Columnistas

ACUERDOS CON ENFOQUE DE GÉNERO

Loading...
23 de octubre de 2016

El presidente de Nigeria afirma como si nada delante de la canciller alemana Ángela Merkel que el lugar de su mujer es la cocina, el comedor y el resto de habitaciones de su casa. A Donald Trump le empiezan a sacar toda clase de agresiones sexuales contra mujeres, las que supuestamente realizaba porque su condición de “estrella” se lo permitía sin problemas. En Argentina una adolescente de 16 años es brutalmente violada y asesinada. Un tipo en Bogotá golpea salvajemente a su exnovia en un sitio público (todavía me pregunto por qué nadie la defendió) y la divulgación de los hechos desenmascara una cadena de abusos y palizas que el individuo le había propinado impunemente a por lo menos seis mujeres más que guardaban silencio. Un futbolista agarra a puños a su pareja con la que tiene un bebé de meses. En un pueblo cercano del Oriente antioqueño, un hombre mata de 46 puñaladas a su expareja, a la que maltrataba con frecuencia y con quien tenía un hijo de apenas siete meses.

Ejemplos de todas partes del mundo. Nosotros hemos crecido en una sociedad machista. Particularmente machista en Colombia. Y a pesar de que se ha avanzado (hoy parece increíble que hace apenas algo más de medio siglo las mujeres adquirieron el derecho al voto) estamos aún muy atrás. Y somos una sociedad hipócrita frente a esta realidad. Esa violencia física es apenas reflejo de lo que somos. Porque la cosa se extiende ampliamente a manifestaciones aparentemente inofensivas (pero que no lo son) como los chistes sexistas que son parte de nuestra cotidianidad o el hecho de que a la mujer no se le reconozca salarios equivalentes por labores iguales a las de los hombres, por señalar dos ejemplos más.

Y es un mundo agazapado y atroz que acorrala, segrega, maltrata e instrumentaliza a la mujer en el mundo. Las cifras de maltrato y abuso a la mujer en Colombia son aterradoras. Solo hay que pasarse un rato por los informes de Medicina Legal, que obviamente son apenas las cifras denunciadas: 22.155 casos de violencia sexual en 2015 (85,2 % contra mujeres) y 47.240 casos de violencia de pareja (86,7 % contra mujeres).

Ante esta evidencia, uno se pregunta por qué hay personas que cuestionan el enfoque de género que tienen los acuerdos de La Habana y tratan de confundir a la sociedad llamándola ideología de género, cuando ya el mismo monseñor Augusto Castro dijo que ese concepto no estaba en el Acuerdo Final. El texto de los acuerdos dice que hay que reconocer a las mujeres como ciudadanas autónomas y sujetos de derecho y que el conflicto ha tenido especial impacto sobre ellas como víctimas de graves crímenes e invita a tomar medidas adecuadas teniendo en cuenta sus necesidades específicas.

Es innegable que la desgracia del conflicto se ha ensañado contra la mujer con especial virulencia. El enfoque de género de los acuerdos trata de evidenciar esta situación y corregirla. ¿Cómo es posible que algunos quieran confundir y oponerse? Hay que estar alertas a que no se modifique esto en los acuerdos.