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Beatiful boy: Una pregunta ante la droga

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15 de abril de 2019

Por FELIPE AGUDELO OLARTE

redaccion@elcolombiano.com.co

“¿Quiero saber quién eres?”, es la pregunta de David Sheff a su hijo adolescente Nic, adicto a la metanfetamina, en la película Beatiful Boy –Siempre serás mi hijo- (2018), cuyos diarios de la vida real en la narración del proceso de las drogas desde sus propias perspectivas son hechos guion por Luke Davies, bajo la dirección del cineasta belga Felix Van Groeningen.

En el filme el padre recuerda los momentos y sueños vividos con su hijo y confiesa en el grito “¡esto no es lo que soñé!” que ante la adicción ya solo llega a pedir cada día que Nic no muera. Es la realidad de la droga: vuelve las ilusiones pesadillas y destruye soñadores dejándonos sin posibilidad de imaginación.

A medida que avanza la película, David contempla el cambio que degrada no solo física sino emocionalmente a su hijo, como lo comprueba al ver su libreta de dibujo en la que los trazos de color llenos de vida se diluyen a medida que va pasando cada página y con ellas la adicción de Nic, hasta terminar en grotescas figuras de colores oscuros. Una imagen simbólica del efecto de la droga: nos desdibuja como seres humanos y como colectividad.

Precisamente, a nosotros como sociedad también se nos lanza la pregunta: “¿Quiero saber quién eres?”. En el último reporte del Observatorio de Drogas de Colombia (ODC) las cifras revelan el incremento del consumo –tres millones de personas han consumido drogas ilícitas al menos en una ocasión– así como la presencia de nuevas sustancias psicoactivas (NSP). La droga nos desfigura como sociedad por su mercado que tiene como espacio la salida del colegio, el parque o la esquina del barrio; al constatar que Medellín y Antioquia junto con el Eje Cafetero son los lugares de mayor uso de drogas ilícitas del país; al conocer que la población más alta de consumidores son jóvenes de 18 a 24 años seguidos de aquellos entre 12 a 17 años; y que nuestra ciudad presenta uno de los más altos índices de consumo de heroína, responsable de las altas cifras de sobredosis y muerte.

El principal sentimiento que palpita en el filme es la impotencia de un padre que no puede hacer nada ante la decisión de su hijo. Dice Ernesto Sábato que lo esencial del hombre se revela en sus carencias, así también como sociedad frente a la droga nos reconocemos impotentes, con una destrucción que nos mina desde el interior, despojados y necesitados de valor para afrontar sin indiferencia el rescate de aquellos que siempre serán nuestros hijos.