EMPATICE CON SU ENEMIGO POLÍTICO
El 16 de septiembre de 2017 tenía la posibilidad de ser un día terrible en el Mall Nacional de Washington. Empezó con un rally, organizado por un grupo de partidarios de Donald Trump, llamado Reunión de Unificación de Patriotas de la Madre de Todos los Rallies. Contramanifestantes de un grupo llamado Black Lives Matter of Greater New York comenzaron a gritar a la multitud. Los organizadores del evento respondieron con gritos, y las dos partes comenzaron a moverse una hacia otra. A medida que la situación se hizo más combustible, espectadores grabaron la escena en sus teléfonos.
De repente la confrontación dio un giro inesperado. Tommy Gunn, el organizador del rally a favor de Trump, invitó a Hawk Newsome, cabeza del grupo de Black Lives Matter y líder de la contraprotesta, al escenario. “Le vamos a dar dos minutos de nuestra plataforma para enviar su mensaje”, dijo Gunn. “Si están o no de acuerdo con su mensaje es irrelevante. El hecho es que usted tiene derecho a tener el mensaje”.
Newsome aceptó la invitación y se dirigió al público con evidente sinceridad. “Yo soy un americano”, dijo, “y la belleza de Estados Unidos es que cuando usted ve que algo está averiado en su país, se puede movilizar para arreglarlo”.
Cuando alguien gritó, “todas las vidas importan!”, Newsome respondió: “Usted tiene razón, mi hermano, tiene razón. Tiene tanta razón. Todas las vidas importan, ¿verdad? Pero cuando se pierde una vida negra, no conseguimos justicia. Es por eso que decimos que las vidas negras importan. Si realmente queremos hacer grande a América, lo hacemos juntos”.
La hostilidad se disipó. Al final de su breve discurso, muchos estaban aplaudiendo a Newsome. Videos muestran a manifestantes en interacciones amistosas. Newsome posó para una foto con los hijos de un manifestante a favor de Trump.
¿Llegaron las dos partes a un acuerdo sobre política o Trump? Sin duda no lo hicieron. Sin embargo algo más profundo sucedió: se vieron unos a otros como personas. Esta es una ocurrencia cada vez más escasa en nuestro país; nos hemos vuelto aptos para evitar casi cualquier interacción con aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Podemos vivir en vecindarios, elegir lugares de trabajo, elegir universidades y diseñar nuestra exposición a las noticias de una manera que alimenta la guetoización ideológica y políticas de identidad. Nos separa como personas y reduce a los demás a características demográficas incorpóreas.
Súmele esto a la anonimidad tóxica de la interacción virtual a través de los medios sociales, y tenemos los ingredientes para una cultura polarizada por la percepción de que nosotros somos buenos y virtuosos, mientras que ellos son inhumanos y malvados. El profesor de leyes John A. Powell llama a esto ‘othering’ y ha demostrado que resulta en odio y discriminación.
Este fenómeno está bien documentado en la investigación científico social. En un estudio canónico de 1934, el sociólogo Richard LaPiere viajó por EE. UU. con una pareja china, observando el servicio que recibieron en 251 hoteles y restaurantes. Su objetivo era ver cómo los trataba la gente en un tiempo en que el racismo contra los chinos era común y abierto. Para su sorpresa, LaPiere encontró que les fue negado el servicio solo una vez.
Esa no fue la parte más sorprendente del estudio. Después, LaPiere envió cuestionarios a los 251 establecimientos preguntando si atenderían a “miembros de la raza china”. Entre todas las respuestas, solo un establecimiento dijo que lo haría; 92 % dijo que no lo haría; los demás no estaban seguros.
Frecuentemente suponemos que las personas son menos prejuiciadas en teoría que en la práctica. El experimento LaPiere demuestra justo lo contrario. Las personas son más hostiles unas hacia otras en lo abstracto que cuando los conocen en persona. Esto explica muchos fenómenos, incluyendo el apoyo a los derechos de los homosexuales cuando las personas se dan cuenta de que tienen parientes y colegas homosexuales.
¿Entonces qué podemos hacer para que la compasión y la empatía sean menos escasos y aleatorios en EE. UU. hoy? Sea como Tommy Gunn, y sin repudiar sus propias posturas, invite al “otro” a su escenario (cualquiera que sea). Sea como Hawk Newsome y vaya a donde las personas son hostiles y dígales lo que está en su corazón. Rechace la homogeneidad y anonimidad de las redes sociales.