Columnistas

A la sombra de la literatura y las artes

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01 de febrero de 2016

Por Melanie Van-grieken A.

Universidad del Norte, Barranquilla.

Derecho, sexto semestre

melanievangrieken@gmail.com

Hace poco alguien me recomendó un pequeño café cerca del centro histórico de Valledupar. Decir que me sentía en París, aun tratando de hacer honor a algún libro, no podría ser más inexacto.

Estaba entre lienzos, dos o tres periódicos, alguno que otro libro y buena música. Había un aire bohemio, pero no precisamente de la bohemia parisina, más bien, evocaba el ambiente jocoso, parrandero, en el que los juglares hablan de amores, de penas y canciones. Otra cultura, otro lugar, otro mundo, otra historia o quizá la misma.

Llegué allí a tomar un café, me senté al fondo del local, había unos cuantos clientes. Los cómodos sillones y los grandes espacios permitían advertir algunas risas, extensas conversaciones, negocios que no parecían muy interesantes y, por supuesto, la presencia de esos seres que suelen frecuentar estos lugares. Pensé en el sentido de la cultura.

Curiosamente, los cafés parecen ser imanes para los llamados intelectuales y los artistas, algunos con rituales, casi religiosos, a la hora de leer, hablar o expresarse. ¡Cuán equivocados están quienes piensan que los cafés, que el arte o la cultura, están destinados para ciertos seres! ¡Cuán lejos de la realidad están esos estereotipos!

La finalidad estética y comunicativa de las artes no exige nada, ni una forma de verse o de hablar, son simples placeres, a la mano de todos.

Siempre he creído que las artes tienen distintos cometidos, según quien las aprecia, para algunos cumplen una función ornamental, para otros, son un deber educativo, profesional; un asunto obligatorio. Sin embargo, entre mis favoritas, están aquellas que nos envuelven por ocio.

Acercarse al arte desarrolla un pensamiento crítico, nos educa para respetar la diversidad, nos conecta con nuestras emociones, nos hace regresar a antiguos lugares y nos invita a soñar más.

Es cuestión de eliminar los prejuicios; de dejar de pensar que los indignados, los moralistas, los que no creen, los que no pueden y los que esperan tienen la razón.

Soñemos cultura, dejemos el alma a la sombra de la literatura y de las artes... ¡Permitámonos un poquito de vida!

*Taller de Opinión es un proyecto de
El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión joven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidades e instituciones vinculadas con el proyecto.