya y maíz en Colombia?
“Nosotros seguimos muy comprometidos. Sin embargo, hay que reconocer que en estos últimos cuatro años no hubo interlocutor para esa iniciativa. Esto no es una iniciativa solamente de privados; tiene que ser una iniciativa de país y debe desarrollarse como una política de Estado.
Es un proyecto de largo plazo. No ocurre en dos o tres años, sino que puede tomar 20 años y necesita continuidad. En el gobierno anterior, la verdad, eso no avanzó.
Por eso, agradezco que mantuvimos viva la iniciativa entre los privados, con reuniones y trabajo permanente. Nosotros, particularmente desde Grupo Bios, seguimos comprometidos con ser compradores de lo que se produzca en el país. Mantenemos contratos de compra con agricultores colombianos y lo vamos a seguir haciendo.
Eso hace parte de nuestro compromiso con la iniciativa. Adicionalmente, se está promoviendo un proyecto que incluso el nuevo gobierno ha acogido: el desarrollo de la Orinoquía y la Altillanura. Es un proyecto grande para remover obstáculos y lograr que en esa región del país, mediante agricultura intensiva, podamos ser eficientes y productivos en soya y maíz.
Ese es el gran proyecto. Veo entusiasmados al ministro de Agricultura y al presidente. Ahora, es un reto grande. Estas tasas de cambio hacen que el producto importado sea muy barato. Hemos dicho que Colombia debe desarrollar soya y maíz local siempre y cuando tenga un costo competitivo frente al importado. La vara para el productor local es más exigente porque tiene que competir con un grano que cada vez está más barato”.
¿Cuál es la meta en producción nacional de maíz y soya?
“Hay que hacer mucho más. Más que hectáreas hay otro concepto importante en Colombia: las toneladas de comida que podemos producir.
Yo creo que el gran reto que tenemos es producir al menos unos tres millones de toneladas de granos. Ya veremos cuántas hectáreas de tierra son necesarias. El objetivo no son las hectáreas, sino la comida.
Esa es una buena meta volante que nos hemos planteado en el proyecto: tres millones de toneladas. El país está importando cerca de ocho millones. Vamos por las primeras tres.
Estamos convencidos, y así lo han dicho los brasileños que ya hicieron este proceso, de que esas primeras tres millones son dolorosas y difíciles. Pero una vez se llega ahí, el proceso se vuelve más automático.
El reto grande es alcanzar esas primeras tres millones de toneladas.
Colombia actualmente produce alrededor de 1,0 o 1,2 millones de toneladas e importa cerca de ocho millones. Necesitamos llegar a tres rápidamente”.
¿Qué riesgos tienen identificados frente al fenómeno de El Niño?
“Es un tema muy importante. Como organización, estamos acompañando iniciativas privadas y públicas del nuevo gobierno. El ministro Indalecio Dangond ha estado realizando mesas de trabajo para definir qué debemos hacer como sector para proteger a los productores frente a El Niño”.
¿Qué se está haciendo?
“Lo primero es cuidar el agua lo máximo posible. No sabemos si finalmente habrá racionamiento. Ojalá logremos sacar adelante medidas de emergencia que impidan llegar a esa situación.
Nosotros particularmente nos hemos venido fortaleciendo en autogeneración. Ya habíamos montado cerca de 12 o 13 gigavatios de energía solar en las distintas plantas. También hemos aumentado las fuentes de energía de respaldo en caso de que nos veamos enfrentados a un racionamiento, porque hay operaciones que no pueden parar.
Un centro de distribución de pollo congelado, por ejemplo, no puede quedarse sin energía. Por eso tuvimos que instalar respaldos que antes no teníamos y en eso venimos trabajando desde el año pasado, previendo este escenario.
Hemos aumentado la energía de respaldo en operaciones críticas porque tenemos claro que no solamente debemos evitar que se dañen los productos, sino garantizar la continuidad de las operaciones del sector. Ser una organización grande y relevante también implica un compromiso con los productores pecuarios que confían en nosotros.
No podemos decirles que no podemos entregarles productos porque no hay energía. Por eso tenemos que hacer esas inversiones en respaldo energético. En resumen, llevamos más de un año preparándonos para garantizar la continuidad de los negocios, incluso en el peor escenario”.
¿Cómo está vinculando Grupo Bios a sus empleados y operaciones con la atención a los afectados por el terremoto?
“Lo primero es que nosotros tenemos una operación a nivel nacional y presencia en las zonas afectadas por la tragedia.
Estamos en Buga, donde tenemos una planta importante de Finca. Afortunadamente, las afectaciones allí fueron menores y en la planta no pasó nada. En la ciudad sí hubo afectaciones. Hay una escuela que estamos evaluando cómo apadrinar, junto con otros empresarios de la ciudad, para ayudar a recuperarla.
Más al norte las afectaciones son mayores. Tenemos otra planta grande en Cartago. A la planta tampoco le pasó nada, pero en la ciudad hay muchas afectaciones. En Pereira tenemos una planta importante de pollo.
En total, en ese eje, tenemos cerca de 235 personas de nuestra gente directa con afectaciones en sus viviendas. De ellas, cerca de 32 tuvieron pérdida total.
Estamos ayudando en este primer momento. Primero hicimos el censo de quienes perdieron todo y los tenemos en hoteles con sus familias porque hay que atender inicialmente la emergencia. También tuvimos que llevar agua desde Medellín durante los primeros días, cuando Pereira no tenía agua ni gas, para garantizar el suministro a las familias.
A través del apoyo de los bancos de alimentos, tanto Saciar como Ábaco, hemos donado hasta el momento 11.000 kilogramos de proteína. También hemos donado alimentos para mascotas, porque ha habido solicitudes en ese sentido.
En la iniciativa de la Andi comprometimos $1.000 millones, que vamos a destinar directamente, a través de los bancos de alimentos, a proteína y a la reconstrucción, con foco prioritario en nuestra propia gente. Es imposible que vayamos a ayudar a terceros cuando tenemos 32 familias de la organización que perdieron completamente sus viviendas.
Por eso, nos vamos a concentrar primero en ayudar a encontrar una solución definitiva de vivienda para las personas afectadas.
Vamos a continuar ayudando con proteína. Esta semana saldrá más y seguiremos haciéndolo porque esto no va a ser cuestión de dos semanas de enviar ayuda y después dejar de hacerlo. Es un proceso de largo aliento y queremos estar ahí durante el tiempo que tome, con proteína en la medida en que podamos.
Una vez terminemos de ayudar a las comunidades directamente afectadas de nuestra organización con soluciones de vivienda, veremos cómo nos unimos a otras iniciativas para apoyar soluciones para terceros.
En un momento como este, todos tenemos que poner. También hemos invitado a todos los integrantes de la organización a donar uno o dos días de su salario. Tenemos la meta de llegar a cerca de $800 millones adicionales a través de esa campaña.
Estamos sumando esfuerzos y, seguramente, entre proteína, vivienda y las demás ayudas, llegaremos a unos $2.000 millones aproximadamente”.
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