Andrés Felipe Arias, el perseguido
El ex ministro y prófugo de la justicia colombiana Andrés Felipe Arias le dijo a este diario, en una entrevista publicada ayer, que ya no pertenece al Partido Conservador sino al Centro Democrático, del que ha recibido “todo el acompañamiento”. Es ese mismo movimiento que advierte, una y otra vez, que la ejemplar democracia colombiana está amenazada debido a las concesiones exageradas y peligrosas que se le hicieron a las Farc en los acuerdos de La Habana.
Habla, Andrés Felipe, con una candidez que sobrecoge a los más incautos. Según él, el sector agrario y rural prosperará “con inversión, tecnología, orientando la producción a la exportación y la agregación de valor”.
Arias no recuerda que tiene una condena vigente en Colombia (07/14) por el desvío de 26.496 millones de pesos del programa Agro Ingreso Seguro (AIS), para favorecer, entre otros, a terratenientes y empresarios que no necesitaban “esa platica”.
Como se trata de tener ejemplos, puedo hablar de que, por lo menos en Antioquia, un reconocido empresario cedió a un subalterno uno de esos créditos concedidos por Arias durante su gestión en el Ministerio de Agricultura. Ese dinero -superior a 200 millones de pesos-, con intereses más que blandos, no fue a parar a manos de campesinos.
El lodo del asunto está en cómo por ejemplo el AIS favoreció en el Magdalena a grupos agroindustriales, caso de los Dávila Abondano, sindicados de fraccionar al menos una extensa propiedad para hacerse con créditos frente a los cuales, por supuesto, debieron tener prioridad pequeños y medianos labriegos del país, carentes de tecnología y recursos para inversión en el desarrollo de sus empresas y proyectos productivos.
Arias, que hoy se comporta y habla como un pobre huerfanito (del poder), se caracterizaba entonces por ser un clon de su jefe político Álvaro Uribe, pero con las ínfulas y la megalomanía del economista brillante, doctor de la Universidad de California, como se le gloriaba. Ahora, aquel jefecito insoportable, dice que les estrechó la mano en la cárcel a los presos colombianos pobres y escuchó sus historias.
Es curioso que ese sistema de privilegios que defiende su movimiento, el CD, con todos los vicios de enquistamiento y pervivencia de ciertas castas en el poder, ahora no le sirva a Arias: “La paz se logrará el día que haya justicia, paz política y cuando la Corte Suprema de Justicia no siga actuando como un partido político. Todo lo demás puede sonar muy bonito (...) no me condenaron por lo que hice, sino por quien era”. Vaya prohombre.
Lo suyo suena muy puro, demasiado, doctor Arias.