Amantes en la cumbre
“El hielo los conservó perfectamente”, así los describe el hombre que los avistó al sur de Suiza. Un hombre y una mujer, tendidos al lado de su mochila, reloj, una botella, un libro. Debieron de petrificarse hacia 1942. Sus ropas eran de la Segunda Guerra Mundial.
La noticia, escueta, la publicó hace una semana El Colombiano en la sección Radar cuyo contenido es ración habitual para la imaginación. Como los buenos relatos, entrega al lector la facultad de discernir el título del libro, la hora final del reloj, qué contenía la botella.
El dato del atuendo abre la rendija de que fueran militares. ¿Ropas de la guerra? No de la época de la guerra, sino atuendos de guerra. La policía local intentó ponerle prosa al asunto pues, pese a que apenas inició la identificación, lleva a inferir que “al parecer” era una pareja local que dejó siete huérfanos.
Qué inteligencia militar la de estos gendarmes. Es dudoso que hayan conversado con alguno de los siete huérfanos o con quienes los conocieron. Todos han de reposar en el cementerio cercano, si no es que se los tragó alguna fosa de guerra.
La montaña nevada es quince metros más alta que Bogotá: 2.615. Durante tres cuartos de siglo los esquiadores no vieron nada. Es evidente que la pareja momificada no pereció por avalancha ni por derrumbe pues entonces libro, reloj y botella se habrían borrado del mapa. Los cuerpos no mostrarían perfectas condiciones.
Los muertos dejaron su huida en silencio. En el blanco y yerto mutismo de la eternidad. Es el mismo caso de los amantes de Sumpa, hallados en cercanías de Guayaquil, Ecuador. Hombre y mujer de no más de 25 años, en osamenta neta, protagonizan un abrazo que lleva varios siglos. Se entrelazaron, se besaron, ¿cuál de los dos murió primero?
¿Serían también amantes los integrantes del dúo suizo? Quizá pretendieron escapar de la metralla y subieron a sus muertes tomando el tiempo entero del mundo para ellos. El reloj testificaría el instante del paso al otro lado. La botella sería un licor para calentar y entusiasmar los huesos.
El libro, los poemas de Blaise Cendrars, su compatriota: “Somos aquellos a quienes han amputado el espacio.../ Un corral/ El mundo moderno/ La velocidad no puede remediarlo/ El mundo moderno/ Los horizontes están demasiado lejos/ Y al cabo del viaje es terrible ser un hombre con una mujer...”.