Columnistas

Almendras patrias

Loading...
16 de febrero de 2016

Colombia es un reino de cosas absurdas e incoherentes. Cantidad de situaciones dan cuenta de eso y tristemente ya ni les paramos bolas, porque si no tienen dimensión de megaescándalo, no hay razón para que las tomemos en cuenta, olvidando que en las nimiedades también se demuestra lo absurdos e incoherentes que somos.

Entonces, teniendo en cuenta lo anterior y con vos de señora refinada tomando el té, ¿cómo les parece el asunto de las almendras en la Casa de Nariño? Parece una pendejada, pero demuestra ese “absurdismo incoherente” que cargamos.

Resulta que el Gobierno Nacional suscribió un contrato de $15 millones para comprar 400 cajas de almendras finas con el objeto de atender actividades protocolarias en la Casa de Nariño. Puede que $15 millones no sea mucho dinero para presentes institucionales, una chichigua para el estilo elegante y de buenas maneras que el gobierno Santos trata de imponer con el fin de borrar la huella montañera que dejó su antecesor, quien probablemente daba “tintico” endulzado con aguapanela y guandolo para quitar la sed y que a lo sumo regalaba una estampita de la madre Laura o del padre Marianito como suvenir.

Pensarán en el Gobierno que esa platica para almendras no es un gasto sino una inversión estratégica. ¿Cómo no demostrarles a los visitantes ilustres y a las delegaciones diplomáticas que están hablando con gente de buen gusto? Los asesores de imagen y buenas maneras dirán que con semejante presente con envoltura en papel dorado, el país se ve muy titino y con mucho estilo, porque eso sí, un arequipe de totuma, un bocadillo veleño, una gelatina de pata o unas colaciones, verdaderos dulces típicos de la tierra, son muy mañés para el estatus que se quiere manejar.

Según el contrato (que puede consultarse en el Sistema Electrónico de Contratación Pública) el valor unitario de cada caja de almendras es $37.000. Una bobada en plata para la buena imagen que se da. La cosa es que de puertas del Palacio para afuera, $37.000 significan mucho, especialmente para un colombiano de salario mínimo. Estamos hablando de algo así como $15.000 más por día. ¡Y $15.000 son $15.000!

Siendo así, una caja de almendras del Palacio equivale a una fortuna para un colombiano que vive en los rines. Pero qué importa, si en cada caja hay un detalle que toca la fibra de cualquiera: las almendras son amarillas, azules y rojas haciendo honor a nuestro tricolor.

Hasta ahí seguimos en el terreno de lo absurdo, tan común en la patria boba que ni valdría la pena prestarle atención. Sin embargo, la cosa da un giro de 180 grados hacia la indignación cuando el Gobierno trata de ejercer lo que el presidente llama “austeridad inteligente”. Desde hace días los miembros del Ejecutivo obedecen una orden: convencernos de que están ahorrando porque el palo no está para cucharas y el ejemplo empieza por Casa... de Nariño. ¿Y por qué el palo no está para cucharas? Solo diré una palabra para que mantengamos la tónica confitera: mermelada.

Entonces comenzamos a ver actitudes tan loables como la del ministro Mauricio Cárdenas viajando en avión en clase económica, vendiéndonos la idea de austeridad. Es patético presenciar semejantes incoherencias. Gastan en lo innecesario (las almendras) y se deshilvanan en retórica para convencernos de que están juiciosos con el ahorro. “No habrá publicaciones de lujo, no habrá eventos suntuarios y no habrá merchandising como gorras y regalos”, dijo Santos hace poco al hablar de esa austeridad inteligente. Pero eso sí, la plata para almendras se debe mantener. Notifíquese y cúmplase.