Columnistas

2016

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31 de diciembre de 2016

Amable lector. Por primera vez un grupo de estudiantes asistía a la Facultad de Economía. El profesor, a pesar de reflejar el deterioro físico de los años hablaba claro y dijo así: Colombia es un país de contrastes, la naturaleza lo dotó de dos extensos mares, no importa que por negligencia de nuestros gobernantes nos hayan quitado un buen pedazo. Sus montañas son altas, hay fértiles valles cruzados por ríos caudalosos, sin embargo, muchos poblados carecen de agua.

El clima, según la altura es ardiente o frío pero a nadie mata, aunque en más de un lugar invita a la pereza. Sus gentes son una mezcla de razas nada fáciles de manejar. Existe una inicua desigualdad entre quienes poseen demasiado y otros que carecen de casi todo. Desde países como Noruega nos censuran con rigor, ignorando que es un problema más complejo de resolver que una ecuación indeterminada.

Repasando las páginas de nuestra historia, por decir algo, en los inicios del siglo XVIII se comenzó a hablar de la independencia. Basta mencionar dos personajes de esa época: Bolívar y Santander. El primero más parecido a Álvaro Uribe V. y el segundo a Juan Manuel Santos. Desde entonces ha existido una pugna estable y duradera entre quienes nos gobiernan.

El profesor agregó, ustedes son jóvenes llenos de ilusiones y fantasías y quieren cambiar el mundo. Ojalá que este sueño lo hagan realidad. No olviden que en la práctica solo hay dos formas de corregir tan afrentosa desigualdad. Una más simple que la otra, la primera consiste en quitarles a los que tienen mucho. La segunda es hacer realidad que los pobres disfruten de una vida digna.

Un buen ejemplo de la primera es seguir los pasos de Hugo Chávez y Maduro. La otra requiere un proceso más lento que solo se consigue administrando con pulcritud y eficiencia los recursos del Estado, que en buena parte corresponden a los impuestos, que de mala gana pagan los contribuyentes. Además, es imprescindible tener una justicia ecuánime y oportuna. Acá no tenemos ni lo uno ni lo otro.

El señor presidente puede firmar la paz y recibir todo el apoyo internacional, no obstante no habrá concordia mientras prevalezca la corrupción y la impunidad. El Gobierno Nacional, al inicio del año 2016, pronosticó que la economía crecería a un buen ritmo. La verdad es que por donde se mire los índices y las cifras son preocupantes.

El país creció mucho menos de lo esperado, estamos más endeudados, importamos más bienes y servicios de lo que exportamos y los recursos fiscales no alcanzan para atender las necesidades básicas. La reforma tributaria, con excepción del incremento del IVA, en buena parte se ocupó de corregir los graves desaciertos de las reformas de los años 2012 y 2014. Confiemos en que el próximo año se haga realidad la recuperación del tesoro del pirata Morgan.