ALGO ESTÁ MAL, MUY MAL
Quienes nos hemos aventurado alguna vez en un proyecto de emprendimiento sabemos que el paso más difícil, a veces imposible por las múltiples exigencias y los altos costos que implica, es obtener una licencia del Invima. Lo que nunca sospeché, boba que soy, es que bastaba incluir en el formulario una casilla indicando el monto a pagar por el soborno y listo, así de sencillo, sin inspecciones rigurosas; sin asesores extras que cobran un infierno de plata para garantizar que sí se llenen los requisitos, que nunca se llenan porque siempre quedan faltando cinco centavos pal peso; sin interminables meses viviendo con la ansiedad de esperar una respuesta positiva; sin el desconsuelo de recibir una negativa, hasta que en el límite de las fuerzas y sin un peso en el bolsillo, se tira la toalla, se bajan los brazos, se hace el duelo por lo que no pudo ser y se aprende a vivir con las limitaciones que implica no tener la deseada licencia. Es triste, pero es más triste saber que después de tantos esfuerzos en vano, esta entidad tan exigente ella, resultó contaminada por algunos funcionarios inescrupulosos que por dinero, siempre el dinero como prioridad en la agenda, ponen en riesgo la salud y el bienestar de los colombianos.
Tan difícil hacer empresa legal, generar empleo formal, pagar impuestos, soportar las épocas de vacas flacas... Y tan doloroso saber que hay negocios ilegales, bajo la mirada soslayada y de doble moral del mundo entero, tan rentables. Las cantidades de dinero que se mueven por debajo de la mesa son tierra abonada para la desesperanza.
Que alias don Omar, el jíbaro capturado hace unos días en el operativo policial en la avenida De Greiff, se gane veinticinco millones de pesos cada día, y no precisamente con el sudor de la frente ni gracias a un talento especial sino por “gerenciar” una empresa de microtráfico de marihuana, bazuco, heroína, cocaína y sabrá Pepa cuántas “golosinas” más, que se venden como si fueran gomitas a precio de oro puro, es una vulgaridad. ¿Cuántos años tiene que trabajar un obrero raso para acumular lo que este tipo se ganaba en un día, y lo que se ganará su sucesor, que ya debe haber ocupado la vacante?
No desconozco el esfuerzo de la Alcaldía en su lucha contra los combos delincuenciales. Tampoco entiendo a quienes critican el uso del helicóptero, por ejemplo, con argumentos como que Medellín está de regreso a los años ochenta. Obviamente la delincuencia nunca se ha ido y ahora que hay una lucha decidida, continua y con logros, aunque falte mucho, les parece que las autoridades hacen mucha bulla y son muy pantalleras. Respeto su raro parecer, pero yo sí agradezco cada sobrevuelo de El Halcón porque sé que van detrás de algún hampón de los tantos que padecemos. Que las leyes no ayuden es otra cosa, como tampoco ayudan quienes solo critican y no se ocupan ni siquiera de educar a los suyos en la legalidad ni en cambiar esa mentalidad que le rinde culto al dinero fácil, para después decir, a viva voz y sin asumir ninguna corresponsabilidad, que somos una sociedad enferma, torcida y sin rumbo.
Pero retomemos: Algo está mal, muy mal, si en nuestra sociedad es tan difícil hacer empresa legal y resulta tan rentable la ilegal.