Alcalde Federico, no baje la guardia
No sorprende la amenaza de muerte que recientemente denunció en su contra el alcalde de la ciudad, Federico Gutiérrez. Lamentablemente, era previsible que su apuesta por recuperar la seguridad lo pondría en la mira de la maraña de delincuentes que nos ha venido extorsionando, robando y amenazando.
Los medios de comunicación nacionales, la mayoría de Bogotá, hicieron eco de la amenaza contra el alcalde, pero para los medellinenses era algo que se veía venir. Federico Gutiérrez es un político de andar la calle, que se ha mostrado como una figura fresca y que decidió no darles tregua a los criminales.
Es el primer mandatario decidido a enfrentar con rigor las bandas, pues en mandatos anteriores la inseguridad ganó terreno. Gutiérrez, con el riesgo de un costo político, se impuso plazos para que en sectores críticos, como el Centro y Castilla, se vean resultados.
Está visto que el crimen en Medellín es una maquinaria aceitada y robusta. Hay, por ejemplo, cabecillas de las llamadas Convivir, que manejan el 80 % de las extorsiones del Centro y que se apropian de más de mil millones de pesos al año. Gutiérrez les está dando donde les duele: el bolsillo.
Era de esperarse que la mano dura del alcalde se hiciera sentir, pues, durante la campaña escuchó a los ciudadanos en la calle, al del puestico de frutas y al de la empresa extorsionada. Que enfrentara el flagelo de la vacuna y la extorsión, fue la queja principal.
Los burgomaestres, con los miles de millones en impuestos que tiene asegurados Medellín, además de la lucrativa EPM, la tienen fácil para que su gestión y popularidad los haga destacados gobernantes. El derroche en autopublicidad les ha abonado el reconocimiento como los mejores alcaldes de Colombia. En esta misma columna, en el mandato de Aníbal Gaviria, escribí en alguna ocasión que él no conciliaba el sueño debido a la crítica situación de inseguridad. Pensé que se esforzaría por hacer algo que impactara esa situación, pero culminó su mandato y no lo logró.
Y es que la seguridad ciudadana ha sufrido una grave fractura, pese a que las estadísticas en esa publicidad rimbombante dijeran lo contrario. Ello merece una lectura juiciosa, más allá de la cifra, pues la aparente reducción en los indicadores de inseguridad se debe también a que comerciantes y ciudadanos optaron por pagarles a las bandas criminales por la seguridad en sus sectores. Además, en esas estadísticas no se reflejan los delitos que no se denuncian, pues este mecanismo es visto como un trámite sin efectividad frente al castigo que se les da a los delincuentes.
Por eso, alcalde Federico, no baje la guardia. Necesitamos que le cumpla a Medellín y que la haga segura, pero no en folletos o en publicidades de paraderos de buses. Es necesario que seamos nosotros los ciudadanos los que podamos corroborar y disfrutar cotidianamente esa seguridad.