Angustia en el sur
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
Argentina es un manojo de nervios con las calles llenas de caminantes cabizbajos, con las pantallas de los televisores emitiendo alertas y sonidos de noticias extraordinarias, con los buses repletos pero silenciosos. Se sienten los temblores de la economía y la angustia de un país acostumbrado a los sobresaltos del bolsillo y los vuelcos del corazón.
¿Otra vez?, se pregunta la gente. ¿Es así como nos volvemos pobres todos de nuevo? ¿No era Mauricio Macri el industrial capaz de encaminar a una nación que vive ciclos de desesperanza con una clase trabajadora que no sabe si con lo que obtiene hoy puede vivir mañana?
Nadie habla de otra cosa. En menos de un año el peso argentino perdió la mitad de su valor y en dos días (miércoles y jueves pasado) el dólar subió casi un 20 por ciento con las penosas consecuencias que esto acarrea en el día a día. Para este punto, y según los más optimistas, el 2018 cerrará con una inflación cercana a los 35 puntos. La debacle.
A finales de 2015, cuando Macri llegó a la Casa Rosada con la promesa de limpiar el desbarajuste fiscal causado por doce años de gobiernos kirchneristas, anunció que traía al “mejor equipo económico de los últimos 50 años”. Con juramentos de mejora paulatina pidió paciencia y esfuerzo para tener en dos años un crecimiento sustancial. “Es el regreso de Argentina al mundo”, dijo.
Pero ya casi cerramos su tercer año de cuatro y las cosas no mejoran y aceleran al precipicio. Una mala concordancia con la política económica mundial, la llegada del proteccionismo de Trump, la caída de las monedas emergentes, una sequía histórica, pero sobre todo, un pésimo trabajo político; tienen al gobierno macrista desorientado y desconcertado.
Hace falta oír al presidente o a sus voceros para sentirlos caer en contradicciones vergonzosas. Dicen para arrepentirse. Para luego desdecirse. Para improvisar una vez más. Y ante cada error la economía tiembla y el dólar se dispara y los sueldos pierden valor.
¿Saben para dónde van?, indagan incluso aquellos que los votaron. Porque antes se daba por sentado que este era el primero de dos mandatos. Reelección fija. Macri I y Macri II. Ahora la Casa Rosada está concentrada en lograr, al menos, la meta del 2019. Incluso si eso requiere forzar las marchas.