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Barras virtuales

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15 de agosto de 2017

La barra. Una palabra que puede ser definida como grupo de amigos que comparten ciertas aficiones o aspectos en común. Barras en el colegio, en el vecindario. En mi época escolar, al menos, había un lugar para encontrarnos en el recreo. También un sitio fijo para juntarnos en el vecindario, a una hora determinada, especialmente viernes y sábados después de terminar las tareas escolares.

Los amigos de la barra eran los que encabezaban la lista de invitaciones a las fiestas de quince y en barra armábamos paseos para integrarnos y pasarla bien. Esas fueron las barras de finales del siglo XX.

Pero ahora el nuevo punto de encuentro entre el grupo de amigos ya no es un lugar en el vecindario o una esquina del patio de recreo del colegio. En las barras modernas puede haber integrantes en diferentes lugares del mundo y también husos horarios. Pueden incluso pertenecer a ellas personas de todas las edades. Y no necesariamente los amigos están para mirarse la cara. Las barras a las que me refiero se llaman grupos de whatsapp.

Los hay por diferentes motivos. Familia nuclear, familia extendida, promoción del colegio, compañeros de trabajo y cualquier otro creativo elemento que pueda unir a un grupo de personas que pueden, desde ser vecinos hasta encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Al desear ingresar a un nuevo grupo se acepta el hecho de querer recibir mensajes de amigos o personas con quienes se comparte algo en común. Pero también uno se arriesga a tener el teléfono más atiborrado de mensajes y a veces perderse en ellos o dedicarse demasiado tiempo a leer, ver fotos o videos y a que se abran más ventanas en el complejo mundo de las comunicaciones.

Los diálogos en las barras virtuales casi siempre son funcionales o ligeros. A veces a través de ellos nos enteramos también lo que sucede en el mundo de manera más rápida y a veces eficaz que escuchando un noticiero de radio.

También por medio de estos grupos enviamos y recibimos chistes, videos o memes que pueden hacernos reír en medio de nuestra rutina. En ocasiones estos grupos sirven para pedir favores o hacer cadenas de oración por una intención especial. A veces surgen también discusiones acaloradas, las cuales trato de evitar porque considero que un chat no es el lugar para tenerlas y porque a través de ellas pueden surgir malos entendidos. Para ello no hay como el cara a cara y, si por motivos de distancia no se puede, entonces el “voz a voz”.

Confieso que al vivir fuera de mi país disfruto enterarme de lo que pasa en Colombia. Sin embargo, existe una tentación de perderse el tiempo presente y amistades cara a cara por estar “textiándose” -verbo que pronto debería introducirse en la Real Academia de la Lengua- con amigos del exterior.

Pertenecer a estas barras trae pues pros y sus contras. Por un lado, vale la pena retomar el contacto amistades que han estado congeladas quizás por la distancia. Por otro, el consumir demasiado tiempo en ellas puede llevarnos a perdernos del lugar y tiempo presentes. Depende pues de nosotros darle un uso que sea para nuestro provecho y nos permita integrar el contacto con quienes tenemos lejos a la amistad con quienes están cerca.