Al final del primer tiempo
La desazón de una semana sin mundial de futbol, después de más de un mes de noticias sobre el tema y mucha emotividad por todas partes. También algo de sabiduría futbolística con argumentos reiterados como aquel que plantea: es conveniente hacer un gol justo antes del final del primer tiempo. Ese evento noquea al equipo que recibe el gol y lo manda en malas condiciones al vestuario, con lo cual aumenta la probabilidad de que sea el perdedor del partido.
Lo más llamativo es que la ciencia ya ha examinado la cuestión, un ejemplo es un artículo publicado (Baert y Amez, 2016, ¿No Better Moment to Score a Goal than Just Before Half Time?). La motivación del trabajo afirma que hay mucha investigación en el área porque predecir quien puede ganar un partido o la diferencia de goles moviliza grandes recursos económicos. No solo está impulsada por las apuestas, que las hay, sino también por el valor de las acciones de los equipos.
Utilizando modelos matemáticos y estadísticos, los académicos relacionaron los logros en el fútbol con la habilidad del equipo y de su entrenador, el esfuerzo del grupo, la condición física y mental del equipo y las decisiones tomadas por los jugadores, los directores técnicos y los árbitros. Nada que sorprenda realmente.
Más sutil es la idea del gol antes de la pausa, que ha requerido un trabajo en sí misma. En este caso, los autores hablan de desafiar un mito y para ello tienen una base de datos de 1159 juegos de la copa de campeones (2008-2014) y de la copa de Europa (2011-2014). Los datos son analizados por medio de un modelo estadístico (regresión lineal), que relaciona los resultados finales de los partidos con el evento de un gol inmediatamente antes del descanso, con otros sucesos y características del partido, así como el país del equipo y las características particulares de este último.
Los datos no apoyan el mito. En contraste, la diferencia de goles es probable que sea más baja si es el equipo de casa el que hace el gol. Si, por el contrario, es el equipo visitante el que hace el gol, el efecto es neutral sobre el resultado final. Así las cosas, los autores afirman que hay un elemento de heterogeneidad que es importante y debe incorporarse en este tipo de estudios: el hecho de que los equipos jueguen de locales o de visitantes, algo que ya sospechaban los amantes del balompié.
Sería interesante mirar la copa del mundo con esos ojos. Claro, el modelo debe cambiar porque debe haber otros determinantes. Seguro aparecerían elementos difíciles de medir como el honor de representar al país, el coraje que se observa en algunas selecciones nacionales, el hecho de que solo una de ellas es genuinamente local y la presencia de los extra-tiempos etc. En todo caso elementos más cercanos a la magia del mundial que solo veremos en unos larguísimos cuatro años y medio.