Economía

Cemargos, Grupo Nutresa y Corona se apuntarían en la reactivación de Venezuela

Aún lejos de los US$7.000 millones que llegó a representar ese mercado, la intervención de Estados Unidos revive el interés de estas compañías, que piensan en el vecino país.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones. Antes en El Tiempo. Premio Camacol (2024) y Asobancaria (2021 y 2024).

hace 4 horas

Hace casi dos décadas, la frontera entre Colombia y Venezuela era una de las arterias comerciales más dinámicas de la región. En su mejor momento, nuestro país le vendía al vecino cerca de US$7.000 millones al año, se movían 3,56 millones de toneladas de mercancías y más de 227.600 camiones de carga cruzaban de un lado a otro. Ese intenso flujo de negocios se desplomó con la crisis diplomática y el cierre de fronteras, hasta que la reapertura en 2022 empezó a devolverle gradualmente el pulso al comercio binacional.

Ahora el panorama parece más prometedor. La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos abrió una ventana histórica de oportunidades comerciales, y grandes empresas colombianas ya se están moviendo con esperanza hacia ese nuevo escenario. Compañías como Cementos Argos están evaluando su regreso, mientras que Grupo Nutresa anunció ambiciosos planes para expandir sus ventas de chocolates, galletas, helados y café, aprovechando el posible reinicio del libre comercio y la mayor disponibilidad de divisas para exportar productos colombianos a Venezuela.

Este nuevo contexto no solo ha despertado expectativas de retomar negocios y recuperar mercados perdidos, sino también de volver a mirar al país vecino como un socio comercial estratégico en la región. De hecho, una de las metas planteadas por el Gobierno del presidente Gustavo Petro es que esa relación comercial ascienda a los US$10.000 millones anuales.

Hay que recordar que antes de la reapertura de la frontera el comercio entre los dos países era muy reducido: en 2019, las exportaciones apenas sumaban US$196 millones. Para 2025, el panorama cambió de forma notable: entre enero y diciembre, las ventas colombianas a ese país crecieron 6,8% y alcanzaron US$1.071,7 millones, frente a los US$1.003,6 millones de 2024, según la Cámara Colombo Venezolana. En volumen, los envíos aumentaron 19,8%, hasta las 633.000 toneladas métricas.

Infraestructura y dulces, los primeros interesados

Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, decenas de empresas —especialmente de alimentos, textiles y manufactura— fueron expropiadas, forzadas a cerrar o a abandonar el país. La falta de reglas claras, los controles estatales y los problemas para cobrar terminaron por ahuyentar la inversión privada. Hoy, con un nuevo contexto político y comercial, el interés empresarial vuelve a activarse y la frontera podría, otra vez, convertirse en una palanca clave para el crecimiento económico.

Una de las primeras empresas que confirmó que está evaluando su regreso al vecino país fue Cementos Argos, que es parte del Grupo Argos, el holding de infraestructura más importante de Colombia.

Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, afirmó en una entrevista con Bloomberg que el proceso de normalización con Venezuela representa una oportunidad clave para reclamar los activos que fueron expropiados y, al mismo tiempo, participar en la reconstrucción de un país que hoy demanda una inversión masiva en infraestructura.

La historia de Cementos Argos en Venezuela fue un caso de éxito empresarial truncado por decisiones políticas. La compañía ingresó al mercado venezolano en 1997, tras ganar una subasta internacional en la que adquirió una planta ubicada en el estado Trujillo, entonces propiedad de la Corporación Cementos Andinos, que pertenecía al propio Estado venezolano.

Ese proyecto se vio interrumpido en marzo de 2006, cuando el entonces presidente Hugo Chávez anunció la expropiación de la industria cementera al afirmar que “el cemento es del pueblo”. En su momento, se estimó que la deuda acumulada por la expropiación de los activos de Argos superaba los US$300 millones.

En ese contexto, Velásquez ha insistido en que el reconocimiento y la reparación a los inversionistas expropiados debe ser una prioridad en cualquier proceso de transición legal y económica en Venezuela, como condición clave para restablecer la confianza.

Otro de los grandes conglomerados que ya anunció su intención de regresar al mercado venezolano es Grupo Nutresa, con la Nacional de Chocolates. La apuesta es clara y ambiciosa: llenar rápidamente a Venezuela con chocolates, galletas, helados y café producidos en Colombia.

“No tenemos que esperar dos o tres años para construir una fábrica. Simplemente debemos aumentar la producción y exportarla en camiones, lo que además genera márgenes de venta muy rentables”, explicó Gabriel Gilinski, líder del holding de alimentos y miembro de la familia Gilinski (propietaria mayoritaria de Nutresa), en entrevista con Bloomberg.

Según el empresario, la compañía ya ha adquirido cerca de medio millón de dólares en Venezuela, una estrategia que le permite repatriar utilidades y proteger sus ingresos en un entorno que empieza a normalizarse. Este movimiento ha sido posible gracias al mayor flujo de divisas, impulsado por la reactivación del comercio petrolero del país. Eso hizo que Gilinski autorizara la triplicación de las exportaciones mensuales, que en febrero alcanzaron cerca de US$3 millones.

Vajillas y lácteos apuestan por fortalecer sus lazos

Otra de las compañías colombianas que también ha evaluado fortalecer sus lazos comerciales es Vajillas Corona. Su gerente general, Daniel Restrepo, afirmó en una entrevista anterior con EL COLOMBIANO que Venezuela llegó a representar un mercado cercano a los US$5 millones anuales para la locería, convirtiéndose en uno de sus principales destinos de exportación.

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Aunque la empresa mantiene el interés en recuperar ese mercado, hoy avanza con cautela. “El negocio de Vajillas Corona es esencialmente exportador: más del 40% de nuestras ventas son externas y, en el segmento institucional, superan el 70%. Nuestros principales destinos son Perú, Brasil, Argentina y Estados Unidos. En el pasado, Venezuela fue uno de nuestros mercados más importantes y creemos que, en el largo plazo, volverá a tener un papel relevante”, señaló Restrepo.

No obstante, el directivo aclaró en ese momento que, por ahora, el foco está en restablecer contactos y entender la nueva dinámica del mercado venezolano: identificar a los actores actuales, los potenciales distribuidores y clientes, así como evaluar las condiciones financieras del país. Por ello, advirtió que el regreso será gradual y de largo aliento.

Un enfoque distinto ha tenido Alpina, que nunca abandonó el mercado venezolano. La compañía mantiene una de sus plantas en ese país y, según explicó a este diario Ernesto Fajardo, presidente del Grupo Alpina, llevan más de 30 años operando allí. “Nunca nos hemos ido porque tenemos la convicción de acompañar la nutrición de los venezolanos”.

Contó que durante este periodo, la empresa ha operado bajo un modelo flexible que combina producción local —con una planta en Villa de Cura, en el estado Aragua— e importaciones, adaptándose a las distintas realidades del mercado.

Sectores con oportunidades

Para los analistas económicos de Bancolombia, reactivar el comercio bilateral no solo depende de la voluntad política, sino también de gestionar múltiples restricciones operativas. También será esencial la realidad económica de Venezuela, ya que su mercado es hoy apenas un cuarto de lo que era hace una década.

Bajo este escenario, dijeron, las mayores oportunidades se concentran en sectores que históricamente no lograron sustituir la demanda venezolana en otros mercados. Entre ellos se destacan los textiles y las confecciones, el cuero, los vehículos y el papel. Asimismo, existen oportunidades en rubros exportadores que han diversificado sus destinos internacionales, como alimentos y bebidas, productos químicos y maquinaria.

Guillermo Criado, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección, señaló que Venezuela vuelve a representar oportunidades para el sector textil-confección, para la exportación de insumos, de textiles y de prendas de vestir hechas en Colombia, así como para los servicios técnicos asociados a maquinaria.

“Hoy el mercado está algo reprimido, pero históricamente, en el sector textil y de confecciones, las empresas que atendían bien a Venezuela tenían entre el 40% y el 50% de sus ventas en ese país”, anotó Criado. En cuanto a las barreras, agregó que una de las principales es el sistema de pagos. Aunque ya existen algunos mecanismos, todavía no hay total claridad.

Así, el regreso de Venezuela al radar empresarial colombiano marca el inicio de una etapa que combina cautela y expectativa.

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