A bajarse de la nube
Petro desconoce que la democracia no es mero asunto electoral, sino la extensión de todos los derechos y deberes ciudadanos en los que el voto es un escalón más, y no el final de la escalera.
Gustavo Petro pocas veces ha tenido los pies sobre la tierra y por eso le gusta tanto el balcón. Desde allí mira por encima del hombro y deja ver que la calle que tanto invoca es sólo la fijación de un déspota convertido en presidente, precisamente, por cuenta de lo que tanto le molesta: la democracia.
Como también ha pasado con la derecha, y de ahí el eterno pulso entre los extremos, Petro desconoce que la democracia no es mero asunto electoral, sino la extensión de todos los derechos y deberes ciudadanos en los que el voto es un escalón más, y no el final de la escalera. A Petro le sirvió la escalera para llegar al balcón y una vez allí hará lo que sea necesario para destrozar a quienes pongan en riesgo su “derecho a levitar”, porque las calles no son lo de los dictadores, sí lo de los demócratas.
Contra evidencia, el presidente fue elegido por mayoría, pero siempre desconfío de las urnas. En preventa electoral aseguró que habría fraude y una vez ganó desconoció el propio resultado: que la mitad del país lo votó en contra. De ahí que su llamado a las calles se parezca más a un autogolpe que a una revolución. Al ego de Petro le quedó chiquita e incómoda la Constitución del 91, así haya sido ésta la que le permitió llegar al poder por vía democrática y no por las armas como quizás siempre soñó.
Lo que viene no depende de Petro. No será él quien tienda puentes ni menos el que reconstruya los escalones rotos. El balcón le sienta bien. Serán los propios contrapesos constitucionales y democráticos los que lo bajen de la nube. Y las elecciones de octubre próximo se convierten en un buen escenario para ello, pues el equilibrio político que se suponía ofrecía el Congreso ha quedado hecho trizas y Petro amenaza con extender el balconazo hacia lo local y lo regional, donde la llamada “primera línea” sí que sabe eso de “tomarse las calles”.
Bajar a Petro de la nube mientras abusa del balcón será posible por las mismas vías que lo llevaron al poder. Con la Constitución del 91 en mano y el liderazgo del propio Congreso, de las Altas Cortes, de los organismos de control, del empresariado, de la academia y de los ciudadanos, a través del diálogo y el consenso necesarios para construir una visión compartida de futuro.
En esta vorágine de insensateces y aniquilamientos, reconstruir la escalera será decisivo para avanzar y reformar lo que es evidente que hay que reformar. Colombia necesita ponerse de acuerdo en lo fundamental, pero sin fundamentalismos. Sólo así, los balcones y las calles serán sitio de encuentro, y no de confrontación. .