Adiós a Washington
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
La reunión del Grupo de los Siete en Quebec, Canadá, el pasado fin de semana, dejó una postal de la actualidad geopolítica. Literalmente. Es una instantánea, tomada por el grupo de prensa del gobierno alemán, que muestra el desconcierto de los líderes más poderosos del mundo con Donald Trump. El presidente estadounidense aparece sentado tras una mesa, de brazos cruzados y una sonrisa a medio camino entre el sarcasmo y la prepotencia, mientras la canciller alemana Ángela Merkel, del otro lado y con las manos sobre el mesón, parece encararlo y reclamarle su testarudez. A la derecha de la jefa de gobierno, casi escondido, se alcanza a descubrir a un incómodo presidente francés Emmanuel Macron, y más allá, con un rostro de inconformismo inocultable el primer ministro de Japón, Shinzō Abe. Los poderosos exasperados por el huésped de la Casa Blanca.
El primer ministro canadiense Justin Trudeau, anfitrión y héroe de las últimas horas liberales, sabía lo que le esperaba este fin de semana. Trump había anunciado que pasaría sin mucho entusiasmo por la reunión del grupo de los más poderosos antes de su viaje a Singapur (donde le espera su anticipada-cancelada-reactivada reunión con el norcoreano Kim Jong Un) y advirtió que se mantenía inamovible en su guerra comercial en la que espera defender su producción local a punta de aranceles a sus socios. Aunque calificó con un “diez” su relación con Francia y Alemania, minutos más tarde cambió el tono para renegar y decir que Estados Unidos no puede ser más la “alcancía de cerdito al que todo el mundo roba”. Al final, se negó a firmar la declaración conjunta.
La guerra comercial que plantea Trump es el último paquete de dinamita que ha puesto en la grieta con sus viejas potencias aliadas. Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Japón y Canadá no son indiferentes. Ya anunciaron que los seis juntos son más fuertes que Washington y Trudeau, apenas finalizar la reunión, contratacó: Ottawa no aceptará cláusulas de tiempo en los tratados de libre comercio y además estudia represalias comerciales contra Estados Unidos. Un año y medio después de la llegada del republicano, sus antiguos amigos finalmente entendieron que el diálogo y la diplomacia fueron ineficaces contra esa odiosa mezcla de superioridad e intransigencia. Ahora hablan los europeos y Canadá. Están dispuestos a construir un liderazgo renovado en el que Washington no estará presente.