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¿AÚN PODEMOS CONFIAR EN WIKILEAKS?

12 de agosto de 2016

Por Alex Gibney
redaccion@elcolombiano.com.co

La revelación de una serie de correos electrónicos del Comité Nacional Democrático por parte de Wikileaks el mes pasado ha originado una cantidad de preguntas sobre el papel del CND en el intento por influenciar las primarias y sobre la supuesta interferencia de la inteligencia rusa en las elecciones de Estados Unidos.

También dio origen a preguntas que por mucho tiempo se han debatido sobre el mismo Wikileaks, sobre cómo una organización dedicada a la transparencia radical sigue trayendo mundos secretos a la luz. Y el episodio revela algunas de las debilidades de Wikileaks y su fundador, Julian Assange, como su descuido con datos personales y su uso de información para resolver asuntos y avanzar intereses personales.

Yo he tenido mis choques con Assange. Durante la producción de mi película “We steal secrets: The story of WikiLeaks” (Robamos secretos: la historia de WikiLeaks) en el 2013 pasé unas agonizantes seis horas con él, cuando él estaba viviendo en una casa de campo inglesa estando libre bajo fianza. Me impactó lo insistentemente que desvió la conversación lejos de cuestiones de principios hacia insultos personales contra él, y sus planes de venganza. Exigió “intel” personal sobre otros a quienes yo había entrevistado, e ignoró preguntas sobre la organización diciendo “Yo soy WikiLeaks” repetidamente. (Luego, Assange y sus seguidores me atacaron a mí y a mi película).

A pesar de esta historia, yo creo que WikiLeaks estaba plenamente justificado en publicar los correos electrónicos del CND, los cuales ofrecieron pruebas de que miembros del CND en unas primarias altamente competitivas, discutieron cómo menospreciar la campaña de Bernie Sanders.

En cuanto a la antipatía de Assange contra Hillary Clinton -él ha escrito que a ella le “falta juicio y llevará a los Estados Unidos hacia guerras estúpidas e interminables que difunden el terrorismo”- eso es evidencia de prejuicio, pero no más que eso.

Aún no sabemos quién filtró el archivo de la CND, pero dada la asociación de Assange con Rusia, no me sorprendería descubrir que fue un agente ruso o un intermediario. Todos deberíamos estar preocupados si es así de fácil para los rusos introducirse en el CND y las redes gubernamentales de los Estados Unidos.

Pero hay una tradición responsable de editar información potencialmente dañina. En 2010, justo antes de publicar los primeros registros afganos ofrecidos a WikiLeaks por Chelsea Manning, Assange y un grupo de periodistas de The Guardian, The New York Times y Der Spiegel se vieron involucrados en una pelea sobre la edición de los nombres de informantes afganos. Las tres publicaciones decidieron hacerlo, pero Assange no estaba de acuerdo. Como le dijo a Nick Davies de The Guardian, “Si un civil afgano le ayuda a fuerzas de la coalición, este merece morir”.

En una parte poco apreciado de la saga de WikiLeaks, voluntarios expertos en computadores en la organización corrigieron el error de Assange y utilizaron un programa ingenioso para eliminar los nombres e identidades de la segunda filtración de documentos, los registros de la guerra de Irak. Fue una muestra ejemplar de cómo publicar materiales delicados.

En comparación, Edward Snowden ha sido mucho más cuidadoso sobre cómo los documentos filtrados fueron publicados. Él recientemente criticó a Assange, diciendo que la hostilidad de WikiLeaks “hacia incluso la más modesta curación es un error.”

Para muchos de quienes lo conocen bien, Assange está afligido por lo que la policía llama “corrupción de causa noble”, una creencia de que fines nobles justifican medios insensatos o inmorales. En un mundo inundado de nueva información -y desinformación- contexto, motivación y confianza son cruciales cuando se trata de darle peso a las filtraciones y su precisión. Assange aún dice que WikiLeaks es un modelo de transparencia. Ya no deberíamos confiar en su palabra.