Alejo Vargas, Un filósofo hecho para la paz
Un cese al fuego mal hecho no es otra cosa que prolongar la guerra. Así lo ha dicho el profesor Alejo Vargas, uno de los hombres que vienen contribuyendo, sin protagonismo, en el proceso de paz que se adelanta en La Habana. Sus escritos, conferencias y eventos a los que convoca a distintos estamentos de la sociedad, sin discriminación alguna, están allanando ese camino para que en medio de la polarización del país, podamos comprender objetivamente el proceso de paz y lo que significa.
Nacido en una de las regiones más violentas, San Vicente de Chucurí, Vargas ha logrado escalar a las altas cumbres de la academia. Fue vicerrector general de la Universidad Nacional de Colombia, también ha sido decano en esa misma institución y ahora está contribuyendo como director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz. Además, expone sus ideas de paz en una columna dominical en este mismo diario.
Vargas es un académico e investigador riguroso, con reflexiones profundas sobre la historia del conflicto armado. Sus escritos son valientes y críticos frente a los intereses políticos que orbitan la guerra y la paz. Siempre están acompañados por cuidadosos soportes históricos de los problemas sociales y políticos. Con él hemos aprendido que la guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz, que la guerra es uno de los mayores fracasos de los colombianos.
Con sus aportes sobre la paz y la guerra, el profesor Vargas ha venido construyendo una filosofía por la paz. Sus postulados coinciden con lo dicho por Erasmo Rotterdam: la paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. Vargas ha demostrado estar plenamente convencido de que cualquier justificación de la guerra es una actitud deleznable. Es pusilánime afirmar que una guerra es justa si es más que evidente que lo que es en realidad es un medio para que algunos pocos hombres cumplan su fin, sus intereses.
El profesor Vargas ha sido reiterativo en que los conflictos no deben resolverse mediante la confrontación violenta, sino buscando el diálogo sensato y perseverante. Ha repetido, una y otra vez, que lo que más obstruye el avance hacia la paz es la desconfianza de ambas partes; desconfianza que tiene raíces sociales y políticas que Vargas ha puesto sobre la mesa en sus conferencias y escritos. Por ello las víctimas lo reconocemos como un pedagogo y apóstol de la paz.
Nos ha insistido en que la prioridad no es solamente terminar la guerra a cualquier costo, sino también echar las bases para construir la paz, es decir, lograr la posibilidad de desarrollo para las mayorías nacionales.
Razón le asistió a la revista Semana y otras importantes organizaciones para que a este hombre lo hayan escogido —entre 600 postulados— como uno de los 10 mejores líderes que en Colombia hayan trabajado en favor de la paz. Ese reconocimiento es modesto, según lo vemos muchas de las víctimas del conflicto que hemos seguido sus postulados. A él mi homenaje de gratitud y mi exaltación personal como un filósofo hecho para la paz.